Alcalá Norte, una banda cañón en el Museo del Prado: el rock de barrio se mira en el Goya de las pinturas negras

Queda apenas media hora para que el Museo del Prado se llene de gente, pero esta mañana de octubre todavía parece abierto solo para Alcalá Norte. El quinteto madrileño recorre las salas en silencio. No pueden evitar pararse ante el busto del borbón Fernando VII —”Mira la nariz”, “Y el mentón”, comentan Jaime Barbosa (baterista) y Laura de Diego (teclados)— antes de llegar a la sala 67, que alberga las pinturas negras de Francisco de Goya.

Allí, en una de las estancias más oscuras de la pinacoteca, garbean antes de la sesión de fotos para El Cultural, observando las esperpénticas obras que concibió el maestro zaragozano en uno de los peores y más sembrados momentos de su vida.

“Este podría ser Carlos cualquier día en la barra de la Wurli, aguantando a todos los que le vienen a hablar”, bromea Laura señalando el cuadro Dos viejos. Carlos Elías, guitarrista y productor de la banda, lo observa y posa a su lado: su teclista tiene algo razón. Mientras, Pablo Prieto (bajista y ‘Admin’ de las redes sociales de la banda) roba alguna que otra foto para después colgarla en X, su negociado.

Los miembros de Alcalá Norte en el Museo del Prado este octubre.

Los miembros de Alcalá Norte en el Museo del Prado este octubre. Sara Fernández

Al verlos desde fuera, habrá quien piense: ¿Qué pintan los miembros de Alcalá Norte en el Museo del Prado? Deberán escuchar entonces su segundo disco: Dejémoslo como estaba, y sobre todo fijarse en su portada: un lienzo pintado por el artista madrileño Carle Naide.

En él, tres monjes ermitaños rezan ante el monolito de Ciudad Lineal al que está subido Arturo Soria, artífice del proyecto urbanístico al que hoy todos llaman barrio. La paleta de colores (negro, ocre, carmín) recrea la misma atmósfera oscura que Goya, aislado en la Quinta del Sordo, le dio a sus obras maestras; y sus personajes están muy inspirados en el Cuaderno C del pintor.

Un conjunto de bocetos políticos, satíricos y clandestinos que suponen el epítome de su carrera. “Esto degemoslo como estaba”, escribió Goya a lápiz negro, en uno de estos bocetos. Quién le iba a decir que dos siglos después iba a dar nombre al disco de un grupo de rock.

Álvaro Rivas, vocalista y uno de los fundadores de la banda, pudo ver en persona estos dibujos originales en el Gabinete de Dibujos, Estampas y Fotografías del Prado. Ahora, observa con atención y respeto las pinturas negras del genio sordo. Lo de Alcalá Norte con Goya, cuenta a El Cultural, fue una corazonada acertada. “Muchas veces mis corazonadas fallan, pero esta no”.

Carlos Elías delante del cuadro de Goya 'Dos viejos', en el Museo del Prado.

Carlos Elías delante del cuadro de Goya ‘Dos viejos’, en el Museo del Prado. Sara Fernández

El cantante supo que Naide debía encargarse de la portada durante una actuación de la banda en el Monasterio de El Escorial. Rodeado de tapices costumbristas y campestres de Goya, le llegó la inspiración para La venta nueva, el tema que cierra el álbum y cuyo título rinde homenaje a otro famoso tapiz del pintor maño: La riña en la Venta Nueva.

Un cuadro que refleja “la violencia y la putrefacción humana”, explica Rivas, por muy bucólica que parezca la escena. “Perros ladrando en la Venta Nueva a la entrada de Madrid; gente que se pega; olor a pie de trinchera”, canta en la canción que, a su vez, habla de los macarras ilustres de su barrio, como el Banano.

Portada del disco 'Dejémoslo como estaba', de Alcalá Norte.

Portada del disco ‘Dejémoslo como estaba’, de Alcalá Norte. Dibujo de Carle Naide.

Aun así, es la canción más luminosa del álbum, oscuro y repleto de violencia. “Nos hemos dado cuenta de que todas las canciones, excepto Arturo Soria, hablan de muertes. Estamos hablando todo el rato de desgracias”, cuenta Barbosa, quien alentó a la banda a mirar hacia la faceta más black metal de Goya. “Siempre hay gente que dice que el black metal es el rollo de Satán y Satán es un mierda, el ser humano es el chungo”, explica.

Si el pintor plasmó en sus obras los estragos de la Guerra de la Independencia y la decadencia de su tiempo, en este nuevo álbum Alcalá Norte radiografía la sociedad actual: rentismo, masacres, genocidios, migración, guerras. “La vida no cañón”, apostilla Prieto. Una estampa que no dista tanto de la de hace 200 años. “Busca una década en la que no hayan tenido esos problemas”, señala Elías.

Álvaro Rivas delante del cuadro 'Duelo a garrotazos' de Goya.

Álvaro Rivas delante del cuadro ‘Duelo a garrotazos’ de Goya. Sara Fernández

Sin embargo, aseguran que cualquier conexión con la actualidad ha sido inintencionada. “Yo siempre estoy buscando cosas fuera de mi realidad, pero seguramente hay un sesgo que me hace ver que hace 300 años había una cosa que se le parece”, dice Rivas, compositor de las letras. “Hasta Valmy, que va sobre el triunfo de la Revolución Francesa, lo puedes conectar con la necesidad de cambiar el orden mundial hoy en Europa”.

De hecho, no buscan aleccionar a su público, sino que sus letras —enrevesadas, complejas, orgullosamente frikis—se interpreten y hablen por sí solas. “Es más poderoso conseguir que la gente se haga preguntas que decirle lo que tiene que pensar”, señala Elías.

