Entró en vigor: España gastará hasta 26 millones de euros para evaluar y mejorar el agua de nuestros mares

Las claves

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España invertirá hasta 26 millones de euros para reforzar el seguimiento y evaluación del estado de sus aguas marinas.

El convenio entre el Ministerio para la Transición Ecológica y el CSIC permitirá obtener datos científicos continuos y fiables sobre el medio marino.

El Instituto Español de Oceanografía será clave en la adquisición y análisis de datos, así como en la definición de objetivos ambientales.

Las estrategias marinas españolas se organizan por demarcaciones y buscan anticipar problemas, orientar medidas y cumplir con obligaciones europeas.

España ha dado un nuevo paso para saber mejor qué ocurre en sus aguas marinas. El Consejo de Ministros ha autorizado un convenio de 25,76 millones de euros entre el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico y el CSIC.

La cifra no se destina a una obra concreta en una playa ni a una actuación aislada. El objetivo es reforzar el seguimiento y la evaluación del estado del mar, dentro de las estrategias marinas españolas.

El MITECO aportará 15,65 millones durante 2026 y 2027. El CSIC contribuirá con 9,62 millones mediante recursos propios, investigación y adquisición y análisis de datos. La colaboración se apoyará especialmente en el Instituto Español de Oceanografía.

La cuestión que subyace detrás del acuerdo es cómo saber si los mares españoles avanzan hacia un buen estado ambiental. Para responderla hacen falta datos continuos, métodos comparables y ciencia especializada.

Las estrategias marinas no se limitan a comprobar si el agua parece limpia desde la orilla. Evalúan el estado de los ecosistemas, las presiones humanas y los objetivos necesarios para proteger el medio marino.

El convenio permitirá desarrollar trabajos de seguimiento, evaluación, adquisición y tratamiento de datos científicos. También servirá para revisar la definición del buen estado ambiental y establecer los objetivos que deben guiar las políticas públicas.

Después vendrán los programas de seguimiento y de medidas. Los primeros permiten saber cómo evoluciona el mar; los segundos definen qué actuaciones deben aplicarse para corregir problemas y acercarse a los objetivos marcados.

La Unión Europea utiliza once grandes descriptores para definir ese buen estado. Incluyen biodiversidad, especies invasoras, peces comerciales, redes tróficas, eutrofización, fondos marinos, contaminantes, basuras marinas y ruido submarino. El mar se evalúa como un sistema completo.

España organiza este trabajo en cinco demarcaciones marinas: noratlántica, sudatlántica, Estrecho y Alborán, levantino-balear y canaria. Cada una tiene condiciones ecológicas, usos y presiones diferentes.

La costa cantábrica no plantea exactamente los mismos retos que el Mediterráneo, el golfo de Cádiz o Canarias. Por eso, las estrategias se diseñan por demarcaciones y no como si todo el litoral respondiera igual.

El tercer ciclo de las estrategias marinas cubre el periodo 2024-2030. Sus primeras fases, centradas en evaluación, buen estado ambiental y objetivos, se publicaron en 2025. Los programas de seguimiento y medidas deben desarrollarse ahora.

Por qué el IEO-CSIC es clave

El nuevo convenio llega en ese punto del calendario. No parte de cero, sino que da continuidad a una planificación que se revisa periódicamente para incorporar nueva información científica y responder a cambios en los ecosistemas.

El acuerdo refuerza la colaboración entre la Dirección General de la Costa y el Mar y el Instituto Español de Oceanografía. El MITECO lo considera su organismo científico de referencia para el conocimiento del medio marino.

Observar el mar exige combinar campañas, series temporales, muestreos, análisis de laboratorio, cartografía y tratamiento de datos. Sin esa base científica resulta difícil decidir qué proteger, qué presión reducir o qué medida está funcionando.

La nota del ministerio subraya que el convenio permitirá disponer de conocimiento especializado para mejorar la evaluación de los ecosistemas. Ese conocimiento debe apoyar políticas de protección y sostenibilidad, no quedarse solo en informes técnicos.

También se trabajará en actuaciones relacionadas con la ordenación del espacio marítimo. El mismo mar concentra pesca, navegación, energía, conservación, turismo y otros usos, que necesitan planificarse con información suficiente.

El buen estado ambiental no equivale a un mar intacto, sin actividad humana. La Directiva Marco sobre la Estrategia Marina lo define como un océano ecológicamente diverso, limpio, sano, dinámico y productivo.

La cuestión es que los usos del mar sean sostenibles y no comprometan su capacidad de responder a las presiones humanas. Eso exige conocer límites, tendencias y daños acumulados, no actuar solo cuando un problema ya es evidente.

Los programas de seguimiento pueden incluir indicadores sobre contaminación, especies, fondos, basuras o ruido. El dato aislado importa menos que la evolución: saber si un parámetro mejora, empeora o se mantiene permite ajustar las medidas.

Por eso, evaluar el mar también sirve para anticipar decisiones. Una mala señal en un ecosistema puede obligar a revisar actividades, reforzar controles, modificar objetivos o plantear nuevas medidas de recuperación.

El convenio contribuirá además al cumplimiento de obligaciones europeas, en particular la Directiva Marco sobre la Estrategia Marina y la Directiva de Ordenación del Espacio Marítimo. España debe informar, planificar y actualizar sus medidas.

La inversión tiene una lectura de fondo. Proteger el mar empieza por medirlo bien. Sin seguimiento científico, las decisiones públicas pueden llegar tarde, quedarse cortas o basarse en una fotografía incompleta.

Los 25,76 millones no garantizan por sí solos que las aguas marinas alcancen el buen estado ambiental. Sí pueden mejorar la información disponible para saber dónde están los problemas y qué actuaciones resultan necesarias.

Source – Elespanol