Pete Sampras, 55 años: “A veces sentía celos de mi hermano mayor cuando salía al cine o al centro comercial”

Pete Sampras no es solo un nombre en los libros de historia del deporte; es una de las figuras más importantes y transformadoras que jamás haya empuñado una raqueta. Durante la década de los noventa, el jugador estadounidense dominó el circuito mundial con una tiranía elegante.

Con catorce títulos de Grand Slam en su palmarés y un récord de semanas como número uno del mundo que parecía inalcanzable en su época, su inconfundible estilo de saque y volea redefinió el juego sobre hierba, convirtiéndolo en el rey indiscutible de Wimbledon.

Sin embargo, el camino hacia el Olimpo del tenis no se construyó de la noche a la mañana. Como suele ocurrir con los elegidos, el talento despertó pronto bajo la atenta mirada de su familia.

En una íntima y reveladora entrevista concedida a NPR, el californiano repasó los albores de su idilio con la raqueta: “Sí, ya sabes, empecé a jugar al tenis a los siete u ocho años, mi padre vio que tenía talento y me dio algunas clases desde pequeño”, recordaba el legendario tenista.

Pero el talento sin disciplina no forja campeones, y la disciplina exige renuncias que no siempre son fáciles de asimilar. La forja de su carácter competitivo vino acompañada de una juventud atípica, marcada por una dedicación absoluta que, inevitablemente, le separaba de las rutinas habituales.

“Bueno, yo tenía un hermano mayor que me llevaba cuatro años y, cuando era niño, a veces, cuando él salía al cine o al centro comercial, sentía un poco de celos porque tenía un torneo el fin de semana siguiente o un entrenamiento al día siguiente y, ya sabes, tal vez me perdía la oportunidad de ir a la universidad”, confesó en la misma charla.

Uno de los momentos más cruciales -y frustrantes- en su etapa formativa fue un arriesgado cambio técnico dictado por sus entrenadores: abandonar el revés a dos manos por el icónico revés a una mano que exhibiría de adulto. Fue una transición muy dolorosa anímicamente.

“Quiero decir, durante dos o tres años no me divertí mucho y, ya sabes, mi ídolo era Michael Chang, y solía ganarle a Michael, pero cuando cambié al revés a una mano empecé a perder contra él y entonces, pase lo que pase, alrededor de los 18 años todo explotó”.

Y vaya si explotó. A los 19 años se coronó como el campeón más joven en la historia del US Open, dejando atrás los celos infantiles y las dudas para cimentar un legado innegable.

Source – El Español – Deportes