Así es la fórmula de éxito de las cuentas de inversión en Europa

Europa está en plena ofensiva por movilizar el ahorro de sus ciudadanos hacia inversiones en sectores empresariales clave para el futuro de la economía europea. Las necesidades de financiación son enormes: según el informe Draghi sobre el futuro de la competitividad europea, la UE necesita una inversión adicional de 800.000 millones de euros al año para afrontar sus grandes desafíos estratégicos.

Sin embargo, buena parte del ahorro de los europeos permanece al margen de los mercados financieros. Los hogares de la UE mantienen más de 12 billones de euros en depósitos bancarios, y las autoridades comunitarias buscan movilizar parte de esos recursos para reforzar la competitividad de la región.

Con este objetivo, y bajo el impulso de la Comisión Europea, los gobiernos de las principales economías han comenzado a diseñar una batería de medidas para poner en marcha las conocidas como cuentas de ahorro e inversión.

La Cuenta Financia Europa, que pretende atraer el ahorro de los europeos hacia las prioridades estratégicas de la región, busca ampliar la participación de los ahorradores minoristas en los mercados de capitales, que es uno de los grandes déficits de Europa frente a Estados Unidos.

Las familias europeas son muy ahorradoras, pero poco inversoras. De hecho, poseen grandes cantidades de efectivo y pocas acciones o fondos de inversión, en comparación con los hogares estadounidenses. En números, los depósitos y la liquidez representan el 31% de los activos financieros en Europa, frente al 14% en EEUU. La acciones cotizadas constituyen el 37% de las carteras (a través de inversión directa o de fondos) mientras que en EEUU asciende al 47%.

En España, la situación es todavía más crítica. Paralizados en el banco hay más de un billón de euros. Y al hablar de inversión, el inmobiliario aparece como la opción preferida de los españoles.

En la UE, Suecia, Dinamarca, Estonia, Finlandia, Francia, Hungría, Italia, Letonia, Lituania y Eslovenia ya han puesto en marcha medidas para fomentar la inversión en los mercados entre los pequeños ahorradores y han lanzado sus propias cuentas de ahorro e inversión. Fuera de la UE, también Noruega y Reino Unido tienen sistemas similares.

Aunque las autoridades de todos estos países persiguen el objetivo común de canalizar el ahorro hacia la inversión, los incentivos y las condiciones son muy diferentes. Y, precisamente por esto, también existe mucha diferencia en el grado de aceptación de las cuentas entre los ciudadanos de unos países y otros.

¿Qué hace triunfar a unas cuentas en las que ya han invertido millones de hogares frente a otros modelos que están teniendo mayores dificultades para popularizarse?

“La configuración de las cuentas varía significativamente entre jurisdicciones, especialmente en lo relativo a los activos admisibles, los límites de aportación, el tratamiento fiscal y los períodos mínimos de permanencia”, explica Pilar Galán, socia responsable de Gestión de Activos de KPMG en España.

Mientras unos países priorizan el atractivo fiscal, con exenciones sobre las ganancias, tipos reducidos o la posibilidad de aplazar el pago de impuestos hasta retirar el dinero, otros dan más peso a la flexibilidad de la cartera o a la orientación de la inversión.

“La clave no será solo ofrecer una ventaja fiscal, sino conseguir que el producto sea tan sencillo y atractivo como para cambiar los hábitos de ahorro. La experiencia sueca muestra que simplicidad y flexibilidad son elementos esenciales para alcanzar escala”, añade Galán.

Fernando Alonso, socio de Estrategia y Operaciones de finReg360, coincide en que más allá de la fiscalidad, algunos de los rasgos que más se repiten entre las cuentas que han alcanzado mayor escala a estas alturas destacan que “el universo de inversión es amplio, tanto por tipo de activo como por exposición geográfica; la ausencia de periodos mínimos de permanencia para conservar el incentivo fiscal; y la posibilidad de mantener múltiples cuentas con diferentes proveedores”.

En definitiva, los productos más populares hasta ahora, entre los que destaca especialmente el modelo sueco, son aquellos sin requisitos de plazo fijo, fáciles de entender, y que además permiten invertir en una amplia gama de activos financieros, sin vincular sus beneficios fiscales a criterios geográficos. Además, permiten al ahorrador disponer de más de una cuenta a la vez.

En cambio, entre los menos populares se encuentran aquellos diseñados principalmente para canalizar capital hacia sectores o regiones específicos, que suelen estar concentradas en Europa.

“La simplicidad, la flexibilidad y la libertad de elección se asocian a una mayor adopción que las generosas exenciones fiscales por sí solas”, concluye un informe de la escuela de negocios italiana Bocconi School of Management, que ha comparado las características de varias cuentas.

Los autores del estudio señalan que también influyen otros factores, como la cultura inversora y los sistemas de pensiones de los países; y, por supuesto, la fecha de antigüedad de las cuentas, que determina en gran medida el grado de penetración en el mercado.

