El destino en Costa Rica perfecto para una escapada: 14 islas paradisíacas y una antigua prisión

Hay destinos que invitan a pausar el ritmo, y el litoral pacífico costarricense es uno de ellos.

Allí el sol dibuja destellos sobre el agua, la brisa trae aroma salino y, en el horizonte, pequeñas islas anuncian el siguiente trayecto. En Puntarenas, la travesía transcurre entre playas, naturaleza y tradición marinera.

A un par de horas de la capital, esta lengua de tierra se adentra en el océano como si quisiera adueñarse del horizonte.

La selva esmeralda besa la arena donde el mar extiende su manto turquesa.

La selva esmeralda besa la arena donde el mar extiende su manto turquesa. Juan Pablo Mascanfoni

El pulso de su antiguo puerto aún palpita entre sus calles, donde el aroma a salitre se entremezcla con el murmullo de las olas y el vaivén de la vida local.

Mar adentro, la ensenada de Nicoya despliega un archipiélago con rincones de arena blanca, manglares e islotes donde el tiempo parece medirse por las mareas.

Un paseo junto a la orilla

El Paseo de los Turistas late con una energía contagiosa: una avenida donde los restaurantes, los quioscos y los puestos de artesanía se funden con el vaivén de las olas.

La gastronomía local invita a saborear el carácter marinero del lugar. En el ceviche, el pescado se funde con el frescor del limón en una combinación que evoca la brisa del Pacífico y la sencillez de comer frente a la orilla.

El paseo marítimo y su faro se adentran en el mar, rodeados por la curva de la playa y el ir y venir de vehículos al caer la tarde.

El paseo marítimo y su faro se adentran en el mar, rodeados por la curva de la playa y el ir y venir de vehículos al caer la tarde. Costa Rica Drone Tours

Para quien disfruta del dulce, el Churchill destaca como uno de los sellos emblemáticos de la zona: un granizado con helado y leche condensada que acompaña una tarde bajo el sol tropical.

En el corazón histórico, la Catedral de Puntarenas emerge como un vestigio del pasado. Su fachada de piedra, las ventanas ojivales y la torre coronada por cuatro relojes invitan a la contemplación.

Islas para perder la mirada

Desde la costa, navegar por la bahía supone adentrarse en un mosaico de luces y sombras, donde la vegetación abraza playas recónditas y el murmullo del agua acompasa el día.

Entre sus joyas se encuentra Isla Tortuga, un refugio abrazado por los islotes Tolinga y Alcatraz. La primera presume de una playa de arena blanca custodiada por acantilados, mientras que la silueta de la segunda dibuja en el agua el perfil de una tortuga.

Una travesía de noventa minutos por el agua separa Puntarenas de este rincón.

Una vez desembarcado, las posibilidades son infinitas: sumergirse en aguas cristalinas, deslizarse en kayak, practicar paddle surf o hacer esnórquel entre arrecifes.

Barcos fondean en las aguas turquesas frente a la media luna de arena blanca de Isla Tortuga.

Barcos fondean en las aguas turquesas frente a la media luna de arena blanca de Isla Tortuga. iStock

El aire cambia al acercarse a Isla San Lucas. En este antiguo penal, hoy protegido como Parque Nacional y abrazado por la selva, el paso del tiempo resuena en el murmullo del follaje.

Muros cubiertos de musgo y viejos calabozos custodian historias lejanas que conversan en silencio con el viento.

La frondosa silueta de la isla San Lucas se extiende sobre las aguas calmas del golfo de Nicoya

La frondosa silueta de la isla San Lucas se extiende sobre las aguas calmas del golfo de Nicoya Esencial Costa Rica

Al cruzar sus senderos de bosque seco, la naturaleza despierta los sentidos: el crujir de las hojas bajo los pies, la luz filtrada entre las copas y la brisa marina.

La historia permanece serena, testigo de un espacio donde la flora recupera lo que siempre fue suyo.

Las olas rompen contra los islotes rocosos cubiertos de vegetación, delineando la costa del Parque Marino Ballena junto a la densa selva tropical.

