La literatura y la inteligencia artificial, ¿una nueva forma de escribir?: “Es como el cincelado de un escultor”

Tenía que pasar en algún momento. Si en septiembre el mundo de la cultura se echaba las manos a la cabeza porque entre los principales aspirantes al Goncourt, el más célebre de los premios de las letras galas, se había descubierto una novela producto de la IA, ahora la polémica ha llegado a las letras hispanas.

La noticia ha saltado este mismo viernes 23 de octubre, cuando el medio El País ha publicado un artículo en el que afirma haber utilizado Pangram, mismo detector que empleó el responsable del descubrimiento en el Goncourt, para destapar un 99 % de uso de inteligencia artificial en la creación de Donde el agua trabaja del peruano David Silva Rojas, obra ganadora de la primera edición del Premio de Novela Breve Almadía Ventosa-Arrufat.

El del empleo de la IA para la confección de obras literarias no es un debate nuevo. Se lleva señalando desde hace meses la proliferación en la plataforma Amazon de obras autopublicadas superventas que se han creado mediante esta técnica. Habitualmente, se ha argüido que estos nuevos productos culturales, de escaso nivel creativo, pueden convivir con la literatura tradicional como ya lo hacían otros contenidos de entretenimiento.

Así lo manifestaba, por ejemplo, José Francisco Ruiz Casanova, autor de Ignorancia Artificial. Traducción, lectura y escritura en tiempos de la IA, durante una entrevista en esta cabecera: “Quizá la inteligencia artificial o determinadas noveluchas producidas con IA van a crear todavía más una discriminación sociocultural entre categorías de lectores”. La distinción sería, por tanto, una extensión del debate que ya a día de hoy existe entre los términos ‘literatura’ y ‘paraliteratura’.

Con esta nueva controversia, sin embargo, surge una nueva cuestión. La primera edición del premio otorgado a Silva Rojas contaba con un jurado compuesto por tres escritoras de prestigio: la mexicana Cristina Rivera Garza, la argentina Selva Almada y la ecuatoriana Mónica Ojeda. Autoras, las tres, con sobrados galones e incuestionable capacidad crítica que han decidido premiar a la obra de marras.

Ello revela una verdad incómoda: podríamos encontrarnos ante una obra generada por IA con un valor literario que a menudo se ha considerado como imposible de alcanzar para esta tecnología.

Sorprendentemente, los expertos en el ámbito creativo de la inteligencia artificial perciben esta posibilidad como perfectamente plausible. No solo eso, sino que llegan a absolver a Silva Rojas… al menos en el aspecto imaginativo.

“Si lo que la IA genera es bueno, es porque detrás hay alguien que la está dirigiendo adecuadamente”. Víctor Balcells, escritor

“Si la novela es muy buena y grandes críticos la reconocen, la persona que la ha hecho tiene una gran habilidad en hacer prompts [indicaciones que el usuario proporciona a la IA]”, sostiene Víctor Balcells, novelista autor de Aprenderé a rezar para lograrlo (2017) y especialista en posicionamiento en internet y creatividad con IA. “Tú puedes pedirle a Claude: ‘Oye, hazme una novela buena’, pero jamás te dará nada de calidad. Al contrario, será nefasto. Si lo que la IA genera es bueno, es porque detrás hay alguien que la está dirigiendo adecuadamente”.

“Las inteligencias artificiales no tienen ningún tipo de habilidad para la imaginación recombinatoria, a menos que tú le digas exactamente por dónde tiene que ir, cómo debe enfocar el asunto”, explica.

Fiel a este planteamiento, Balcells pone sobre la mesa un nuevo debate: “Habría que preguntarse si el prompting es creación o no. Para mí, si alguien es buen escritor, tiene la habilidad para, prompt a prompt, sacar algo bueno. Si no sabes escribir, me parece imposible”.

“Es como el cincelado de un escultor. El que tiene el ingenio y la habilidad suficientes sabe, golpe a golpe, dar forma a la masa amorfa que tiene frente a él en un principio. Cada prompt es eso, un nuevo golpe con el que alcanzar el resultado final. Cuanto mejor sea el escultor, mejor será el producto”, concluye.