Suecia

Suecia se ha convertido en el principal espejo europeo en el que mirarse por el éxito de su cuenta de ahorro e inversión.

En 2012, el Gobierno sueco lanzó la cuenta ISK (Investeringssparkonto), con la que el país ha logrado que cerca del 50% de su población adulta sea inversora. La Comisión Europea contabilizó 3,8 millones de cuentas en Suecia en 2024, con un patrimonio estimado de 176.000 millones de euros, según los últimos datos disponibles.

Fue el primer país en Europa en apostar de manera decidida por crear una cartera de inversión sin limitaciones de dinero ni de activos financieros, con el objetivo de incentivar que sus ciudadanos sacasen el dinero del banco y decidieran rentabilizarlo a través de inversiones.

Su principal atractivo reside en combinar una fiscalidad sencilla con una gran flexibilidad, según los expertos, ya que, en lugar de tributar individualmente por las ganancias obtenidas en cada venta, el inversor paga un impuesto anual calculado sobre una presunta rentabilidad vinculada al valor de la cuenta. “Esto permite comprar y vender activos y reinvertir las ganancias sin generar una tributación adicional por cada operación, sin un límite general de aportaciones ni un período mínimo de permanencia”, explica Galán.

Además, la cuenta sueca tampoco impone restricciones geográficas a las inversiones, que es una de las grandes limitaciones de los modelos más novedosos. La mayoría tiene un segundo objetivo de financiar la economía europea y los grandes proyectos de la región.

Noruega

Según la Comisión Europea, al arrancar 2025, había más de dos millones de cuentas en Noruega, con alrededor de 43.000 millones de euros invertidos.

Creada en 2017, la fórmula Aksjesparekonto (ASK) permite comprar y vender acciones y fondos de Bolsa sin tributar por las ganancias mientras el dinero permanezca en la cuenta.

No tiene límite de aportación ni plazo mínimo de permanencia, y permite tener varias cuentas e incluso trasladar activos entre ellas.

En cuanto a las restricciones, sí establece condiciones geográficas: las cotizadas deben pertenecer a empresas domiciliadas en el Espacio Económico Europeo, al igual que los fondos.

Estonia

Estonia permite diferir la tributación de la rentabilidad mientras se reinvierta dentro del sistema, de modo que, en términos generales, el impuesto se devenga cuando los reembolsos superan las aportaciones acumuladas.

La cuenta estonia admite una gama amplia de productos, como acciones, fondos y seguros de vida vinculados a inversiones, e incluso permite invertir en determinados criptoactivos sujetos a supervisión.

No tiene límite de aportación, plazo mínimo ni restricciones geográficas, y permite disponer de más de una cuenta. Entre sus puntos a favor, además de los bancos, pueden ofrecerla firmas de inversión y proveedores de servicios de pago y dinero electrónico.

Letonia

La propuesta letona funciona también bajo un esquema de tributación diferida, para facilitar la reinversión de los resultados de la inversión. Como casi todas, permite tener una variedad de activos, incluidos valores, fondos, bonos, derivados y efectivo.

No establece un límite de aportación ni un plazo mínimo de mantenimiento, tampoco pone restricciones geográficas, y permite tener varias cuentas. Una diferencia frente a otros modelos es que no contempla el trasvase entre proveedores.

Lituania

Lutuania también ofrece diferimiento de impuestos y permite invertir en valores y fondos monetarios. Desde este año, además, aplica un tipo fijo del 15%, fuera de los tramos progresivos del impuesto sobre la renta.

En cuanto a sus limitaciones, no establece un máximo de aportación ni un plazo mínimo, y permite tener varias cuentas. Sin embargo, sí contempla condiciones relacionadas con las jurisdicciones elegibles, entre ellas países del Espacio Económico Europeo, miembros de la OCDE o países con convenio de doble imposición con Lituania.

Dinamarca

Dinamarca, por su parte, ofrece un atractivo fiscal, con un tipo impositivo reducido del 17% (frente a los tipos ordinarios del 27% o el 42%) sobre el rendimiento anual de su cuenta, y no exige un periodo mínimo de permanencia ni impone restricciones geográficas. Aunque, le resta atractivo el hecho de que impone límites tanto a las aportaciones como a los activos admisibles.

Según Alonso, es uno de los esquemas europeos con menor penetración. “No permite mantener múltiples cuentas” y esto le resta atractivo, pues “esta posibilidad puede favorecer la competencia entre proveedores, reducir las fricciones asociadas al cambio de entidad y permitir al ahorrador diversificar su relación entre distintas plataformas”.

Finlandia

La versión finlandesa de la cuenta Financia Europa está muy centrada en cotizadas y permite vender títulos y cobrar dividendos sin tributar inmediatamente. Como en los casos más repetidos, el pago de impuestos se difiere hasta que se retira el dinero.

