El Atlético claudica ante el poderío del Bayern y se complica su futuro entre los ocho mejores de la Champions

Dos meses después de hincar la rodilla en Anfield ante el Liverpool, el Atlético de Madrid volvió a saborear el amargo trago de la derrota. El conjunto rojiblanco vio truncada su racha en la gran noche europea cediendo en su propio feudo ante el Bayern (0-2), un rival que, hoy por hoy, parece habitar en un escalón inalcanzable.
Poco o nada pudo hacer el equipo de Simeone para contener a una apisonadora. El Bayern aterrizó en la capital de España no solo para competir, sino para someter.
Aunque el muro colchonero resistió el asedio inicial, la presa se rompió tras el descanso: dos goles en la segunda parte plasmaron la autoridad de los bávaros, reduciendo la resistencia de un Atlético que terminó claudicando ante la evidencia del césped.
Y es que el cuadro alemán opera como un engranaje perfecto. Impecable en el posicionamiento y escandalosamente poderoso en la presión, asfixió a los locales hasta la extenuación.
A ese rigor físico y táctico se le suma una calidad en ataque tan desbordante que le permite ganar los partidos casi por inercia, castigando el más mínimo error con una pegada letal.
Fortaleza interior
El balón echó a rodar y el Atlético no tardó en enseñar los colmillos. En el segundo minuto, un envío largo de Oblak encontró la testa de un imperial Sorloth. La prolongación cayó a Julián Álvarez, cuyo remate con rosca acarició la madera, asustando al banquillo bávaro.
El guion, sin embargo, viró pronto al monólogo visitante. Alcanzado el 11′, el Bayern ya imponía su jerarquía, monopolizando el esférico bajo la batuta de un incisivo Olise. Ante el asedio, Simeone apostó por un repliegue solidario.
Los rojiblancos cerraron a cal y canto los pasillos interiores, fiando el oxígeno a la imponente figura de Sorloth, indispensable para bajar balones frontales y estirar al equipo.
La resistencia halló respiro a balón parado. Al cuarto de hora, el Atlético encadenó tres saques de esquina consecutivos, culminando la reacción con un envenenado zapatazo de Pablo Barrios que la zaga germana desvió in extremis.
Olise pelea un balón con Grimaldo.
Superado el ecuador, la asfixiante presión bávara resquebrajó el muro local. En el 23′, un robo de Upamecano a Julián desarticuló la medular; el central rompió líneas, filtró para Harry Kane y el británico regaló una asistencia de oro a Karl. Con todo a favor, el atacante perdonó enviando su disparo incomprensiblemente alto.
Después, el propio Kane probaría con un remate forzado, y ya en el 36′, Stanisic cruzó en exceso un tiro mordido tras un exquisito taconazo de Karl.
Fueron 45 minutos de ajedrez táctico. El Bayern exhibió un dominio abrumador, pero chocó contra el granito de un Atlético valiente y sin complejos. Los colchoneros abrazaron el sufrimiento, no se intimidaron y achicaron espacios en la frontal para blindar el 0-0 rumbo a los vestuarios.
Golpe sobre la mesa
Tras el paso por los vestuarios, el Bayern apretó el acelerador y el partido se tiñó definitivamente de rojo. Nada más reanudarse el juego en el 46′, Kimmich avisó con un latigazo desde la frontal que obligó a Oblak a intervenir.
El aviso fue el preludio de un vendaval. En el 52′, una pérdida colchonera activó una transición fulgurante que Kane culminó con un remate mordido, pero el cántaro terminó de romperse apenas dos minutos después.
Corría el 54′ cuando un error gravísimo condenó al Atlético. Le Normand se estorbó con Hancko, se durmió en los laureles en la salida de balón y el siempre atento Karl le robó la cartera dentro del área. Con una frialdad pasmosa, el atacante picó el esférico ante la salida desesperada del meta esloveno para inaugurar el marcador.
Karl celebra su gol contra el Atlético de Madrid.
El gol fue una losa insalvable. El Bayern se mostró inmensamente superior, dominando con la posesión y mordiendo como auténticos perros de presa tras pérdida para asfixiar cualquier amago de reacción.
Laimer rozó el segundo con un tiro cruzado en el 66′, y en el 73′, Upamecano condujo desde el medio campo sin oposición alguna hasta soltar un zapatazo que, tras tocar en un defensa, se estrelló violentamente en el larguero.
Finalmente, la sentencia cayó por su propio peso en el 76′. Harry Kane ejerció de catalizador para filtrar una apertura milimétrica hacia la internada de Laimer por el perfil diestro. El austriaco recibió, orientó el control y sacó un disparo seco al palo corto, inalcanzable para Oblak, que mandó el balón a la red tras tocar en la madera.
Un 0-2 que reflejó la incontestable dictadura germana en la capital. A partir de ahí, el Atlético lo intentó con más corazón que fútbol, pero apenas inquietó a la portería de Neuer.
Source – El Español – Deportes


