Cristina Fernández Cubas, la realidad engañosa

Ha sido para mí una feliz sorpresa la concesión del Cervantes a Cristina Fernández Cubas (CFC). Escritora independiente, siempre a su aire y libre, fuera de los circulillos literarios, autora de culto, como suele decirse, minoritaria aunque con muchos fieles seguidores, no figuraba, que yo sepa, en las quinielas. El galardón ha reconocido a una narradora perseverante, de presencia pública discreta y entregada a una escritura que siempre ha buscado la originalidad anecdótica y la exigencia estilística por encima del éxito o la notoriedad.

Con razón se le tiene a CFC como un nombre principal entre nuestros cuentistas recientes, pues no solo ha creado un mundo imaginativo que se arriesga en el raro territorio, entre nosotros, de la fantasía, sino que ha reivindicado el cuento como la forma capaz de alcanzar la forma máxima de lo narrativo. De hecho, en el relato breve ha volcado su mayor atención. También ha hecho otra clase de escritos, incluso una solitaria pieza teatral.

De sus tres novelas, quiero recordar La puerta entreabierta, curiosa por haberla firmado como Fernanda Kubbs. Bajo este heterónimo (mejor que seudónimo) daba una voz distinta a la suya principal, aunque mantenía la idea seminal de toda su literatura que reside en percibir el mundo –ya lo sugiere el título– como algo solo “entrevisible” y, por ello, enigmático. La novela muestra, además, con más nitidez que las narraciones breves, el gusto por narrar y el placer de contar historias de los que participa CFC.

También firmó, hace ya un cuarto de siglo, un libro pionero de la actual, y cansina, moda del autobiografismo, Cosas que ya no existen. Con modestia personal y literaria muy suya, y muy de aplaudir, aclaraba que no se trata de unas “memorias”, término que le parece arrogante, sino de un simple “libro de recuerdos”.

Ahí, entre evocaciones y materiales heterogéneos de un “libro personal”, salía igualmente a relucir la almendra de toda su escritura, el fondo de incertidumbre que siempre rodea nuestras vidas y que preside un futuro tan incógnito como imprevisible.

Fernández Cubas es una pertinaz indagadora en la cara ignota de la vida, en los misterios que rodean incluso las situaciones cotidianas

Se ve, en lo dicho, la corriente sostenida en CFC de mostrarse como una pertinaz indagadora en la cara ignota de la vida, en los misterios que rodean incluso las situaciones cotidianas. Podría hablarse de un costumbrismo mágico. Ese acercamiento a la realidad encuentra la plenitud de su desarrollo en los relatos breves desde sus lejanos inicios con las cuatro historias reunidas tanto en Mi hermana Elba en 1980 como en Los altillos de Brumal tres años después.

En este casi medio siglo de paciente y calmosa escritura, CFC ha consolidado su consideración asombrada del mundo. Suele vinculársela con lo fantástico, y es cierto que en ello está la principal semilla de sus fabulaciones. Pero supone una apreciación algo reduccionista de su labor. No pueden dejarse aparte ecos de la narrativa oral ni una afición por la intriga como elemento que sostiene el suspense de una historia hasta su revelador final sorprendente.

Lo fantástico en CFC entronca, admirativamente, con Allan Poe y con Cortázar. Y se vincula con el relato gótico, de miedo o terror. En sus narraciones se hallan situaciones extrañas, amenazas latentes, misterios inexplicables, desasosiegos mentales, sueños perturbadores. En suma, algo que desequilibra el tránsito pacífico y corriente por el mundo. Lo anormal y lo excepcional desasosegantes se constituyen en un modo de vivir.

No se trata, sin embargo, de una simple entrega a lo irreal, de un ejercicio gratuito de la imaginación desbocada. Hay detrás de la prosa de CFC una subterránea disidencia del racionalismo y positivismo de nuestra cultura, de la exclusión en ella de lo mágico, onírico, misterioso y supra-racional. Sin pretensiones dogmáticas, sugiriendo más que declarando, sus relatos muestran la conveniencia de desconfiar de la supuesta realidad y sus apariencias.

Source – Elespanol