De manera similar piensa el ensayista José Francisco Ruiz Casanova, de nuevo preguntado acerca de esta nueva posibilidad. “El debate no es tanto el si se puede generar como el trabajo que lleva generar algo que tenga calidad literaria, porque generar se puede generar, pero detrás tiene que haber un autor con unos conocimientos literarios profundos para poder darle a la IA los prompts adecuados para que la máquina sepa dónde tiene que buscar, cómo tiene que mezclar y cómo tiene que presentar”.

De acuerdo con esta visión, no habría que quitarle a Silva Rojas el mérito literario que supone saber cómo se compone una novela de calidad. Él sería el demiurgo detrás de las direcciones con las que la IA trabajaría: “La inteligencia artificial es una caja en donde ahí está todo, está Dostoyevski, está Cervantes… Pero tú tienes que saber qué quieres pedirle y tienes que darle no solamente un esquema y una estructura de lo que quieres hacer, sino un tono, un estilo, una forma de caracterizar a los personajes en el caso de una novela, etcétera”. Y todo eso se lo habría proporcionado a la IA el autor peruano.

De lo que no cabe duda es de que, como poder, las IAs generativas pueden producir textos de calidad, pero “solo las versiones de pago como Gemini Pro”. Todo depende, pues, de quién esté a los mandos.

Para Ruiz Casanova, el problema y lo que debe discutirse no es la creación o no por este método, sino que Silva Rojas haya presentado este texto a un concurso en cuyas bases ponía como condición que la autoría debía ser 100 % humana. En este sentido, el autor de Ignorancia Artificial señala directamente a la organización del premio: “No pueden esperar que todos los que se presenten obedezcan de buena fe. Si un periódico ha podido pasar este detector para descubrir el uso de IA del ganador, ¿por qué no lo hizo la organización con todos los finalistas que presentaron para su lectura al jurado?”.

“Las editoriales no pueden confiar en la buena fe de los que se presenten a los premios”. José Francisco Ruiz Casanova, ensayista

“Tú como empresa editorial eres la responsable de velar porque esas normas se cumplan más allá de que un autor te firme un papel diciendo que él no ha escrito la novela con IA”, añade.

De hecho, para el ensayista las principales perjudicadas son las autoras integrantes del jurado. “Se ha puesto en cuestión su autoridad crítica cuando, en realidad, por muy buen escritor y lector que seas es imposible detectar textos de ese nivel producidos con esta tecnología”.

“Al final, lo que ocurrirá, y lo que será mejor en los casos de los premios, será que ocurra algo como lo que hemos visto recientemente en las ‘Olimpiadas robot’. Habrá un Premio Planeta para robots y otro para humanos. Qué se le va a hacer”, alega el ensayista, medio en broma medio en serio.

Para Patricio Pron, autor de Pron vs. Prompt. ¿Puede la inteligencia artificial competir ya con un escritor de ficción? (Delirio, 2025), “se está concibiendo el asunto de manera errónea”. Para el escritor argentino, el problema radica más bien en que “se está viendo esto como una excepcionalidad, como en el resto de trabajos no se estuviera empleando”.

En cambio, Pron pone el acento en “décadas de desfinanciamiento de la educación que han conducido a una formación de lectores que solo consumen productos estandarizados, hechos por inteligencia artificial, que no suponen un desafío para la máquina”.

“La salvedad que me gustaría plantear es que antes de juzgar a un autor que ha escrito un libro con inteligencia artificial, si es que realmente lo ha hecho, porque tampoco consta, deberíamos tal vez todos nosotros mirarnos en el espejo y pensar qué estamos haciendo con las inteligencias artificiales, para qué las queremos y cómo hemos llegado al punto en el que digamos que se nos hace imposible distinguir a simple vista lo que es una escritura con inteligencia artificial de lo que no lo es”, sentencia.

Source – Elespanol