Carmen Avilés, la bailaora que viste al flamenco de chándal: “La ropa cambia la manera en que se recibe una canción”

Puede que Carmen Avilés astille el mundo con sus tacones. O puede que sus pies se dediquen, simplemente, a deshojar un universo de hormigón como si fuera de golosina. Lo seguro es que esa potencia al bailar no cede bajo ningún precepto.

No la amilanan ni las baldosas de la Giralda, ni una trampilla sobre el césped lampiño de su monte, ni los mayores escenarios de las distintas urbes españolas. Y eso que ella proviene de Puerto Lumbreras, un pueblo del interior de Murcia donde abundaba el duende pero escaseaban los guitarristas o los cantaores.

Aun así, Carmen Avilés buscó los estímulos necesarios para alimentar esos sueños de una niña que quería bailar. Y lo hizo como aquellos que aprenden libres, sin fronteras: bailó lo que encontró. Rock, pop, rap, electrónica o incluso el flamenco canónico, el que se conocía en los libros como ‘raíz’.

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Gracias a esa permeabilidad que daba frutos en el prodigio de sus tobillos, esta artista de 33 años ha pasado de aquellas verbenas a las grandes empresas. En 2025 publicó las canciones que conforman Carmela. Y luego las llevó a un espectáculo donde no le importa tanto el virtuosismo como lo global: la función de sus compañeras, el protagonismo de las voces, el compás de la percusión o la guitarra y el ambiente íntimo con el público.

Desde una pista con una arquitectura emocional que invoca a lo pionero, Avilés abandona el uniforme de la ortodoxia y viste al flamenco de chándal. Con una propuesta donde moderniza tradiciones o filtra distintos géneros a través de sus contorsiones, la bailaora demuestra la versatilidad de la disciplina y su visión panóptica del oficio.

Tras sus inicios en la academia de su madre, sus noches de tablao, sus colaboraciones con otros colegas como María José Llergo, Ángeles Toledano o Albertucho y el éxito de sus vídeos domésticos en redes sociales, Carmen Avilés se lanza a su coso particular.

Ese donde no sólo flotan las peinetas y los lunares, sino donde pueda agrietar el suelo con sus zapatos. Igual que lo hizo en la sala La Riviera de Madrid antes de responder por teléfono al surgimiento de esa identidad propia o a la evolución de su trayectoria.

Pregunta. Carmela ha ido creciendo concierto a concierto. ¿Qué ha aprendido del público durante estos meses?

Respuesta. Muchísimo. Siempre me gusta escuchar lo que opina el público, sobre todo lo bueno, pero también esas pequeñas cosas que se pueden mejorar. Ha habido comentarios que me han ayudado a cambiar detalles.

»Por ejemplo, la visibilidad: al final, la gente quiere verme los pies. Aunque yo quiera que estén de pie, en una sala de conciertos, eso es primordial. En las últimas actuaciones hemos elevado el escenario y se ha notado. Hemos ido mejorando mucho.

P. La propuesta lleva el baile flamenco a un formato que no suele ser el suyo. ¿Siempre tuvo esa idea de crear algo total, más allá del tablao?

R. Quizá haya bailaores que han nacido en Sevilla, Málaga o Jerez y han tenido el flamenco muy cerca. Yo era de un pueblo muy pequeño de Murcia, donde prácticamente no había guitarristas ni cantaores. Bailaba con las músicas que escuchaba en la calle, con canciones normales, y me imaginaba en un escenario grandísimo, como dando un concierto. Al final lo he conseguido.

»No creo que sea ninguna locura llevar el flamenco a lugares que no sean tablaos, a grandes escenarios, y que la gente esté de pie, interactúe y se divierta.

P. ¿Siente que el flamenco está viviendo una nueva etapa, con artistas que lo llevan a otros espacios y públicos?

R. Veo a muchos bailaores, cantaores y guitarristas experimentando con otras músicas. Hay artistas que están luchando para que el flamenco interese también a la gente joven. Yeray Cortés, Ángeles Toledano… Hay muchos caminos abiertos.

»Yo acompañé a María José Llergo en el Primavera Sound, haciendo palmas, y allí me di cuenta de que llevar el flamenco a un festival así no era ninguna locura. La gente estaba encantada. Lo que me parecía más difícil era llevar un espectáculo de baile, porque hay quien se pregunta cómo vas a llevar el baile a un festival. Hasta que no lo ves, cuesta imaginarlo. Pero yo lo tenía clarísimo.

P. Lo presenta como un concierto, no como un espectáculo de baile. ¿Qué cambia con esa definición?

R. Que todo gira alrededor de la música. De hecho, primero hice el disco porque quería que, cuando llegáramos al concierto, la gente conociera las canciones y pudiera cantarlas, como se sabe los temas de Alejandro Sanz o Manuel Carrasco. Quería que el público viviera aquello como un concierto, no como una exhibición de baile.