Las olas rompen contra los islotes rocosos cubiertos de vegetación, delineando la costa del Parque Marino Ballena junto a la densa selva tropical. Esencial Costa Rica

Isla Chira muestra una faceta más cotidiana del golfo. Es la mayor de sus islas y alberga comunidades como Puerto Palito, donde la pesca responsable y el cultivo de ostras forman parte de las iniciativas impulsadas por sus habitantes.

Adentrarse en los manglares y visitar los talleres locales permite conocer la cultura de la zona. Aquí, las conchas pulidas por las olas, las semillas y otros elementos de la tierra se transforman en piezas de artesanía.

Un pequeño pueblo costero con barcas amarradas en la orilla se asienta entre la frondosa vegetación de Isla Venado

Un pequeño pueblo costero con barcas amarradas en la orilla se asienta entre la frondosa vegetación de Isla Venado Esencial Costa Rica

En Isla Venado, los esteros y el bosque tropical seco acompañan una propuesta turística ligada a la comunidad.

Un restaurante flotante gestionado por una cooperativa de pescadores sirve productos locales, mientras un sendero de 6,5 kilómetros conduce hasta seis miradores.

La travesía encuentra su broche de oro en las playas de Langosta y Gringo, en Isla Cedros, o en el islote Pan de Azúcar, santuario natural donde cientos de aves marinas alzan el vuelo.

Cada rincón revela un matiz inédito del litoral y una forma poética de mirar al Pacífico.

Dormir entre selva y océano

Cuando el sol comienza a declinar, el recorrido invita al refugio. Cerca de las riberas del Tárcoles y bajo el abrazo del Parque Nacional Carara, Santa Lucia Jungle Hacienda emerge como un santuario donde el entorno natural y el lujo pausado forman el tándem perfecto.

Su arquitectura, de matices coloniales y sensibilidad contemporánea, se integra en el paisaje.

La cama matrimonial reposa bajo un gran arco iluminado y un techo de vigas de madera, asegurando el descanso de los huéspedes.

La cama matrimonial reposa bajo un gran arco iluminado y un techo de vigas de madera, asegurando el descanso de los huéspedes. Hotel Santa Lucía Jungle Hacienda

Despertar aquí es dejarse envolver por el canto de las aves, el aroma a tierra húmeda y una panorámica verde que recorre las montañas hasta perderse en el horizonte.

La gastronomía de Casa del Río rinde tributo a las raíces de la tierra. El perfume de la cocina a la leña y los matices del cacao, el maíz y el plátano invitan a un festín a orillas del agua.

Las tumbonas con sombrillas se alinean junto a la piscina de piedra, enmarcadas por la exuberante selva y las estructuras de bambú de la hacienda.

Las tumbonas con sombrillas se alinean junto a la piscina de piedra, enmarcadas por la exuberante selva y las estructuras de bambú de la hacienda. Hotel Santa Lucía Jungle Hacienda

Al caer la tarde, sumergirse en la piscina o contemplar el atardecer desde una cabaña se convierte en un ritual para saborear la calma tropical.

El entorno llama a explorar sin prisa: paseos entre copas de árboles centenarios, la contemplación de los guacamayos en Carara o el placer de caminar descalzo por la arena húmeda mientras el océano se tiñe de tonos dorados.

La esencia costarricense

Puntarenas se descubre sin necesidad de elegir entre aventura y descanso.

En un mismo itinerario conviven playas de aguas turquesas, la memoria de una antigua prisión, los manglares y una cocina marcada por los productos del mar.

Un pequeño islote rocoso cubierto de vegetación reposa en medio de las aguas azules.

Un pequeño islote rocoso cubierto de vegetación reposa en medio de las aguas azules. Frames For Your Heart

La experiencia termina dejando la sensación de haber conocido un litoral que se abre en muchas direcciones.

Un lugar donde el horizonte invita a seguir navegando y la filosofía pura vida se encuentra en los pequeños momentos: una comida compartida, la brisa salada o la última luz sobre el océano.

Source – El Español – Destinos