Del “yo no soldé el raíl” de Adamuz a “no era mi deber estar al mando el martes”: así se lava las manos Óscar Puente

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Óscar Puente rechaza dimitir tras los accidentes ferroviarios de Adamuz y Urda, que suman 115 muertos en nueve meses en la línea Madrid-Sevilla.

En la tragedia de Adamuz, el ministro justificó su continuidad afirmando a las víctimas que él no había soldado el raíl que causó el descarrilamiento.

Tras el choque de Urda, la estrategia del Gobierno se enfoca en el error humano de un operador, mientras Puente defiende que no era su deber estar al mando en el centro de control.

El ministro admitió que el sistema de seguridad LZB ha registrado 170 fallos desde principios de año, aunque asegura que está dentro de la normalidad europea.

El accidente de Adamuz era “tremendamente extraño” y el de Urda, “absolutamente inverosímil”. En total, 115 muertos en nueve meses, en el mismo corredor de Alta Velocidad que une Madrid con Sevilla.

El ministro de Transportes, Óscar Puente, ha dinamitado el concepto de “responsabilidad política”.

En el primer caso, sostuvo que no tenía por qué dimitir porque —según explicó en una reunión ante familiares de las víctimas— “yo no he soldado el raíl“, cuya rotura provocó el descarrilamiento del tren que se saldó con 46 fallecidos.

Y ahora tampoco ve motivos para su renuncia porque “no era mi deber estar al mando el martes“, en el centro de control de Atocha desde el que se impartieron las instrucciones incorrectas, que provocaron el choque por alcance de un AVE de Renfe con un Iryo que permanecía detenido.

Tras la tragedia de Adamuz, el ministro tuitero aseguró que lo sucedido era inexplicable, ya que, según aseguró, el trazado de alta velocidad entre Madrid y Sevilla había sido sometido desde 2021 a una “renovación completa”, con una inversión de 780 millones de euros.

No era cierto. Este proyecto “integral” sólo incluía actuaciones parciales como la sustitución de 110 desvíos o cambios de aguja (que permiten al tren pasar de una vía a otra), a lo largo de los 470 kilómetros de trazado.

En algunos puntos, también se instalaron nuevos sistemas de “señalización y protección de trenes, detectores de caída de objetos o telecomunicaciones fijas”.

El descarrilamiento de Adamuz se produjo por la rotura de una soldadura entre un tramo de vía renovado, y otro que tenía 34 años de antigüedad: permanecía allí desde que se inauguró en 1992 la primera línea de AVE entre Madrid y Sevilla.

Cuando trascendió este dato, Puente cambió entonces de argumento.

Durante una reunión de casi tres horas con familiares de las víctimas, celebrada el pasado 11 de marzo en la sede del Ministerio, replicó a quienes exigían su dimisión: “Yo no he soldado el raíl”.

Lo reveló el presidente de la Asociación de Víctimas del Descarrilamiento de Adamuz, Mario Samper, el pasado 25 de mayo ante la comisión de investigación constituida en el Senado.

Tras la tragedia del pasado miércoles en Urda (Toledo), la estrategia del Gobierno se ha centrado en culpar a un operario del centro de control de Atocha.

En uno de los audios filtrados por el Gobierno pocas horas después del siniestro, un operador de Atocha da instrucciones al maquinista del tren AVE de Renfe para que retome la marcha a velocidad “normal”, pese a que 25 kilómetros más adelante estaba detenido el tren Iryo, con el que acabaría chocando por alcance.

Las grabaciones muestran la situación de caos en la que estaba sumido el centro de control de Atocha, con instrucciones contradictorias impartidas a los maquinistas.

Pero el Gobierno intenta obviar de este modo que antes se había producido un fallo técnico crítico: se desactivó en todo el tramo el sistema de seguridad LZB que habría impedido el accidente.

En su rueda de prensa de este miércoles, Puente ha desvelado que desde principios de año el sistema de seguridad ferroviario LZB ha fallado 170 veces.

Aunque “es un número que puede llamar la atención al público no especializado”, ha admitido, “está dentro de la normalidad europea“.

Lo ha dicho tras anunciar que va a intentar que los ciudadanos recuperen la confianza en el sistema ferroviario español.

En la rueda de prensa, ha desgranado otros motivos por los que no tiene intención de dimitir, después de que el presidente Pedro Sánchez haya reafirmado su confianza en él.

“Sé el calvario al que me van a someter“, ha dicho, “encima en campaña electoral, sé los insultos, las descalificaciones y los prejuicios de culpabilidad”.

Pero se ha mostrado convencido de que su responsabilidad pasa ahora por “dar la cara, explicar, esclarecer”, y estudiar soluciones para que estas tragedias no se vuelvan a repetir.

Un periodista le ha preguntado si no cree que su dimisión reconfortaría, al menos, a las familias de los 69 fallecidos (según el recuento provisional).

“Buff… ¿cuánto reconfortaría del cero al cien a quien ha perdido un hijo, un padre o una pierna?”, se ha preguntado a su vez el ministro.

Y se ha respondido: “No sé si es relevante, sinceramente”.

El accidente de Urda se ha saldado hasta ahora con 69 muertos, pero hay aún 72 desaparecidos y decenas de heridos ingresados en el hospital. La catástrofe puede ser aún mayor.

Source – Elespanol