Gonçalo M. Tavares, Premio Formentor: “La literatura tiene más poder que una noticia o el discurso de un juez”

Gonçalo M. Tavares (Luanda, Angola, 1970) fue reconocido el pasado mes de marzo con el Premio Formentor “por desvelar las inesperadas implicaciones de una humanidad asustada de sí misma, por contar la paradójica epopeya del extravío contemporáneo, por la osadía con que ha construido una narrativa ajena a las tentaciones de la obviedad”.

Admirado por J. M. Coetzee, Olga Tokarczuk, Vila-Matas, Lobo Antunes o Saramago, que vaticinó el Nobel de Literatura para su compatriota, es el tercer autor más traducido de su país tras Fernando Pessoa y Eça de Queiroz.

Aunque narrador, dramaturgo y poeta, es ajeno a los géneros literarios. Su propia obra, “de poderosa personalidad, deslumbrante originalidad y vigorosa imaginación” según el acta del Premio Formentor, se articula en torno a la “necesidad orgánica de la escritura”, que trasciende cualquier reconocimiento.

Pregunta. Siempre deja pasar varios años entre la escritura y la publicación. ¿No confía en las primeras versiones?

Respuesta. Escribir y publicar son dos verbos distintos. Escribir es lo que hace un escritor. Después yo necesito tiempo para olvidarme del texto, a veces hasta ocho años. Luego regreso con un sentido crítico que me permite intervenir en él. El tiempo es un magnífico escultor que deja caer lo que no es importante.

P. Su capacidad fabuladora parece infinita, y sin embargo en su obra siempre permanece pegado a la realidad. ¿Cómo logra plasmar ese equilibrio?

R. Me gusta mucho mirar por la ventana para captar la realidad, pero pienso que el arte y la escritura deben tener otra mirada. Una mirada que empieza por la ventana, pero continúa con la imaginación. Desde niño jugaba solo e intentaba crear, con la imaginación, situaciones que me hicieran olvidar el tedio. Fue la puerta para entrar en un mundo paralelo.

»Invento y fabulo para crear una metáfora sobre el mundo. Porque no quiero hablar de extraterrestres; quiero hablar de humanos, del miedo, de la violencia, del deseo. Creo que hablar de esto con narrativas imaginarias nos hace pensar mejor sobre la realidad.

P. ¿El desdibujamiento de los géneros, una constante en su obra, es una decisión consciente o una necesidad de asomarse a todas las vertientes que ofrece la literatura?

R. Estoy contra los géneros literarios, son formas de quitar la potencia del lenguaje. Cuando hablamos, por ejemplo, de poesía frente a ensayo, estamos diciendo que la poesía no puede pensar y que el ensayo es para pensar, pero no para dar importancia al ritmo o al sonido de las palabras. Y cuando hablamos de ficción o narrativa, asumimos que no es para pensar. Yo escribo textos y después siempre me pregunto: ¿pero qué animal es esto?

“Me gustaría que cada uno inaugurase un nuevo género literario, que el lector tuviera que aprender de nuevo el lenguaje”

»Lo que intento es no repetirme, quiero trazar nuevos senderos. Todos mis libros son muy distintos, tienen una forma de pensar distinta… Quiero que mis libros puedan ocupar un territorio y hacer un dibujo en el que se puedan conectar con líneas, como si fuera un mapa. Libros que no estén en el mismo lugar, que no pongan al lector en la misma situación. Me gustaría que cada uno inaugurase un nuevo género literario, que el lector tuviera que aprender de nuevo el lenguaje.

P. Su poemario Las botas de Mussolini es el primero de una serie que aspira a “reconstruir la tragedia del siglo XX”. ¿En qué consistirá?

R. Me gusta estudiar el siglo XX de una manera poética, no como un historiador. No sé qué libros seguirán, pero el siglo XX es decisivo. Es el primer piso del siglo XXI; si no sabemos qué hay debajo de nosotros, no sabemos dónde estamos.

P. De todos los malos augurios que se ciernen sobre el mundo occidental, a usted le preocupa el lenguaje usado en los discursos políticos. ¿Por qué en la literatura el lenguaje no tiene ese poder transformador?

R. La literatura no debe ser para académicos o eruditos. El lenguaje es determinante en la casa, pero esencial en la polis, en la ciudad: la política se hace con actos, pero son las palabras las que defienden a los ciudadanos de los discursos que nos quieren engañar.

»No hay democracia sin conocimiento del lenguaje. Quienes tienen poco dominio quedan excluidos de la posibilidad de participar en la vida pública. Por eso mismo la literatura está en el centro de la democracia: tiene más poder que una noticia en un periódico o el discurso de un juez o de un abogado.

P. Así que cree en la utilidad de la literatura.

R. Sí, porque muestra la realidad, pero no como si fuera una fotografía, sino como un dibujo que obliga al lector a encontrar una segunda verdad. La ficción ofrece infinitas posibilidades de mundos paralelos.

P. En las novelas de la serie El Reino nos advierte de que la racionalidad podría servir para justificar la barbarie.

R. Muchas veces es la base de la gran violencia, mucho más que la locura. En Jerusalén he escrito sobre cómo el cálculo, la matemática o el análisis permiten que la maldad tenga un potencial mucho mayor. La maldad más brutal no procede de la locura, es un cálculo de Excel. Es el odio sumado a la planificación.

»El siglo XX nos ha mostrado que el odio por sí solo puede matar a dos o tres personas, lo cual es terrible, pero el odio acompañado de un plan, una organización, un mapa, un Excel y una estrategia puede matar a miles. Si toda la maldad fuera provocada únicamente por los locos, millones de muertos no estarían muertos. La maldad del Estado es siempre una maldad racional. La maldad individual suele ser una maldad loca y rabiosa, pero no tiene tanto alcance.

P. Su nombre ha sonado para el Nobel en los últimos años. ¿Piensa en ello?

R. Me siento muy honrado de que se mencione mi nombre. Sin embargo, mi trabajo y mi necesidad orgánica es escribir, y es en la escritura en lo que estoy absolutamente concentrado.

Source – Elespanol