Conmoción en el mundo de la música por la desaparición de Marisa Manchado en el accidente de Urda

La compositora Marisa Manchado (Madrid, 1956) se encuentra entre los viajeros afectados por el trágico accidente sucedido ayer a la altura de la localidad toledana de Urda.

Manchado se dirigía a Sevilla, para participar en un encuentro que debía tener lugar en la Facultad de Ciencias de la Educación de la capital andaluza. Por el momento no se conoce su paradero y su desaparición mantiene consternado al mundo de la música.

Manchado Torres, uno de nuestros más inquietos, formados, estudiosos y trabajadores miembros de nuestra progresía musical, ingresó a los 20 años en el Conservatorio de Madrid, donde estudió con Carmelo Bernaola. Y se fue formando al tiempo con otros ilustres como Antón García Abril y Luis de Pablo, de los que supo extraer sustanciosos conocimientos que rápidamente entraron en su magín creativo. Lo mismo que los de otras figuras foráneas como Donatoni, Messiaen, Lindberg o Benjamin.

Su formación es amplísima: titulada superior en solfeo y Teoría de la Música, Armonía, Contrapunto, Composición e instrumentación. También fue profesora de piano por el Conservatorio de Madrid. Desempeñó a partir de ello su labor docente en distintos centros oficiales y en diversos Conservatorios. Estudió también Psicología en la Universidad Complutense de Madrid.

Entre 1975 y 1977 estudió diversas materias en Turín. Es largo siquiera resumir sus constantes desempeños y actividades en los más diversos foros. Su preparación quedó evidenciada en 1990 con su obra Obertura para cinta magnetofónica.

Su nombre empezó a ser conocido por un cada vez más amplio público a partir del encargo del CDMC (Centro para la Difusión de la Música Contemporánea) de la ópera El cristal de agua fría sobre texto de Rosa Montero

Desde entonces ha sido un no parar según puede apreciarse en el trabajo escrito por Fernando J. Cabañas para el Diccionario de la Música Española e Hispanoamericana editado por la SGAE en el año 2000.

Y de todo era consciente la compositora y profesora, como comentaba con Gonzalo Lahoz en su momento: “A ver, yo soy hija de la modernidad. Nací en el 56 y con 18 años me voy a Italia, vuelvo, me voy a Francia… Trabajo con Carmelo Bernaola, Luis de Pablo y Brian Ferneyhough… pasé por Donatoni y fui a clases magistrales de Messiaen, Lindberg, Benjamin…”.

“Además he compuesto mucha música pop, he trabajado durante años con un grupo de teatro infantil donde la música era totalmente tonal ¿qué voy a hacer? ¿Mi mayor, dominante, subdominante y modula…? Una de mis frustraciones es no haber hecho música de cine… ¡Pero! En La Regenta no puedo banalizar e inclinarme hacia el pop, hacia una música más fácil de escuchar, sin duda; no es lo que yo quiero. La Regenta no es música funcional, es una ópera de hoy con un lenguaje de hoy, 2023″.

Efectivamente, La Regenta es uno de los mayores logros de Manchado. Una ópera que se empezó a escribir en 2002 en colaboración con la catedrática Amelia Valcárcel. La compositora conecta su partitura sobre la novela de Clarín con la tradición operística y emplea una variada gama de leitmotiven en este relato sobre la pacatería, la ignorancia y la mala intención en el que sobresale la gallarda figura de Ana Ozores. Exige cadencias muy lucidas y logra, dentro de una escritura muy libre, pasajes de gran atractivo e intención.

Desde luego Manchado no desconoce la importancia del pasado cuando afirma: “Toda composición es el resultado de una búsqueda personal y solitaria, pero también de las músicas que han nutrido, aman o han amado el compositor”.

El libreto trata de resumir, algo prácticamente imposible, las 600 páginas, más o menos, dependiendo de la edición, del original. El trabajo está hecho con inteligencia, pero, como es lógico, dejándose fuera hechos, personajes, miradas y aspectos sociales y filosóficos, otorgando a la narración un aire generalmente satírico, que deforma en algún aspecto lo escrito por Leopoldo Alas.

La música se pliega como un guante al texto. Abundan los recitativos, a veces demasiado repetitivos, atenidos a las mismas pautas, pero no se excluye el cantabile e incluso los números cerrados. Hay dúos y hasta tríos perfectamente armonizados. Y temas que aparecen aquí y allá dependiendo del personaje y la situación.

Partitura trabajada con conocimiento, de signo generalmente ecléctico, que no excluye disonancias y discursos no estrictamente tonales. Hay acordes sintomáticos, giros explicativos, que se repiten en exceso. Pero el empleo de los timbres, más o menos alusivos, revela la buena mano de la compositora, que maneja con suma habilidad un conjunto de 15 músicos, con voces individualizadas. Hay piano, celesta y una muy abundante percusión, en la que predominan las láminas.

La curiosidad de Manchado la ha llevado siempre a investigar y a penetrar en el universo sonoro de óperas como Die Soldaten de Bernd Alois Zimmermann, en cuya ciclópea neurosis nos sumergió Calixto Bieito con su montaje para el Teatro Real en 2018.

También tuvo muy presente Wozzeck, de Alban Berg. “No son óperas especialmente referenciales para mí—confesaba—. Me suele pedir más el cuerpo viajes poéticos a lo Kaija Saariaho pero leyendo La Regenta de nuevo me fui de cabeza a ellas”, explicaba Manchado a El Cultural en una entrevista, que tragó el veneno del teatro colaborando en su día con la emblemática compañía Tábano, cuando ejercía de compositora-ninja, que valía igual para un roto que para un descosido. “Si Guillermo Heras me decía que alargara tres minutos una escena, pues lo hacía. Si me decía que cortara, pues igual. Era tremendo”.

Son muy representativas del estilo y la postura de la compositora estas otras palabras, que nos sirven para cerrar este triste recordatorio de una de nuestras creadoras más importantes: “A mí lo que más me gusta es la frontera. Me ha podido desde siempre la mixtura, la indeterminación… la frontera. Y la libertad para estar en esa frontera me la dio mi maestro, Carmelo Bernaola, que entendió rápidamente que yo necesitaba esa libertad para componer”. La libertad de la que siempre ha hecho gala y que ha envuelto a su persona: afable, comunicativa, simpática.

Source – Elespanol