“Ante la degradación de nuestras élites, cómo voy a apuntar en una dirección concreta si da todo asco. Se me cae la cara de vergüenza de venderme a cualquier profeta de cuarta. Y con eso no hago de menos las conquistas de la democracia liberal y el Estado social de derecho de la Europa de la segunda mitad del siglo XX, pero es que es terrible el catálogo electoral que tengo ahora. Me da asco, me da puto asco que cualquiera de estos quiera mi foto para su campaña“, zanja Rivas.

Al terminar las pinturas negras, Goya salió de su paranoia y encontró cierta paz en el exilio. A Rivas, también propenso al desencanto y a la neurosis, se le nota optimista. Todos están muy satisfechos con su nuevo disco. La actitud de Prieto y su lema “el segundo es mejor que el primero” les ha ayudado mucho. “Yo lo tenía claro desde la tercera o cuarta canción compuesta”, garantiza el bajista.

Los miembros de Alcalá Norte en la sala de las pinturas negras del Prado.

Los miembros de Alcalá Norte en la sala de las pinturas negras del Prado. Sara Fernández

Dejémoslo como estaba (Balaunka), que se publica el 4 de noviembre, es una declaración de intenciones para la banda, que no ha querido dar ningún volantazo, sino seguir haciendo callo. Eso sí, en este álbum hay más épica, más capa, más teclado de Laura y más voz de Rivas, a quien le ha ayudado mucho el trabajo con una logopeda, clave para su recuperación tras una grave apendicitis que lo llevó al quirófano.

Barbosa, heavy irredento, también ha tenido mucha influencia: el baterista ha salpicado el disco con la épica de grupos de nicho como Hällas, Crypt Blood y Steröid. Su mano se nota en canciones como Valmy, Icare, Oscar The Tiny One, tan cinematográficas que parecen perfectas para un nuevo remake de Rocky.

El Banano, el parque Calero, Arturo Soria, el Blanco II y un puñado de personajes, bares y sitios de Ciudad Lineal se cuelan en este segundo álbum, donde la banda rinde aún más homenaje al barrio que los vio nacer (y cuyo centro comercial los bautizó como banda). “Ha sido un berrinche mío”, reconoce Rivas.

“Durante el proceso del disco vi intenciones ocultas en todos los demás, que no eran más que mi propia ansiedad y proyecciones raras. Llegué a pensar: ‘Esta gente me quiere sacar del barrio, no puede ser’. Y creo que eso, de forma indirecta, influyó para que salieran muchas más canciones sobre el barrio”.

Carlos Elías, Laura de Diego y Pablo Prieto en la sala de las pinturas negras del Museo del Prado.

Carlos Elías, Laura de Diego y Pablo Prieto en la sala de las pinturas negras del Museo del Prado. Sara Fernández

Un lugar, al borde de la M-30 y donde todavía quedan quioscos, que ha terminado por amparar a todos los miembros de la formación, incluidos Prieto —barcelonés— y Elías, natural del municipio extremeño de Navalmoral de la Mata. “No soy del barrio, pero vengo de uno y me siento identificado con eso”, admite el bajista. “Yo soy de pueblo”, apostilla el guitarrista, “y al final, en una ciudad, lo más parecido a un pueblo es la identidad de barrio”.

Si La vida cañón marcó el anterior disco, creen que El Hombre Planeta será la que cale en el público. “Hubo un fan que me dijo que era demasiado facilona, demasiado hit“, recuerda Laura. Rivas la califica como “la canción fácil más difícil de la historia”, porque en ninguna canta tanto como en esa.

Aun así, piensan en el álbum de la manera más romántica y artística posible. “Es una obra para ser escuchada de principio a fin”, asegura Elías. “En el primer disco sí que hay algún fogonazo que puedes escuchar de forma aislada y te puede funcionar. El segundo creo que va más hilado y eso puede que ahuyente a un tipo de público, pero no nos importa, hemos hecho estas canciones porque nos las creemos”.

A diferencia de los grupos con larga trayectoria, que pueden permitirse el lujo de sacar canciones que saben que jamás tocarán en directo, Alcalá Norte todavía concibe su repertorio para defenderlo en directo.

La banda Alcalá Norte, posando para El Cultural en el Museo del Prado.

La banda Alcalá Norte, posando para El Cultural en el Museo del Prado. Sara Fernández

“Me lo tengo que creer para cantarlo con cara de loco, si no, no lo publicamos”, admite Rivas. “La industria de la música ha cambiado mucho. Los Beatles daban conciertos promocionales pero vivían de sus derechos de autor y de los discos que vendían. Ahora vivimos de los conciertos que damos y también es una maravilla y no me quejo de nada, pero es natural que mi obra publicada busque maximizar lo que la peña disfruta en los conciertos”.

El 20 de febrero tocarán por primera vez en el Movistar Arena de Madrid, y ya han vendido la mitad de las entradas. Para un grupo como el suyo, recuerdan, no está nada mal.

Han pasado solo dos años desde que publicaron su primer disco, para El Cultural mejor álbum nacional de 2024, con el que pasaron de ser un grupo underground a convertirse en un fenómeno capaz de saltar a los grandes escenarios. Aunque todavía, aseguran, les queda mucho por hacer.

Sueñan con tocar en Japón, “funcionar” en México y Colombia y apagar el hype del primer disco, demostrando con el segundo y, de paso,”callar la boca a algunos tuiteros”, añade Prieto.

Su mayor ambición ahora es crecer poco a poco, seguir haciendo canciones, entrar en órbita. “Sabemos que todavía no hemos salido de la órbita terrestre: si falla un pequeño motor nos metemos un hostión”, advierte Rivas. De momento, parecen tener la nave bajo control.

Source – Elespanol