Óscar Puente dimite como ministro de Transportes y renuncia a ir en las listas para el 29-N tras la tragedia de Urda

Cuando Óscar Puente entró este martes en la Diputación Permanente del Congreso sabía que iba a escuchar un chorreo de dimisiones. Se guardó durante cuatro horas su decisión.

No se inmutó ante las peticiones de sus socios e incluso respondió con fiereza a la oposición por pedirle que asumiera su responsabilidad política tras las tragedias de Urda y Adamuz.

Pero, al final, cuando las crónicas ya estaban cogiendo formas, el telediario desarrollando su comparecencia y los diputados recogiendo sus cosas, Puente tomó la palabra y en el turno de cierre, a las 21:08, aseguró que “no puede continuar en su cargo con dos accidentes de gravedad en menos de un año”.

Una decisión que la habría comunicado a su familia el mismo día de la tragedia que se cobró 69 muertos y que se la guardó con celo hasta este martes cuando decidió hacerla “pública” porque, según su versión, primero tenía que atender urgencias como atender la gestión inmediata y dar las explicaciones.

Momento en el que Óscar Puente, ministro de Transportes, anuncia su dimisión.

La decisión va más allá de dejar el ministerio de Transportes. Abandona la política y no será cabeza de cartel del PSOE por Valladolid aunque su nombre seguirá figurando ya que se están imprimiendo. Puente renunciará así a tener su acta, deja la campaña y la encargada de llevar la batuta socialista por esta provincia será la ministra de Igualdad, Ana Redondo.

“La culpa no puede morir soltera”, remataba mientras afirmaba que su decisión “es buena para el país” y que la toma en memoria “de todos los que le precedieron” en el partido.

Fue en ese momento cuando se le quebró la voz al recordar a su hijo, a su madre, a los militantes, a su equipo en el ministerio y también a Pedro Sánchez. “Sé que será un momento triste para él”, afirmaba.

La decisión según admitía a la salida, se la comunicó “unos minutos antes” y el presidente “no sabía nada”. Puente, fiel a su personaje, acabó la comisión asegurando: “Muchas gracias y hasta siempre”.

Una despedida de la política de quien empezó la legislatura dando la réplica a Alberto Núñez Feijóo cuando se presentó a la investidura. “De ganador a ganador”, ironizaba Puente que acababa de perder su cargo de alcalde de Valladolid, pese a ser la fuerza más votada, debido a los pactos post-electorales de PP y Vox.

Incoherencia previa

Durante estos días, Puente había recibido el respaldo del Gobierno quien, en privado, había sugerido que apoyaban su continuidad. El ministro también había comparecido en dos ruedas de prensa -el viernes y otra este mismo martes tras el Consejo de Ministros– y nunca había deslizado que pensaba en dimitir,.

Incluso su entorno aseguró el viernes que había presentado su renuncia ante el jefe del Ejecutivo y que éste la había rechazado. Antes, durante una controvertida rueda de prensa, que duró dos horas, Puente respondía a las peticiones de dimisión asegurando que no tenía claro que eso “reconfortase” a las víctimas.

Ahora, cuatro días después, dice que su dimisión es “una cuestión de dignidad política, de coherencia y de empatía con las víctimas”.

La sorpresa era mayúscula en la bancada del PSOE, quienes finalizaban la Comisión levantándose a aplaudir al ya ex-político. Caras de shock y también en la oposición, desconcertada tras ver cómo Puente, esquivaba durante 4 horas las peticiones de dimisión.

Incluso alguno de sus colaboradores admitía que no conocía la dimisión que iba a formular ya con los telediarios empezados e informando sobre el discurrir de la eterna comparecencia ante la Diputación Permanente.

Otro accidente

Sólo el portavoz de ERC, Gabriel Rufián, se levantaba para darle la mano. Antes, le había reprochado el nuevo descarrilamiento en Cataluña con un maquinista ingresado para Martorell.

Una noticia que se conoció durante la comisión, cuando ya se llevaban tres horas de comisión, y que fue sacada por los portavoces de Junts y ERC para exigirle explicaciones por el caos en los ferrocarriles.

A la salida, las caras de los diputados era de desconcierto. Fuentes de PP aseguraban “que no ha dimitido él. Le ha dimitido Tezanos”. “No se va por las víctimas ni por dignidad, sino por las encuestas”, terciaban.

Cuatro horas

Durante cuatro horas, Puente había escuchado un consenso de izquierda a derecha para pedirle que asuma su responsabilidad política por la segunda catástrofe ferroviaria en 9 meses.

Durante la primera intervención, el ministro optó por una primera intervención leída donde detalló la cronología del accidente en Urda.

A partir de ahí, escuchó una serie de peticiones de dimisión. Desde la popular Ester Muñoz, que le reprochó “lo bien que se le da explicar por qué muere la gente en los trenes” y lo mal que le da explicarlo”

Algo que Puente, desdeñada acusándoles de pedir su dimisión “con saña”. “Ustedes son el mayor ejemplo de irresponsabilidad política del PP. No ha habido un solo ejemplo de asumir responsabilidad en tiempo y en forma”, remataba.

O la de Vox, cuyos diputados se marcharon durante la intervención de Puente, pero le auguraron que harían “lo imposible” para que responda ante un tribunal.

También la de Sumar, que ya se presentan renombrados como el Frente Amplio, quienes le pedían, casi disculpándose, que “dimita” para “demostrar que no es el PP” y recalcando que “no tiene la culpa”.

Así que el ministro optó en una segunda réplica sin lecturas y donde se fue soltando. A diferencia de la primera, aquí ya no hubo lugar para recordar a los 69 muertos en Urda, pero sí para cohesionar a los socios culpando a PP y Vox a los que acusó de “venir con la motosierra”.

Incluso hubo motivos para chanzas con la portavoz de Abascal, Pepa Millán, por pedir “una oración” para los fallecidos. “En fin, a Dios rogando y con el mazo dando”, aseguró el ministro.

O sobre Carlos Mazón al que acusó de “estar pelando la pava” en vez de gestionar la Dana.

Nada hacía prever que iba a anunciar su dimisión sólo una hora después. Su actitud era la del Puente de siempre aunque sin ser categórico. Una sorpresa, con giro final, que se guardaba para el remate final.

Casi como una venganza final contra aquella oposición que desprecia y a los medios de comunión que desdeña. Su venganza fue reventarlo todo al final, cuando ya todo parecía escrito. Una dimisión por Whatsapp. El teléfono que le hizo famoso a golpe de tuit le sirvió para dar un portazo a su carrera política. Puente en estado puro.

Source – Elespanol