Carmen Laforet, remando a contracorriente: “No quiero ser responsable como es una mujer, quiero ser un barco”

Cuando Carmen Laforet fue distinguida con el Premio Nadal en 1945, la prensa calificó de “sorpresa” que la autora de Nada tuviera solo 23 años, pero sobre todo que fuera una mujer. Aquella obra, sin duda un hito de nuestras letras, la convirtió en una escritora de éxito.

Hasta el lanzamiento de su siguiente novela, publicada siete años más tarde, escribió artículos en la revista Destino, integrada en la editorial homónima que la había concedido el reconocimiento más importante de su vida. Además, se casó y tuvo hijos, lo que no pasaría desapercibido para los medios de comunicación. No dejaron de recordarle en las entrevistas sus nuevas e ineludibles responsabilidades –”¿Qué se considera ante todo, escritora o madre?”–, sin dejar de señalar que su marido, el periodista y escritor Manuel Cerezales, era quien la aconsejaba en su oficio.

Mientras tanto, Laforet se identifica con Celia, “el delicioso personaje” creado por Elena Fortún, que pregunta a su madre: “¿Toda la vida he de ser Celia? ¿Siempre Celia?”. La escritora necesita oxígeno, poner tierra de por medio “como se escapan los adolescentes a una vida distinta”. Lo escribió ella misma y ahora lo escuchamos en la voz de la actriz Mónica López, que encarna a Laforet y pone voz a un relato reconstruido a partir de muchos de sus textos (algunos inéditos) en Por qué no escribo nada, documental dirigido por Isabel Fernández –con guion de Marta Mergal– y dedicado a su figura.

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Esa fue otra de las reprobaciones que le hicieron desde la prensa y los círculos literarios: la presunta escasez de su producción literaria. Siempre se defendió, pues realmente en los años cincuenta publicó varios relatos y novelas cortas, pero su relación fue cada vez más tensa con la crítica, que asignaba a las tramas de cada una de sus narraciones una impronta autobiográfica, un modo sibilino de degradar su talento, que la escritora siempre negó.

Lo cierto es que La vida y los demonios (1952), la segunda novela de la autora y la mejor según José Bergamín, sigue la peripecia de una adolescente que vive en Las Palmas durante la guerra civil, lo que nos remite a la historia real de su infancia. Aunque nacida en Barcelona, en 1921, se crio en Gran Canaria desde los dos años. En una de las cartas desveladas en este documental, se confiesa por aquellas fechas con Ricardo Lezcano ‘Dick’, escritor y articulista canario y primer novio de la escritora: “Soy desagradecida y orgullosa”.

Cuando cumplió los dieciocho, marchó con él hacia Barcelona, una experiencia decepcionante que le inspiró el argumento de su ópera prima. El éxito de Nada propició que sus siguientes obras fueran esperadas con altísimas expectativas. Desde entonces anhela “ser el observador, no el observado”.

A pesar de la exigencia a la que era sometida, su siguiente novela logró el Premio Nacional de Literatura. La mujer nueva (1955) narra la conversión a la fe católica de la protagonista, que a su vez tiene una aventura extramatrimonial. La prensa, obcecada en el alcance presuntamente autobiográfico de su obra, vuelve a preguntarle qué opina su marido.

Mónica López interpreta a Carmen Laforet en el documental 'Por qué no escribo nada'.

Mónica López interpreta a Carmen Laforet en el documental ‘Por qué no escribo nada’. Al Pati Producciones

En aquel momento su condición de mujer, o más bien la mirada condescendiente de una sociedad patriarcal, le asfixia. “Muebles carceleros de las mujeres, ordenándoles siempre absurdos cuidados. Yo pienso que es mejor ser nube que ser mueble sólido”, escuchamos en la voz de Mónica López. Decidida a escapar, escribe: “No quiero ser responsable como es una mujer, quiero ser un barco”.

La crisis espiritual de la autora, durante la que abraza el catolicismo y conoce a la tenista Lilí Álvarez, defensora de la compatibilidad entre los derechos de la mujer y la fe religiosa, se prolonga un breve lapso de tiempo. Después, encuentra en los viajes la libertad que no alcanza en su propio hogar. Conoce en Nueva York a Ramón J. Sender, con quien mantendrá correspondencia de por vida, y descubre Polonia, Tánger y queda fascinada con la vida de los jipis en Ibiza.

Entre tanto, acababa de consolidar su conciencia feminista: “Si el sexo discriminado fuera el masculino, sería masculinista. Pero es el femenino, así que soy feminista”. Tras veinticuatro años de matrimonio y cinco hijos en común, se separa de su marido en 1970. La soledad no le paraliza, pero tampoco desata el impulso de su escritura. Parece que la abandonó progresivamente porque no tenía nada que decir. Sin más. También aquí hay una determinación, una reacción a la contra que entronca con el temperamento del que hizo gala a lo largo de su vida.

En el último tramo de su vida fantaseó con fundar un club femenino en Madrid, convencida de que hasta entonces las mujeres habían “intentado hablar de lo femenino con un lenguaje que sonaba falso”. Con muy buen tino, el documental recrea una tertulia de escritoras que, de algún modo, materializa el deseo de Laforet.

Fotografía de Carmen Laforet aparecida en el documental 'Por qué no escribo nada'.

Fotografía de Carmen Laforet aparecida en el documental ‘Por qué no escribo nada’. Al Pati Producciones

Ana Merino, Najat El Hachmi, Karmele Jaio, Laura Freixas, Elsa López, Blanca Ripoll y María Zaragoza conversan acerca de su personalidad, mucho más vigorosa de lo que siempre se ha contado, del ostracismo al que supuestamente fue condenada y de lo que le deben las nuevas generaciones en materia feminista.

Es un epílogo elegante para un documental que trata con esmero las sugerentes imágenes de archivo –mucho mar, muchas mujeres que simbolizan el rol que tuvieron entonces…–, incluye una banda sonora muy acertada (sutilísima) y, lo más importante, pone en pie el relato de toda una vida exclusivamente a partir del testimonio en primera persona de la autora. Una decisión loable, sin duda, aunque por momentos la voz –magníficamente interpretada por Mónica López– es tan omnipresente que podría resultar un tanto monocorde.

Resulta, además, difícil de comprender por qué el guion prescinde de la enfermedad neuronal que afectó a su memoria, hasta su muerte en 2004. Acaso alguien pensó que mostrar su lado vulnerable menoscababa la imagen de mujer fuerte que se pretendía reflejar. Pero lo lógico es pensar que esa imagen hubiera prevalecido.

Source – Elespanol