La nueva pasarela suspendida en el Desfiladero del Tajo para ver Ronda desde abajo

Pocas experiencias impactan tanto como la de contemplar el deslumbrante Puente Nuevo de Ronda desde cualquiera de sus miradores. Da igual la perspectiva; no importa la luz que incida sobre la piedra, ni si es de día o de noche: la sensación de vértigo que produce el asomarnos al borde y comprobar que, los 100 metros de caída libre que nos separan del Tajo, son tan impresionantes como reales, es irremediable.

Frente a nosotros, el coloso de piedra que desde que fuera inaugurado en el siglo XVIII, lleva desafiando a la gravedad y conectando las dos partes de la ciudad, la antigua y la nueva, aportando elegancia y grandiosidad a la escena.

A nuestros pies, la imponente garganta de paredes escarpadas que caen hacia las entrañas de Ronda rompiendo brutalmente la linealidad.

De arriba a abajo, Ronda presenta una belleza inigualable.

De arriba a abajo, Ronda presenta una belleza inigualable. Turismo de Ronda

Excavado a lo largo de milenios debido a la erosión del río Guadalevín, el Tajo es el símbolo indiscutible de una de las ciudades más románticas de Andalucía y la razón por la que, año tras año, son más los extranjeros que reservan un par de días en sus vacaciones sureñas para explorar sus encantos.

Desde el pasado mes de septiembre, además, la urbe serrana ha apostado por ofrecer una nueva perspectiva con la que sorprender a sus visitantes: el Desfiladero del Tajo, un deslumbrante camino suspendido entre las paredes del cañón, acaba de abrir sus puertas.

El nuevo Desfiladero de Ronda va a acoger a un sinfín de turistas durante los próximos años.

El nuevo Desfiladero de Ronda va a acoger a un sinfín de turistas durante los próximos años. Turismo de Ronda

Un recorrido diferente

Será difícil no quedar absortos ante la belleza del paisaje que se despliega alrededor mientras se desciende por los escalones que conectan la Plaza de María Auxiliadora, en el centro histórico de Ronda, con la caseta de entrada al desfiladero.

Desde ese punto, aguarda casi un kilómetro por el que descender hasta las entrañas de la garganta y caminar junto a las aguas tranquilas color esmeralda del río Guadalevín, en una relajada ruta por pasarelas de madera.

El camino, que se aferra a las paredes de roca elevadas a ambos lados, recrea el recorrido que se utilizó en el siglo XVIII para transportar los materiales y facilitar el acceso a los trabajadores que construyeron el Puente Nuevo, lo que lo convierte en una aventura, pero también en un homenaje al pasado de la ciudad.

Por el desfiladero, se podrá recorrer buena parte de este enclave natural de Ronda.

Por el desfiladero, se podrá recorrer buena parte de este enclave natural de Ronda. Turismo de Ronda

En uno de los tramos, el río se precipita entre las rocas formando una cascada que rompe el silencio de la garganta. Cruzar por debajo de esta espectacular obra de la ingeniería es, sin duda, uno de los momentos más impresionantes: aunque su nombre pueda llevar a engaño, tiene más de dos siglos de historia y tardó en concluirse más de 40 años bajo la dirección del arquitecto José Martín de Aldehuela.

La piedra de sus sillares fue extraída, precisamente, de la propia garganta, lo que da una idea de la complejidad que supuso su construcción.

La experiencia va bien surtida de escalones que suben y bajan adaptándose al terreno y de estampas nuevas que se querrán inmortalizar. Alrededor, las higueras crecen en las grietas y la vegetación se abre paso en las repisas de la pared, mientras la luz va dibujando distintas tonalidades sobre la arenisca. Tras los 45 minutos aproximados que se tarda en finalizar el camino, se alcanza el barrio de San Miguel.

El barrio de San Miguel es historia y un simbolismo único.

El barrio de San Miguel es historia y un simbolismo único. Turismo de Ronda

Tras las huellas del pasado

La salida del Desfiladero del Tajo conduce hasta uno de los capítulos más antiguos de Ronda, pues precisamente en el barrio de San Miguel se hallan los antiguos Baños Árabes, que recuerdan cómo era la vida cotidiana en la ciudad andalusí.

Los baños públicos fueron construidos entre los siglos XIII y XIV y admiten visitas en las que descubrir sus salas de agua fría, templada y caliente, además de parte del ingenioso sistema hidráulico que los abastecía. Se trata de los baños mejor conservados de la península ibérica, y una buena introducción a la historia de la ciudad antes de emprender la subida hacia el casco antiguo por el Puente Viejo y el Arco de Felipe V.

