Dormir frente al Atlántico en una de las islas más salvajes de Escocia: whisky, arte y playas infinitas

En Islay, el viento decide quién llega. En el mejor de los casos hay dos vuelos diarios desde Glasgow, pequeños turbohélices que tardan unos 45 minutos y aterrizan en un aeropuerto que parece de juguete. Con temporal, y aquí el viento y la lluvia no son la excepción, muchos ni siquiera despegan. Existe otra vía, el ferry desde la península de Kintyre, pero casi todo el mundo intenta llegar por aire.

Quien lo consigue recorre una carretera estrecha y recta, con ovejas pastando a un lado y el mar al otro. Y de pronto, en mitad de la nada, aparece la silueta del hotel. Para casi todo el mundo, Islay es la isla del whisky. Aquí están Ardbeg, Laphroaig, Lagavulin, Bowmore o Bruichladdich, responsables de elaborar unos single malt intensos y ahumados que han dado la vuelta al mundo.

Pero esta isla de apenas 3.000 habitantes, en las Hébridas Interiores, es mucho más que sus destilerías. Los ciervos campan a sus anchas, las focas descansan junto a la costa y no es raro ver águilas reales bajo un cielo donde el sol deja paso a la lluvia en cuestión de minutos.

En sus habitaciones reinan los tonos suaves, mantas de cuadros escoceses y vistas a las dunas de Islay

En sus habitaciones reinan los tonos suaves, mantas de cuadros escoceses y vistas a las dunas de Islay The Machrie

Dentro, todo es calidez

El hotel se llama Another Place, The Machrie y se levanta junto a las dunas de Laggan Bay. Antes que hotel fue una casa de campo. En 2018, el estudio Hudson Architects conservó parte de la construcción original y le sumó alas contemporáneas, con un interiorismo que mezcla influencias escandinavas, materiales naturales y detalles escoceses. En 2024 se incorporó a Another Place, la colección hotelera que también tiene un establecimiento junto al lago Ullswater, en el Distrito de los Lagos inglés.

Fuera, viento y Atlántico. Dentro, 43 habitaciones, suites y alojamientos familiares, con maderas, tonos suaves y textiles que hacen de la estancia un sueño muy cosy, como dicen los ingleses. El centro de todo es su fabulosa Stag Lounge, una sala espectacular con ventanales enormes, sofás, una gran chimenea y la posibilidad de tomar un whisky de la isla mientras las nubes corren sobre el mar.

Un hotel en medio de una de las islas más salvajes de Escocia.

Un hotel en medio de una de las islas más salvajes de Escocia. The Machrie

Tienen además pequeños salones para entregarse a la lectura, una biblioteca con juegos de mesa y una sala de cine privada, ideal para esos días de lluvia en los que lo único que apetece es acurrucarse y disfrutar de un lugar remoto y sumamente especial.

Arte inesperado

Lo que de verdad sorprende está en las paredes. La colección de arte moderno y contemporáneo la reunió Sue Nye, baronesa británica y antigua asesora del primer ministro Gordon Brown. Junto a su marido, el economista y expresidente de la BBC Gavyn Davies, compró el hotel en 2011 e impulsó su transformación. Y quiso elegir ella misma cada obra, sin consultora de por medio.

Se trata de una selección ecléctica, con peso de los artistas escoceses (John Bellany, Peter Howson, Pat Douthwaite) y firmas internacionales como Tracey Emin, Antony Gormley, Peter Blake o Grayson Perry.

La colección de Sue Nye reúne obras de grandes artistas internacionales y escoceses

La colección de Sue Nye reúne obras de grandes artistas internacionales y escoceses The Machrie

Junto a la recepción cuelga Me, un autorretrato litográfico de Emin de 2019. En el Courtyard Lounge hay una impresión de Picasso sobre algodón, y repartidos por el hotel aparecen textiles de Miró, Dalí y Sonia Delaunay, carteles de exposiciones de Banksy y obras de arte urbano.

¿Otra de sus piezas más impresionantes? L’ange Noir, del escocés John Byrne, que preside el Stag Lounge. Mide unos dos metros de ancho y llegó a Islay con el cristal del marco hecho añicos. Conseguir otro de ese tamaño en la isla no era sencillo, así que lo enmarcaron con metacrilato.

Tampoco faltan los guiños al paisaje: sobre la chimenea, una enorme cabeza de ciervo de acero, y antiguos pañuelos de Hermès, Gucci o Burberry con motivos de golf que recuerdan de dónde viene el hotel.

Golf desde 1891

The Machrie no se entiende sin su campo. Lo diseñó en 1891 el escocés Willie Campbell, aprovechando las dunas naturales de la bahía. En 1901 recibió a Harry Vardon, John Henry Taylor y James Braid, tres de los grandes del momento, para disputar un encuentro. Más de un siglo después, D. J. Russell, antiguo jugador profesional, lo rediseñó y reabrió en 2018.

Un campo histórico de 18 hoyos, inaugurado en 1891, con el Atlántico como telón de fondo

Un campo histórico de 18 hoyos, inaugurado en 1891, con el Atlántico como telón de fondo The Machrie

Ahora los aficionados a este deporte, encuentran una maravilla de 18 hoyos entre ondulaciones naturales, con el Atlántico de fondo y un viento capaz de cambiar por completo las condiciones de juego. Lo bueno es que no siempre hace falta tener un palo en la mano.

Basta con cruzar el campo, para llegar a The Big Strand, once kilómetros de arena abiertos al océano. Se camina con las dunas a un lado, el viento y el ruido de las olas, y lo mejor de todo, sin cruzarse con nadie.

Sabores con vistas al mar

La cena se sirve en el 18 Restaurant & Bar, en la planta superior, un espectacular salón acristalado desde el que se ve el campo y, más allá de las dunas, el Atlántico.

El día empieza con desayuno escocés, kedgeree (arroz con pescado ahumado), buns de haggis o gofres de Islay. Por la noche, la carta mira a la isla, con una selección de platos que hablan del lugar donde está el hotel.

La cocina apuesta por el producto local, como estas ostras de Loch Gruinart

La cocina apuesta por el producto local, como estas ostras de Loch Gruinart The Machrie

Por ejemplo con sus vieiras, que se recogen buceando y las presentan selladas, con panceta glaseada al arce, puré de coliflor ahumado y manzana Granny Smith. El otro plato más característico es el venado de Ardtalla, con gel de mora y remolacha, rebozuelos, puré de cebolla asada, tarta de patata y jugo de oporto. Hay mucho más, como una fantástica langosta entera de Port Askaig,

El lujo de no hacer nada

Después de la playa, el hotel propone lo contrario: parar. The Wild Garden, de inspiración escandinava, cuenta con una sauna exterior, un baño de agua fría y bañeras calientes de leña.

Los tratamientos se hacen con ishga, una firma de cosmética que trabaja con algas de las Hébridas recogidas a mano, de forma sostenible, y ricas en antioxidantes naturales.

The Big Strand, once kilómetros de arena prácticamente desierta a pocos pasos del hotel

The Big Strand, once kilómetros de arena prácticamente desierta a pocos pasos del hotel The Machrie

Para los que quieren movimiento, The Machrie tiene bicicletas para descubrir los alrededores y puede programar excursiones en barco para ver fauna, además de visitas a las destilerías.

Source – El Español – Destinos