Los meteorólogos avisan: el 88% de los españoles vive en zonas urbanas amenazadas por calor extremo e inundaciones

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El 88% de la población española reside en zonas urbanas, las más vulnerables ante el aumento de temperaturas extremas y las inundaciones por lluvias torrenciales.

El efecto isla de calor urbana agrava las altas temperaturas en las ciudades, donde asfaltos y edificios absorben calor, tras registrarse en 2026 el verano más cálido desde 1961.

Las precipitaciones torrenciales aumentarán a corto plazo, incrementando el riesgo de riadas urbanas por la falta de capacidad de drenaje en sustratos impermeables.

El Gobierno prioriza el calor y las riadas en su plan de adaptación 2026-2030, que propone aumentar árboles, refugios climáticos, pavimentos permeables y jardines de lluvia.

España es, cada vez más, un país de ciudades. Nada menos que el 88% de la población reside ya en zonas urbanas, según la última Evaluación de Riesgos e Impactos derivados del Cambio Climático en España (ERICC 2025). Y eso coloca a buena parte de los españoles precisamente en los lugares donde algunos de los efectos del calentamiento pueden sentirse con mayor intensidad.

El informe identifica dos amenazas especialmente importantes para esos entornos: el aumento de las temperaturas extremas y las inundaciones provocadas por lluvias torrenciales.

No significa que ocho de cada diez españoles vayan a sufrir necesariamente una inundación o una ola de calor grave. La exposición cambia mucho según la ciudad, el barrio, la vivienda o la situación geográfica. Pero sí implica que la inmensa mayoría de la población española vive en un tipo de entorno que necesita adaptarse con urgencia a unos peligros climáticos que aumentarán durante las próximas décadas.

El asfalto agrava los extremos

Las ciudades tienen una particularidad incómoda frente al calor: tienden a calentarse más que sus alrededores. Edificios, carreteras y aceras absorben energía durante el día y la liberan lentamente cuando cae el sol. A ello se suman el tráfico, los aparatos de aire acondicionado y, en muchos barrios, una cantidad insuficiente de árboles y zonas verdes.

Es el conocido efecto isla de calor urbana. Por eso una noche de verano puede ser bastante más cálida en el centro de una ciudad que en una zona rural situada a pocos kilómetros. La ERICC advierte de que el incremento de las temperaturas extremas, agravado por esa isla de calor, tendrá consecuencias directas sobre el confort térmico y la salud de la población.

Y España llega a este escenario después de un verano especialmente contundente. AEMET contabilizó en 2026 61 días bajo condiciones de ola de calor en la Península y Baleares, más que en ningún otro año registrado. El verano fue además el más cálido de toda la serie histórica oficial, iniciada en 1961.

Pero las altas temperaturas solo representan una parte del problema urbano. El otro extremo llega con el agua. El informe oficial prevé que la torrencialidad de las lluvias aumente a corto plazo, incrementando el riesgo de inundaciones y de daños en infraestructuras esenciales como redes de agua, energía y comunicaciones.

Una ciudad ofrece además condiciones especialmente complicadas cuando cae mucha agua en poco tiempo. Sobre un terreno natural, una parte de la lluvia consigue infiltrarse. En una calle asfaltada o una plaza cubierta de hormigón, gran parte acaba convertida en escorrentía y corre rápidamente hacia puntos bajos, alcantarillas y colectores.

Si la precipitación supera la capacidad de drenaje, una tormenta de corta duración puede inundar calles y garajes sin que necesariamente se haya desbordado ningún gran río. Y ahí aparece una de las aparentes contradicciones del cambio climático español.

Las proyecciones apuntan hacia un país más seco en promedio, pero eso no impide que determinadas lluvias extremas sean más intensas. Menos precipitaciones repartidas durante el año y tormentas más concentradas pueden ocurrir al mismo tiempo. El lugar donde se vive también importa mucho.

Las ciudades costeras tienen que sumar la subida del nivel del mar y los temporales marítimos. Las del interior pueden quedar especialmente expuestas a episodios de calor prolongado. Y dentro de una misma localidad, dos barrios pueden tener riesgos muy distintos dependiendo de la vegetación, el tipo de vivienda o la presencia de superficies impermeables.

Por eso la solución no consiste únicamente en instalar más aparatos de aire acondicionado o ampliar alcantarillas. Los especialistas plantean más árboles y sombra, pavimentos permeables, jardines de lluvia, parques capaces de almacenar temporalmente agua, refugios climáticos y edificios mejor preparados para las altas temperaturas.

El Gobierno ha situado precisamente el calor extremo y las inundaciones entre los riesgos que requieren una actuación más urgente dentro del programa de adaptación climática 2026-2030.

El dato del 88%, por tanto, no significa que casi toda España esté a punto de inundarse o alcanzar temperaturas extremas.

Dice algo distinto y quizá más importante: casi nueve de cada diez españoles viven ya en el tipo de entorno donde el cambio climático puede amplificar especialmente el calor y las lluvias torrenciales.

Y adaptar esas ciudades dejará de ser una cuestión pensada únicamente para dentro de varias décadas. En buena parte de España, esa adaptación ya ha empezado a convertirse en una necesidad del presente.

Source – Elespanol