Rojo, blanco y amarillo: los colores que visten los rorbuer, las tradicionales casitas de pescadores que salpican Noruega

En los pueblos pesqueros de las islas Lofoten, en el norte de Noruega, el paisaje se tiñe de rojo, amarillo y blanco. Las pequeñas cabañas de madera junto al agua, con las montañas como telón de fondo, se han convertido en una de las estampas más reconocibles del país.

Pero sus colores no responden únicamente a una cuestión estética; durante siglos, fueron una forma de distinguir oficios, funciones y posiciones sociales dentro de las comunidades pesqueras.

Estas construcciones se conocen como rorbuer. Allí se alojaban los pescadores que llegaban a las islas para trabajar durante la temporada de pesca. Muchas se levantaban junto a los puertos para facilitar el acceso a las embarcaciones y a las zonas de trabajo. Durante los meses de invierno, cuando la pesca del bacalao atraía a trabajadores de distintos lugares, las aldeas se llenaban de hombres que pasaban largas jornadas en el mar y necesitaban un refugio en tierra firme.

El rojo es el color predominante de los rorbuer, destinadas a los pescadores.

El rojo es el color predominante de los rorbuer, destinadas a los pescadores. Nusfjord

Uno de los mejores lugares para conocer esta historia es Nusfjord, un pequeño pueblo pesquero de las Lofoten cuyo desarrollo estuvo estrechamente ligado a la industria del bacalao.

En la actualidad es un refugio que hace las veces de hotel boutique y museo vivo, ya que conserva antiguas construcciones que permiten hacerse una idea de cómo funcionaba aquella comunidad, desde sus viviendas donde uno puede alojarse, hasta sus edificios vinculados a la actividad comercial.

Los edificios centrales en rojo, blanco y amarillo, de Nusfjord.

Los edificios centrales en rojo, blanco y amarillo, de Nusfjord. Nusfjord

El rojo de los pescadores

Si hay un color que define las rorbuer, ese es el rojo y su elección tiene que ver con el coste de los materiales. Según cuenta Renata Johansen, una de las ocho mujeres locales que quedan todavía viviendo en Nusjorfd, “la pintura roja era la más económica y, por tanto, la opción más accesible para los pescadores”, que necesitaban alojamientos funcionales sin destinar demasiado dinero a su mantenimiento.

Tradicionalmente, los pigmentos rojizos podían obtenerse de materiales naturales y se empleaban “mezclas que aprovechaban recursos disponibles en la época”. En las comunidades pesqueras, donde la economía dependía de los ciclos de trabajo y de las capturas, recurrir a la alternativa más barata tenía todo el sentido.

El puerto de Nusfjord fue en su día la meca de la pesca del bacalao skrei.

El puerto de Nusfjord fue en su día la meca de la pesca del bacalao skrei. Nusfjord

Además, “servía para identificar rápidamente dónde se alojaban los trabajadores”, añade. Estas cabañas, levantadas junto al mar, eran parte esencial de una actividad que transformaba por completo la vida de los pueblos durante la temporada invernal. En lugares como Nusfjord, la llegada de miles de pescadores contrastaba con la tranquilidad de los meses de menor actividad.

Amarillo para producir

El amarillo se asociaba a edificios relacionados con la producción, el comercio y el almacenamiento, aunque su uso podía variar de un lugar a otro. “La pintura amarilla era más cara que la roja”, por lo que también permitía establecer una “distinción entre las construcciones más humildes y aquellas ligadas a otras actividades económicas”.

La cafetería y el restaurante ahora ocupan lo que antes fueron edificios destinados a la producción en Nusfjord.

La cafetería y el restaurante ahora ocupan lo que antes fueron edificios destinados a la producción en Nusfjord. Nusfjord

En los pueblos pesqueros, los edificios no se limitaban a proporcionar cobijo. Alrededor de la pesca del bacalao se articulaba una red de tareas que incluía la “preparación, el almacenamiento y la comercialización de las capturas” recuerda la noruega que ahora trabaja como guía para la empresa.

Durante el recorrido, además de mostrar algunas de las casas que muestran la actividad que en su día albergaron, con una asombrosa colección de artilugios de décadas atrás y aparejos para la pesca antiguos, Johansen explica cómo los colores contribuían a hacer visible esa organización sobre el terreno y las fachadas funcionaban como un código visual que ayudaba a reconocer el uso de cada inmueble.

Blanco como símbolo de riqueza

El blanco era la pintura más cara y se reservaba habitualmente para las casas de los propietarios, los comerciantes acomodados y otras personas con una posición privilegiada dentro de la comunidad.

El blanco de la nieve se adueña de Nusfjord durante el invierno.

El blanco de la nieve se adueña de Nusfjord durante el invierno. Nusfjord

En Nusfjord, la figura más visible es Hans Dahl, terrateniente que impulsó el desarrollo del pueblo, centralizó parte de su actividad comercial y promovió la construcción de numerosas cabañas para alojar a los trabajadores. También contribuyó a modernizar la aldea mediante infraestructuras como una de las primeras centrales eléctricas de la región.

Según explica Johansen, lo habitual en otros lugares era pintar de blanco únicamente la fachada principal de la vivienda, una forma de ahorrar en un material costoso. En Nusfjord, sin embargo, algunos propietarios optaban por pintar la casa entera “solo para mostrar cuánto dinero tenían”, relata.

Una pánoramica de lo que fue Nusfjord, ahora reconvertido en hotel boutique..jpg

Una pánoramica de lo que fue Nusfjord, ahora reconvertido en hotel boutique..jpg Nusfjord

Hoy, las rorbuer forman parte del patrimonio cultural de Noruega y muchas se han restaurado para recibir visitantes. En las Lofoten, algunas de estas antiguas viviendas se han convertido en alojamientos turísticos que permiten dormir junto al mar y conocer de cerca la historia de las comunidades pesqueras, como es el caso de Nusfjord.

Nusfjord conserva también edificios históricos que ayudan a reconstruir aquella vida cotidiana, entre ellos su emblemática panadería. El conjunto recuerda una época en la que el bacalao no solo sostenía la economía local, sino que condicionaba la arquitectura, la organización del espacio y las relaciones sociales. Mientras trata de preservar su legado, sus fachadas continúan contando una historia que va más allá de la postal.

Source – El Español – Destinos