Ronda también posee un pasado árabe que se refleja en numerosos puntos de la ciudad.

Ronda también posee un pasado árabe que se refleja en numerosos puntos de la ciudad. Turismo de Ronda

Es Ronda una ciudad que pone a prueba las piernas y glúteos a diario: la cantidad de cuestas con las que cuenta la ciudad lo demuestran desde el primer instante. Habrá que tomar aliento de tanto en tanto hasta llegar, sin prisa, pero sin pausa, a la plaza Duquesa de Parcent, donde luce la Iglesia de Santa María la Mayor, construida sobre la antigua mezquita principal: cuando suenan sus campanas, merece la pena parar unos instantes y escuchar.

Más adelante se halla el Palacio de Mondragón, con sus preciosos patios de tradición mudéjar y sus jardines: aquí se hospedaban en el pasado los Reyes Católicos, hoy alberga el Museo Municipal.

Perderse por este laberíntico trazado de estrechas callejuelas irregulares que van a desembocar en pequeñas plazas permite, de alguna manera, viajar al pasado. También, entender las razones por las que tantos grandes de la literatura y viajeros de otros tiempos como Orson Welles, Washington Irving o Ernest Hemingway, cayeron rendidos a su belleza y le dedicaron bellas palabras.

Los recordamos mientras recorremos el núcleo histórico rondeño, que fue consolidado durante la época andalusí y se hallaba protegido por murallas y escarpes naturales.

Aún quedan vestigios de defensa de la antigüedad.

Aún quedan vestigios de defensa de la antigüedad. Turismo de Ronda

Apreciamos pequeños vestigios que son herencia de la arquitectura islámica, como la antigua Puerta de Almocábar, del siglo XIII —aunque restaurada en tiempos de Carlos V— o la de la Cíjara, que daban acceso al recinto amurallado. Detalles que ayudan a que esta zona de la ciudad conserve, de algún modo, ese aire de una antigua medina.

En la Cuesta de Santo Domingo, asomada al Tajo, nos topamos con la Casa del Rey Moro, que acoge una de las historias más sorprendentes. Su nombre evoca a un palacio de sultanes, aunque el conjunto actual, cerrado en gran parte al público, es más complejo: la vivienda, de estilo neomudéjar, es del siglo XX y se halla medio en ruinas.

A lo que sí se permite el acceso es a sus jardines, diseñados en 1912 por Forestier y organizados en terrazas que combinan fuentes, azulejos, vegetación mediterránea e increíbles miradores sobre el desfiladero.

Los arcos y los tonos blancos continúan impolutos con el paso de los años.

Los arcos y los tonos blancos continúan impolutos con el paso de los años. Turismo de Ronda

Sin embargo, el gran tesoro del palacio se esconde bajo tierra: se trata de una mina de agua excavada en la roca en época nazarí, en el siglo XIV, que desciende hasta el río Guadalevín a través de una larga sucesión de escalones —230, ni más ni menos— que ponen una vez más a prueba nuestra forma física. Su función era puramente estratégica, pues permitía abastecer de agua a la ciudad incluso durante los asedios, cuando acceder al río desde el exterior podía resultar decisivo.

La vida moderna

Hay otra cara de Ronda que discurre al otro lado del Tajo: el Puente Nuevo se convierte ahora en nuestro aliado para alcanzar la parte más moderna, conocida como El Mercadillo y que engloba ese otro barrio que fue creciendo extramuros a medida que la población necesitaba nuevos espacios. Tan solo atravesarlo, el paisaje abrupto de la garganta da paso a calles más abiertas y comerciales.

Ronda, una ciudad asomada al precipicio.

Ronda, una ciudad asomada al precipicio. Turismo de Ronda

Apenas dos minutos nos separan de la Real Maestranza de Caballería, que inaugurada en 1785 y proyectada por José Marín de Aldehuela, está considerada una de las más antiguas y bonitas de España, pues deslumbra por su ligereza, su elegante arquitectura de piedra y sus gradas, ubicadas bajo una elegante galería de arcos.

Aquí se siguen celebrando eventos taurinos, aunque es su completísimo museo, que ahonda en el universo taurino desde el máximo respeto y delicadeza, lo que más atrae a los visitantes.

La ruta puede finalizar con vistas únicas al coso y disfrutando de un cóctel en el restaurante panorámico del vecino hotel Catalonia Ronda, que ofrece una perspectiva diferente, no solo de la plaza, sino también de las montañas de la Serranía. Una parada para relajarnos y descansar tras una completa jornada por la mítica Ciudad Soñada, esa de la que tan fácil resulta enamorarse.

Source – El Español – Destinos