Cuando se produce una retirada, la parte correspondiente a beneficios tributa al 30% por los primeros 30.000 euros y al 34%, el resto. Las pérdidas pueden deducirse el año en que se cierre la cuenta.

El límite de aportación es de 100.000 euros, e igual que en Dinamarca, solo se permite una cuenta por persona.

Francia

Francia tiene uno de los modelos con más recorrido de toda Europa, el PEA francés. Sin embargo, su tasa de adopción entre la población adulta es del 13,4%. Como ocurre en España, en este país predomina el sector inmobiliario como inversión favorita, y los seguros de vida son la principal vía de inversión financiera, lo que determina enormemente la popularidad de la cuenta.

Concede una exención del impuesto sobre la renta de las ganancias obtenidas cuando se mantiene la inversión durante al menos cinco años. Tras ese plazo, las ganancias quedan exentas del impuesto sobre la renta.

El límite de aportación es de 150.000 euros. Este es uno de los modelos con restricciones europeas: las acciones deben corresponder a empresas con sede en la UE o el Espacio Económico Europeo y, en términos generales, los fondos deben mantener al menos un 75% en esas empresas.

Italia

Los Planes Individuales de Ahorro (PIA) de Italia ofrecen una exención total de impuestos sobre las ganancias y las herencias, pero solo los utiliza el 1,5 % de los adultos.

Permiten invertir en acciones, bonos y fondos de inversión y su principal incentivo es que ofrece ventajas fiscales si se respetan determinados requisitos de inversión y permanencia (cinco años).

Entre las diferencias con los modelos más abiertos, como el sueco, la cuenta italiana tiene límite de aportación de 40.000 euros al año y 200.000 en total. Además, impone restricciones geográficas en la composición de la cartera.

Reino Unido

Reino Unido es una de las pocas excepciones en Europa que presenta una distribución casi equitativa entre activos financieros y no financieros en las carteras de las familias. En gran medida gracias a su sistema de pensiones, que canaliza los ahorros de los trabajadores hacia los mercados.

Al margen de esto, el país ha impulsado las Individual Savings Account (ISA), con una penetración cercana al 40% entre la población adulta. Permiten ahorrar e invertir con exención de impuestos sobre los intereses, los dividendos y las plusvalías. A diferencia de la mayoría de las propuestas de los países vecinos, los rendimientos elegibles quedan exentos también al retirar el dinero.

Reino Unido cuenta con varias modalidades de ISA, aunque la comparable a las cuentas de inversión europeas permite invertir en acciones, fondos y bonos de empresas y gobiernos (también tienen cuentas de efectivo, de financiación alternativa y orientadas a objetivos como la compra de la primera vivienda o la jubilación).

El límite general de aportación es de 20.000 libras por ejercicio fiscal, que pueden distribuirse entre distintas cuentas. No exige un plazo mínimo de permanencia ni impone restricciones geográficas a las inversiones.

España

España ha presentado hace apenas unas semanas su cuenta de inversión y todavía no está disponible para ser comercializada. Según la propuesta inicial, que aún podría admitir algunas modificaciones, el Gobierno ha optado por un modelo con ciertos límites y requisitos de inversión que buscan reforzar la conexión con la economía europea. “Su éxito dependerá, por tanto, de que esos condicionantes no dificulten su comprensión y comercialización y de que el ahorrador perciba una ventaja clara en utilizarla”, sostiene Galán.

La propuesta española permitirá invertir hasta 150.000 euros en una agrupación de diferentes activos europeos, como acciones, fondos de inversión tradicionales o ETF. Al menos el 70% del valor total de la cartera deberá estar invertido en “activos vinculados al Espacio Económico Europeo. Y otra de las restricciones frente a los modelos europeos más flexibles es que cada persona podrá tener una única cuenta, con titularidad individual e instransmisible.

En cuanto a la fiscalidad, que es el gran reclamo del producto, el usuario podrá operar con la cuenta comprando y vendiendo activos sin tributar por ello en el IRPF durante el plazo de permanencia, que es de, al menos, cinco años, hasta que se produzca una venta, total o parcial. Una vez extraído el dinero, las ganancias estarán libres de impuestos y con un límite de 10.000 euros. Si se supera este límite, habrá una bonificación fiscal del 20% para las plusvalías.

“La propuesta española parte de algunos elementos favorables, como un límite de aportaciones elevado, el diferimiento fiscal y la posibilidad de movilizar la cuenta entre proveedores. Sin embargo, también incorpora varias restricciones que contrastan con algunos de los modelos de mayor penetración: una única cuenta por contribuyente, un horizonte de cinco años para acceder plenamente al incentivo fiscal y, especialmente, un universo de inversión condicionado tanto por el tipo de activo como por la exposición geográfica”, valora Alonso.

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