El ‘testamento’ de Antonio, el maquinista del AVE: “Mejorad la infraestructura y priorizad el mantenimiento y la vigilancia”

Quienes se unían a esta marca lo hacían a lomos de cierto idealismo, conscientes de que tenía muy difícil, casi imposible, obtener representación parlamentaria. Sin embargo, al fin había un lugar al que llevar propuestas “verdaderamente de izquierdas” y defenderlas.

Acedo, 36 años, familia trabajadora del cinturón rojo de Madrid, ha dejado antes de fallecer un catálogo de propuestas y reivindicaciones que se han convertido en una suerte de testamento que ya opera como aldabonazo en la conciencia.

Relató con detalles concretos el deterioro de las vías fruto de la liberalización del sector. Advertía cómo esa fatiga –de vías, pero también de maquinistas y resto de personal– estaba generando inseguridad a marchas forzadas.

Por eso llamaba a “utilizar la extraordinaria capacidad inversora del Estado para la mejora de infraestructuras”, como refleja la propuesta de Izquierda Española que ayudó a redactar.

Esta fue la reivindicación principal del documento político: “El AVE debe concebirse como herramienta de integración territorial, garantizando precios accesibles, conexiones entre todas las Comunidades y mantenimiento y vigilancia estatal prioritarios de sus infraestructuras”.

Acedo había comentado con sus compañeros que la degradación del tren estaba “favoreciendo el uso del vehículo privado y relegando el ferrocarril a una posición secundaria”.

Este maquinista, hijo de ferroviario, se ha convertido en un símbolo tras la filtración de los audios de la torre de control con los trenes antes del accidente.

“Preparó buena parte de nuestro programa sobre transporte, diagnosticando sus carencias, la sobrecarga de usuarios tras la liberalización fallida, la clamorosa falta de financiación en mantenimiento y el abandono de todos estos años”, cuenta Guillermo del Valle, que en ese momento lideraba Izquierda Española.

Como se ha explicado minuciosamente estos días, el incremento del uso de las vías –un aumento considerable de viajeros– no se ha sintonizado con una mayor inversión en conservación, pese a haber recaudado el Estado cantidades millonarias mediante el pago de esos cánones, además de recibir los fondos europeos.

La inversión en términos reales en mantener la red de alta velocidad española ha caído más de un 31,2% desde antes de 2019, tal y como explicaba el otro día este periódico.

Acedo, años después de su estreno como maquinista, vivió en primera persona el incremento de los trenes: la liberalización del sector.

Un choque por alcance, la colisión en la misma vía, sólo es posible cuando circulan tantos servicios a la vez.

Mejor “planificación”

Avisaron Acedo y sus compañeros de Izquierda Española: “Los cánones deben cubrir el coste de mantenimiento real”.

Otra de las cuestiones que más le inquietaba eran los pactos con el separatismo y sus consecuencias prácticas en el sector ferroviario. Acedo estaba convencido de que, fragmentando las competencias, se hacía imposible “una planificación unitaria”.

Se añadía en el programa de IE: “La creación de empresas autonómicas y la separación entre ADIF y Renfe dificultan una gestión coherente, generando riesgos de fragmentación, ineficiencia y desigualdad territorial”.

Ahora, sin el consentimiento de su familia y antes de dirimirse la investigación, su voz ha sido utilizada en una clara operación política que trata de exculpar al Gobierno.

Si el controlador de Atocha le dijo a Acedo que siguiera la marcha cuando había otro tren en la misma vía, es posible deslindar la gestión del Gobierno del accidente. Esa es la tesis que trata de impulsar el ministro de Transportes.

Los audios se difundieron sin el contexto imprescindible: la explicación del funcionamiento del sistema. Un sistema que Antonio Acedo llevaba tiempo impugnando, tanto en su trabajo en Izquierda Española como en conversaciones con amigos, a los que les transmitía la inseguridad que se iba infiltrando en las vías fruto de la ínfima inversión en la infraestructura.

Para que ese controlador pudiera cometer un error fatal que llevó a Acedo a estrellar el tren, se produjeron antes fallos sistémicos que sí tienen que ver con la gestión de las infraestructuras. Y es ahí donde anidaba la indignación de Antonio Acedo.

De hecho, su implicación y su rabia, como nos cuentan varios de sus compañeros, se multiplicó tras el accidente de Adamuz. Lo señaló como la punta de un iceberg de falta de inversión y descuido estructural.

Cuando saltó la noticia del accidente de Urda, algunos amigos, sin saber que él era el maquinista del AVE accidentado, le escribieron para decirle algo así como… “¿Ves? Ha vuelto a pasar. Lo que tú nos venías diciendo”.

Acedo dejó Madrid –era de Móstoles pero había crecido en Fuenlabrada– para recalar en Barcelona, adonde le llevó su formación y oficio de maquinista. Antes había realizado estudios de Arte, Geografía e Historia, acompasados con su vocación más apasionada: la de fotógrafo.

Este octubre de 2026 ya era un maquinista con experiencia suficiente para saber lo que ocurría en el sector. Y esa experiencia la trasladaba a Izquierda Española, en cuyos debates participaba.

Source – Elespanol