El ‘agujero’ invisible de la vuelta al cole está en la nevera
Septiembre es uno de los meses en los que más se resiente la economía familiar. A los gastos habituales se suman los de la vuelta al colegio, las extraescolares y la recuperación de unas rutinas que durante el verano suelen relajarse. En medio … de este ajuste, hay una partida que se repite semana tras semana y que también ofrece margen para el ahorro: la cesta de la compra.
Según la Asociación Española de Consumidores, los gastos asociados a la vuelta al cole se sitúan este curso entre 635 y 1.849 euros por hijo, dependiendo de las circunstancias de cada familia. Con este escenario, revisar los hábitos de compra y consumo puede ser una forma de evitar que parte del presupuesto termine también en forma de alimentos desperdiciados. Uno de los errores más habituales es acudir al supermercado sin saber exactamente qué necesitamos. Revisar previamente la despensa, la nevera y el congelador, organizar un menú semanal y elaborar una lista ajustada a las necesidades de la familia permite reducir las compras duplicadas o innecesarias.
«La diferencia puede estar en algo tan sencillo como saber qué necesitamos realmente antes de hacer la compra», explica Marie Lindström, directora de Too Good To Go en España. Según señala, esta planificación permite aprovechar primero los alimentos que ya están en casa y hacer que cada compra responda a una necesidad concreta. También conviene mirar con cierta distancia las promociones. Una oferta no supone necesariamente un ahorro si el producto acaba sin consumirse. «Si compramos algo solo porque está rebajado, pero no lo necesitamos, estaremos gastando de más», apunta Lindström.
En este sentido, comparar precios y formatos y priorizar productos de temporada son otros de los pequeños cambios que pueden ayudar a ajustar la factura de alimentación. El desperdicio alimentario no se produce únicamente cuando un alimento acaba en la basura. Según un estudio citado por Too Good To Go, existen tres momentos especialmente relevantes dentro del hogar: la compra, el almacenamiento y el cocinado. Durante la compra, los hábitos impulsivos tienen un peso importante. El 49% de los consumidores se declara «adicto» a las promociones, un 26% reconoce comprar sin planificación y un 21% hacerlo «por si acaso». El problema aparece cuando esos productos finalmente no se necesitan o no llegan a consumirse.
El segundo punto crítico está en casa. El 50% reconoce no tener suficiente información sobre cómo conservar correctamente los alimentos y un 43% no dedica tiempo a organizarlos adecuadamente. Una de las recomendaciones es ordenar la nevera y la despensa siguiendo la regla FIFO —first in, first out—: colocar delante los productos cuya fecha de consumo está más próxima y detrás los que tienen una fecha más lejana. De esta manera resulta más sencillo utilizar primero los alimentos que llevan más tiempo en casa. El tercer momento llega al cocinar. Un 30% reconoce no calcular bien las cantidades, mientras que la falta de tiempo o de conocimientos para reutilizar los alimentos también puede contribuir al desperdicio. Las sobras pueden congelarse o convertirse en nuevos platos en lugar de acabar en la basura.
Lo que se tira también se paga
El desperdicio alimentario tiene una consecuencia que va más allá de la propia comida que se desecha: supone perder también el dinero que se ha pagado por ella. Según los datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación citados por Lindström, el desperdicio de alimentos supone alrededor de 250 euros por persona al año en España. De ahí que pequeñas decisiones repetidas a lo largo del tiempo puedan tener un efecto acumulativo sobre la economía doméstica. No se trata únicamente de comprar más barato, sino de conseguir que una mayor parte de aquello que se compra termine realmente siendo consumido.
La planificación adquiere así especial importancia en septiembre, cuando las familias recuperan horarios, colegios, extraescolares y comidas más estructuradas. Tener previsto qué se va a cocinar durante la semana permite ajustar las cantidades y utilizar antes aquellos alimentos que ya están en casa. Los hábitos de ahorro y aprovechamiento también pueden aprenderse en familia. Y los niños pueden participar en muchas de estas tareas sin convertirlas en una obligación añadida. Planificar juntos el menú, elaborar la lista de la compra, colocar los alimentos al llegar a casa o cocinar son algunas de las propuestas de Lindström. «Cuando les damos un papel activo en estas decisiones, el aprendizaje deja de ser una norma que tienen que cumplir y se convierte en algo que pueden entender y hacer suyo», explica.
«No hay que intentar modificar nuestros hábitos de golpes»
Marie Lindström
La cocina puede convertirse así en un espacio para enseñarles que detrás de cada alimento hay recursos, trabajo y esfuerzo, y que aprovecharlo correctamente forma parte de un consumo responsable. Además, la vuelta al cole supone un cambio de rutinas que puede facilitar la incorporación de nuevos hábitos. La recomendación de la experta es «no intentar modificarlo todo de golpe, sino introducir uno o dos comportamientos sencillos que puedan mantenerse durante el resto del año».
Planificar antes de comprar, aprovechar primero lo que ya hay en casa y aprender a conservar y reutilizar mejor los alimentos son las tres prácticas que la directora de Too Good To Go señala como punto de partida para reducir el desperdicio y aprovechar mejor el presupuesto destinado a alimentación.
Source – ABC News


