Oriol Pla, el actor del momento: “La nariz de payaso te permite ser auténtico y profundamente libre”

Esta soledad, la película de Javier Giner que llega el 30 de octubre a las salas, arranca con una voz en off dando la bienvenida al teatro. El rostro del protagonista, Leo, al que interpreta Oriol Pla (Barcelona, 1993), aparece iluminado en primer plano sobre un fondo negro, mientras se escucha alguna tos nerviosa de un público que se mantiene fuera de campo. El contorno de los ojos de Leo está encuadrado en maquillaje rojo y los labios perfilados en blanco, creando una estampa de clown trasnochado.

Su rictus, al principio, es neutro, pero va mutando hacia la tristeza, la sorpresa, la contrariedad. Mientras sus expresiones faciales se retuercen, arranca con un monólogo absurdo y existencial. Cuando pasamos a un plano medio, vemos cómo el movimiento de su rostro se contagia a su torso desnudo, a todo su cuerpo, algo que contrasta con su dicción monocorde. En un momento dado, saca del bolsillo de su pantalón “una máscara minúscula”, una nariz de payaso.

No es casualidad que Giner le otorgara a Leo esa faceta de clown. Escribió el guion con Oriol Pla en la cabeza, pues ambos querían volver a trabajar juntos tras la serie Yo, adicto (Disney+, 2024). “Fue un gesto precioso de Javier Giner”, explica el actor en la céntrica coctelería madrileña Josealfredo, donde le cita El Cultural. “Sabiendo lo mucho que me apasiona el clown, quiso escribir el personaje bebiendo de mi propia esencia y ofreciéndome un espacio para explorar ese arte en el cine, donde no se ve tanto. Fue un trabajo muy bonito preguntarnos qué tipo de payaso habitaba en Leo”.

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Oriol Pla viene de una reconocida estirpe circense. Su padre es Quimet Pla, payaso de profesión y fundador de la compañía Comediants, y su madre, la violinista y actriz Núria Solina. Con 6 años, ya participaba en espectáculos de calle junto a sus progenitores y a su hermana Diana. No ha pasado tanto tiempo desde aquello y Pla, con solo 33 años, ha transformado esa herencia familiar en un lenguaje propio y lo ha llevado a lo más alto: acaba de ganar el Premio Nacional de Teatro por Gula, obra que ha creado y dirigido junto a su colaborador habitual Pau Matas y que interpreta en solitario. Según el jurado que le ha otorgado el galardón, el actor “introduce con virtuosismo el lenguaje del clown en el hecho teatral”.

“Cuando creé la pieza junto a Pau tenía muy claros las técnicas y lenguajes que quería aportar: el payaso, el slapstick, la mímica…”, apunta. “Todo ello forma parte de mi infancia, es la escuela de mi familia. Pero he tratado de darles un toque contemporáneo, distante narrativamente de sus formas originales”.

Cuenta la leyenda que Pla va siempre con su nariz de payaso en el bolsillo. Pero en esta ocasión se la ha dejado en Barcelona por culpa de las prisas: casi pierde el tren. “Ayer llegué a la habitación del hotel y no la encontraba, me quedé superrayado”, relata el actor. “La nariz de payaso es una armadura que te permite ser auténtico y profundamente libre. Con ella puedes despojarte del traje social del día a día, lo que es una auténtica maravilla. Para quienes lo amamos, el payaso es una parte esencial de nuestra manera de ser”.

En paralelo a su trabajo teatral, Pla ha cimentado una seria carrera en el audiovisual español, que arrancó en la popular serie de la televisión pública catalana Merlí (2015-2018). Tras trabajar con Agustí Villaronga en Incierta gloria (2017) y con Jaime Rosales en Petra (2018), Mariano Barroso le confió el papel protagonista en la teleficción El día de mañana (2018), basada en la novela homónima de Ignacio Martínez de Pisón. Desde entonces ha trabajado en grandes éxitos del cine de autor reciente como Girasoles silvestres (J. Rosales, 2022), Creatura (Elena Martín, 2023) o Salve María (Mar Coll, 2024), en papeles que han tendido a cuestionar una masculinidad en crisis.

Oriol Pla posa en la coctelería Josealfredo para El Cultural

Oriol Pla posa en la coctelería Josealfredo para El Cultural Pablo Lanzillotta

Sin embargo, ningún trabajo le ha reportado hasta ahora tanto reconocimiento como Yo, adicto, la serie en la que Javier Giner –que antes de lanzarse a la dirección había ejercido como jefe de prensa de El Deseo, la productora de Almodóvar, o de Penélope Cruz– adaptaba su libro homónimo sobre su ingreso voluntario en una clínica de desintoxicación. Pla se convirtió gracias a este papel en el primer intérprete español en ganar el Emmy Internacional.

Pregunta. En menos de un año ha recibido el Emmy Internacional y el Premio Nacional de Teatro. ¿Cómo se gestiona ese éxito a los 33 años?

Respuesta. Todavía estoy en ello. Creo que se gestiona, ante todo, con mucho agradecimiento. Hay momentos en los que te desborda y te preguntas cómo encajarlo todo. Intento abrazar lo que va sucediendo. Al principio me dio mucho apuro, sentí una gran fragilidad, pero luego me entraron unas ganas enormes de compartirlo, y acabé recibiendo un cariño precioso.

