‘Grande de España’: la escopeta nacional se encasquilla

Don Leandro, marqués de Monsalvos (Antonio de la Torre), bien podría parecer un pariente cercano de Luis José (José Luis López Vázquez), hijo del marqués de Leguineche, y esta Grande de España (Juan Cavestany & Álvaro Fernández Armero, 2026) una reformulación en clave de vodevil de algunos de los motivos que festoneaban La escopeta nacional (Luis García Berlanga, 1978), principalmente el de la aristocracia venida a menos, desfalleciendo ante un mundo que marcha a una velocidad a la que ellos no quieren adaptarse porque creen que sus privilegios se mantendrán inalterables pase lo que pase, mande quien mande y caiga quien caiga.

En ese decalaje existencial vive sumido el marqués, que alquila para albergar rodajes de películas de género dudoso el palacete familiar en el que reside con tal de ingresar lo mínimo para sobrevivir, mientras mantiene a su servicio a su aparentemente fiel mayordomo Fidel (Enric Benavent). La inminente boda de su hija acrecentará su necesidad de ganancias, por lo que la única solución para afrontar tal dispendio pasará por vender la casa nobiliaria.

Entre los posibles compradores aparece Sofía Carrington (Alexandra Jiménez), falsa mujer de negocios bajo cuya elegancia se oculta la pícara empleada de una tintorería que gusta de labrarse nuevas biografías enfundándose los ropajes de señoras bien, como si la pertenencia a una clase social solo fuese cuestión de apariencia.

Este choque entre dos mentirosos compulsivos —el uno escondiendo su vida en bancarrota, la otra fingiendo ser quien no es— apenas tiene recorrido, y ni siquiera la brevedad de la serie —seis episodios de poco menos de media hora— permite disimular las carencias de esta comedia de enredo que juega con la asimetría informativa (ella siempre sabe más que él; los espectadores lo sabemos todo) y los equívocos de manera poco calculada.

Los ecos berlanguianos del principio se abandonan para firmar una versión sainetesca de Cómo casarse con un millonario (Jean Negulesco, 1953), solo que el resultado está mucho más cerca de Sentimos las molestias (Cavestany & Fernández Armero, 2022) que de aquella piscina de vitriolo en la que algunos nos solazamos llamada Vergüenza (Cavestany & Fernández Armero, 2017-2020).

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El sostenimiento del engaño mutuo solo se alcanza a través de innumerables licencias de guion. Sofía, cuyo nombre verdadero es Conchi, forjadora de coartadas al por mayor, enciclopedista de la excusa y veterana estudiosa del comportamiento humano, sale escopeteada del hotel del lujo en el que finge hospedarse sin reparar en que es imposible que Leandro no siga frente a la puerta y, por tanto, despierte sus sospechas, algo improbable para alguien que vive de construir castillos en el aire financiados con la hipoteca del engaño.

Todos los cruces oportunos, los seguimientos interesados o las visitas directamente increíbles —¿qué hace una señora de la jet-set como Cotola (Teresa Rabal) llevando su ropa a una tintorería de los suburbios?— reflejan la endeblez de un libreto que se sostiene gracias a las excelentes actuaciones de Alexandra Jiménez —actriz superdotada a la que en raras ocasiones se le ha dado un papel a la altura de su talento (Las distancias, por ejemplo)— y Enric Benavent, mayordomo solícito que termina declarándose en rebeldía en el mejor apunte político de una serie que explota una y otra vez los mismos gags y que acaba con bromas sobre mearse en la cama y guiños a Cenicienta (!).

Alexandra Jiménez en 'Grande de España'

Alexandra Jiménez en ‘Grande de España’ .

Cavestany y Fernández Armero decoran el dubitativo romance a contrapelo de sus dos protagonistas con subtramas que versan sobre la endogamia aristocrática o las relaciones (sexuales) intrafamiliares, por no hablar de esa boda cuya importancia aumenta o decrece a conveniencia o las tensiones pecuniarias que zarandean el árbol genealógico de los Monsalvos.

Del otro lado, Sofía/Conchi tendrá que lidiar con la precariedad, la perpetua desatención de su hijo, a quien abandona reiteradamente por montarse en el ascensor que sube al ático de las élites, y con la aparición de su ex, ladrón recién salido de la cárcel que quiere sacar tajada del ’embolao’ en el que nuestra antiheroína se mete por el capital y acaba quedándose por el interés.

Al débil ensamblaje de un guion insostenible se suma una puesta en escena que pivota entre lo funcional y lo estrambótico, como esa secuencia en la que Leandro se pierde por el extrarradio madrileño y para mostrar su paranoia al verse rodeado de personas de clase baja, en su mayoría inmigrantes, se le coloca la cámara pegada al rostro siguiéndole en su torpe huida, un recurso gastado y obvio que, además, rompe con el tono de la serie.

Se cierra Grande de España, cuyo título remite a la aspiración máxima por la que Don Leandro se desvive, con una cacería previa a la boda que vuelve a remitir a la película inaugural de la trilogía Nacional, solo que aquí la batida no es más que un pretexto argumental vaciado de toda crítica ideológica en las antípodas de la mordacidad berlanguiana o de su más reciente y lúcida revisión que no es otra que ‘El opus’, tercer episodio de Vamos Juan (Diego San José, 2020). Una lástima.

Source – Elespanol