Los meteorólogos coinciden: el Mediterráneo lleva 50 años calentándose y las danas serán cada vez más peligrosas

LO ESENCIAL
El Mediterráneo lleva décadas acumulando calor. Y cuando llega el otoño y aparece una situación atmosférica favorable para lluvias torrenciales, ese exceso de temperatura puede convertirse en combustible. Es una de las razones por las que los meteorólogos miran cada vez con más atención al mar cuando una DANA se aproxima al litoral español.
El climatólogo Jorge Olcina, responsable del Laboratorio de Climatología de la Universidad de Alicante, lo explicaba esta semana después del último episodio de lluvias intensas en la Comunitat Valenciana: las aguas mediterráneas han experimentado un calentamiento continuado durante aproximadamente medio siglo y sus efectos ya están modificando el escenario en el que se desarrollan estos temporales.
“Son situaciones que han venido a quedarse”, advertía Olcina, según recoge EFE, quien señala que el aumento de la temperatura tanto del aire como del mar continuará condicionando los episodios extremos durante las próximas décadas.
Los registros respaldan esa tendencia. AEMET calcula que la temperatura superficial del Mediterráneo aumenta alrededor de 0,34 ºC por década desde comienzos de los años ochenta. Los datos del Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo reflejan además un calentamiento acumulado de aproximadamente 1,6 ºC entre 1982 y 2023.
Un mar más caliente
Para entender por qué importa tanto la temperatura del agua hay que imaginar el Mediterráneo como una enorme reserva de energía.
Durante el verano absorbe calor. Si llega el otoño y el mar continúa excepcionalmente caliente, aumenta la evaporación y la atmósfera puede disponer de mayor cantidad de vapor de agua. Si al mismo tiempo entra aire frío en altura y se genera una situación de fuerte inestabilidad, pueden desarrollarse tormentas muy potentes.
Olcina describe esos sistemas como grandes conjuntos convectivos “muy cargados de agua y energía” capaces de descargar enormes cantidades de precipitación en muy poco tiempo.
Eso no significa que cualquier DANA vaya a producir necesariamente inundaciones catastróficas.
Una DANA —una depresión aislada en niveles altos— puede aparecer sin provocar lluvias extraordinarias. Para que se produzca un episodio extremo deben combinarse diferentes ingredientes: la posición de la baja, los vientos, la humedad disponible, la temperatura del mar, el relieve y la persistencia de las tormentas sobre una misma zona.
Pero cuando esas piezas encajan, un Mediterráneo más caliente puede intensificar el resultado.
El ejemplo más claro llegó con la DANA que golpeó Valencia el 29 de octubre de 2024. Una investigación liderada por la Universidad de Valladolid y AEMET, con participación del CSIC, comparó aquella tormenta con cómo habría sido en un clima sin el calentamiento provocado por las actividades humanas. Los resultados son llamativos.
El cambio climático aumentó alrededor de un 21% la intensidad de la precipitación dentro de la jornada, incrementó un 19% el volumen total de lluvia en la cuenca del Júcar y amplió un 55% la superficie sometida a precipitaciones extremas superiores a 180 litros por metro cuadrado.
Los investigadores encontraron detrás de esa intensificación dos elementos fundamentales: más humedad disponible y una atmósfera más inestable, alimentadas en parte por un Mediterráneo anormalmente cálido.
Además, cuanto más caliente está el aire, más vapor de agua puede contener. Como regla física aproximada, la capacidad de la atmósfera para albergar humedad aumenta alrededor de un 7% por cada grado de calentamiento. En tormentas intensas, ese vapor adicional puede acabar convirtiéndose en más lluvia.
El Mediterráneo se encuentra además entre las regiones especialmente sensibles al cambio climático. Los estudios del CEAM muestran que las olas de calor marinas se están haciendo más frecuentes e intensas, al mismo tiempo que aumenta la temperatura media de la superficie del mar.
Por eso los meteorólogos insisten cada vez más en que el debate no consiste únicamente en saber si habrá o no más DANAs. Lo decisivo es cómo se comportarán las tormentas cuando se produzcan en una atmósfera y sobre un mar más cálidos.
Olcina considera que las sociedades mediterráneas tendrán que acostumbrarse a convivir con una situación en la que determinados momentos del año exigirán una atención especial a los avisos meteorológicos y de protección civil. Su prioridad, señala, debería ser reducir al máximo las víctimas cuando aparezcan episodios extremos.
Porque el Mediterráneo siempre ha generado lluvias torrenciales. Lo que está cambiando es el escenario sobre el que se producen: hay más calor disponible, más humedad potencial y, cuando coinciden los ingredientes adecuados, más posibilidades de que una tormenta descargue cantidades extraordinarias de agua en pocas horas.
Source – Elespanol