P. ¿Le preocupa que la racha pueda trastornar su ego?

R. Ese miedo siempre existe, tanto antes como después de los reconocimientos, porque a veces uno mismo es su mayor enemigo. Pero más que el ego, lo que realmente me preocupa es el significado que yo le dé a esos premios. Tiene que ser un significado que me aporte libertad, creatividad, confianza y celebración. Si entendiera estos galardones como una obligación de seguir haciendo únicamente el tipo de teatro o de serie por las que me han premiado, perdería mi libertad.

»El verdadero reto es disfrutarlo, agradecerlo, compartirlo y darle un sentido que te cuide, te llene y genere apertura hacia los demás.

Dos protagonistas

Esta soledad cuenta, en realidad, con dos protagonistas, pues es la historia de una ruptura, la de Leo y Lorea, a la que interpreta Marina Salas. Él es un actor en crisis, que malvive con el sueldo de cajero de un supermercado y que tiene que cuidar de un padre que vive postrado en una cama. Ella es una escritora bloqueada, que trabaja como camarera y que se enreda en una relación de dependencia con una exconvicta conflictiva.

P. ¿De dónde nace el proyecto de Esta soledad?

R. Nace de las ganas de volver a trabajar juntos Marina, Javi y yo tras la experiencia de Yo, adicto. Javi quería hacer una película más íntima y cercana, ambientada en el Bilbao de su infancia, para alejarse del ruido mediático del éxito anterior y adentrarse en un territorio desconocido que nos obligara a sorprendernos. Trabajamos muchísimo los tres analizando el trasfondo de los personajes e improvisando para construir su universo emocional.

P. ¿Cómo es su relación con Giner?

R. Aunque somos artistas distintos, compartimos mucho los procesos y nos apoyamos constantemente. Javi es un compañero creativo muy fuerte con el que me hace muy feliz seguir trazando caminos. Nos une una pasión desenfrenada por el oficio, una curiosidad inmensa y una gran admiración mutua. Nos retamos y nos cuestionamos con la firme intención de hacer mejor al otro, como cuando subes una montaña: hay una mezcla de rivalidad sana y compañerismo en la que lo importante es llegar juntos a la cima.

P. ¿Querían realizar un retrato generacional?

R. Desde luego, la película aborda una realidad que conozco muy de cerca en mi entorno, entre mis amigos y mi familia. De hecho, conozco muy bien el mundo del teatro autoproducido y underground en el que se mueve Leo. Es apasionante, pero durísimo. En cierto modo, parecemos hierba creciendo en mitad de las baldosas. Al final son unos personajes que intentan sobrevivir en un mundo acelerado y que se culpan a ellos mismos de sus penurias en lugar de culpar al sistema, mientras buscan desesperadamente pequeños espacios de ternura y luz.

Oriol Pla, en 'Esta soledad'

Oriol Pla, en ‘Esta soledad’ Filmax

P. ¿Cree que, por lo que vemos hoy en las calles, puede que los jóvenes estén despertando?

R. Siempre es buen momento para movilizarse. Como decía un pensador anarquista, a veces la revolución se frena porque todo el mundo está demasiado ocupado consumiendo. Pero la toma del espacio público y la organización ciudadana son indispensables para generar resonancia en las instituciones. Durante estos días en Madrid he ido varias veces a la Puerta del Sol a escuchar las asambleas. Me emociona profundamente comprobar que las nuevas generaciones no están huérfanas de espíritu crítico ni de deseo de cambio.

P. La película aborda temas sociales como la precariedad laboral, los cuidados, la identidad trans y la sororidad femenina, pero sin buenismo ni adoctrinamientos. ¿Es el tipo de cine en el que se siente cómodo?

R. Por supuesto. Prefiero las obras que me tratan como a un espectador inteligente. El arte no debe venderte una postura ni ser panfletario; debe funcionar como un espejo para dialogar contigo mismo. Es precioso que la precariedad o las luchas sociales sirvan como música de fondo sobre la que los personajes intentan amar, perdonar, aprender y ser felices.

P. ¿Cuál fue el mayor reto actoral en esta película?

R. Me encontré con un bloqueo inédito porque las herramientas que solían funcionarme de pronto no me servían. Tuve que reencontrar la paz volviendo a mis orígenes: abrazando el juego, la mentira, lo corporal. Yo vengo de la escuela Lecoq, basada en el trabajo de fuera hacia dentro, donde el actor no busca sentir, sino que sea el espectador el que sienta. Pero después la vida me llevó por otros caminos y descubrí un trabajo más emocional, de llevar la vida interior hacia fuera. Pero aquí no me servía. Así que tuve que recuperar la técnica corporal y la distancia narrativa, y fue liberador. Creo que ambos caminos son igual de válidos.

Oriol Pla

Oriol Pla Pablo Lanzillotta

P. En sus trabajos suele haber una revisión constante de la masculinidad. ¿Qué aspectos de esta le parecen más urgentes de revisar?

R. Siempre busco proyectos donde pueda aportar algo legítimo y, al mismo tiempo, aprender y dejarme transformar. En cuanto a la masculinidad, creo que lo más urgente es que los hombres aprendamos a querernos desde lugares que históricamente se nos han enseñado a rechazar, como la vulnerabilidad. Socialmente se nos ha educado para que la única emoción permitida sea la ira, canalizando la tristeza, la frustración o la inseguridad hacia la violencia. Necesitamos habitar un mayor abanico de emociones, y no solo los picos de la agresividad o la depresión.

P. Para terminar, entre el cine y el teatro, ¿qué le motiva más?

R. Hoy por hoy, el teatro. En un mundo dominado por las pantallas, el encuentro efímero con un cuerpo en directo que respira, suda y comparte un espacio sagrado donde los teléfonos están vetados resulta algo insustituible.

Source – Elespanol