P. Mezcla electrónica, rock, pop, rap y flamenco. ¿Cómo se fue hilvanando ese recorrido?

R. Me ha salido de una manera muy natural, porque he pasado por todas esas etapas. Primero llegó el rock, después el rap, luego la electrónica y lo último fue el flamenco. En el espectáculo empezamos con la electrónica; después, cuando nos vestimos de cuero, todo se vuelve más roquero y nos inspiramos en Triana y en el rock andaluz. También aparece Thunder, que ha sido un referente para mí desde pequeña. Luego entramos en el pop, pasamos por el rap y terminamos con flamenco puro.

»Creo que tengo una creatividad que me nace desde niña. En la escuela de mi madre, en Puerto Lumbreras, montábamos cosas constantemente. Ella es un genio. A lo mejor me decía que quería montar El Quijote bailando y contaba conmigo para todo. Nos pasábamos el día lanzando ideas.

P. ¿Y el vestuario? En Carmela parece tener tanta importancia como la música o la coreografía.

R. Para mí tiene un 33,3 % de importancia. Otro tercio corresponde a la música y el baile. Y el restante, a la escenografía y las luces. El vestuario cambia muchísimo la forma de ver una coreografía. He ido viendo vídeos de la gira y modificando cosas. En una de las bulerías de Ángeles Toledano, por ejemplo, cambié el vestuario por una chaquetilla de Belén de la Quintana y un pantalón blanco de Adidas con las tres bandas negras. De repente, la gente empezó a fijarse mucho más en esa coreografía. La ropa transforma el universo de una canción y la manera en que se recibe.

P. Ha ido construyendo una identidad muy reconocible, aunque en ella convivan referencias muy distintas. ¿Cómo se encuentra una voz propia?

R. Yo voy robando un poquito de todo lo que me gusta. No cojo todo de una persona: tomo algo de aquí, algo de allá, y voy creando un universo con muchas inspiraciones. No todo sale de mi cabeza, obviamente. Hay cosas que sí y otras que no.

»Lo del chándal también surgió un poco sin querer. Empecé a subir vídeos ensayando con él y a la gente le gustaron. Entonces, pensé: “Si les gusta tanto y a mí también, ¿por qué no seguir?”. Al final, ha sido una mezcla entre el gusto de la gente y el mío. No hay nada más bonito que vestirte como quieras y que, encima, la gente flipe. Entiendo que no le guste a todo el mundo, pero la mayoría ha contribuido a construir este monstruo.

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P. ¿Cómo fue esa relación temprana con otras músicas y esa asimilación con el flamenco?

R. Bailé una canción de Violadores del Verso en las fiestas de mi pueblo cuando tenía once o doce años. Mi hermano era DJ y me decía: “Carmen, mira qué canción, báilamela en casa”. Si hubiera tenido un guitarrista cerca, quizá me habría ido con él y habría bailado flamenco. Pero como no lo había, bailaba lo que pillaba.

»Por eso digo que escucho canciones y me parecen flamenco la mayoría. Se trata de encontrarles la métrica, la musicalidad. A veces es más fácil y otras tienes que buscarla, pero yo puedo escuchar una canción y ver clarísimo que es flamenco. Me pasó con una de Kase O. que incorporamos al espectáculo: la pensé apenas una semana antes y tuvimos muy poco tiempo para prepararla. Sin embargo, lo vi enseguida.

P. Las redes sociales han sido decisivas para su carrera. ¿Cómo se pasa de publicar vídeos a levantar una producción de estas dimensiones?

R. Las redes han sido todo. Si no, probablemente seguiría bailando en otras compañías o en los tablaos de Madrid, que era donde estaba antes. Crear una compañía es complicadísimo. La gente empezó a pedirme más cosas: después de un vídeo, una actuación. O que fuera a bailar a una fiesta privada. Y llegó un momento en que pensé: “¿Por qué no hago algo mío, si tanto les gusta?”.

»También ha sido fundamental Alejandro [Astola, pareja y compositor, conocido por su estilo propio y su etapa en el grupo Fondo Flamenco], que me ayudó muchísimo y presentó el proyecto a mi oficina. Una sola persona no puede montar un imperio: necesitas que otros crean en lo que haces. Cuando empezamos a buscar salas por España, yo estaba muerta de miedo. Solo saqué una fecha en Madrid porque no sabía cómo iba a recibirlo la gente. Fue una locura. A partir de ahí todo ha ido muy rápido.

P. Antes de Carmela, pasó por tablaos y obras de teatro. Entre ellas Malinche, el musical de Nacho Cano. ¿Qué le aportó esa experiencia?

R. Con el tablao aprendí que no estaba hecha para quedarme ahí, que necesitaba otra forma de expresarme. Por eso busqué compañías de danza. En Malinche se me abrió muchísimo la mente: vi cómo trabajaba Nacho Cano, cómo funcionaba una gran producción y cómo se organizaba todo técnicamente.

»Una cosa es tener buenas ideas y otra saber llevarlas a cabo. Si no hubiera pasado por una compañía, no sé si habría podido montar lo que he montado, dirigir a diez personas en el escenario y coordinar a los técnicos de sonido y de luces. Esos años fueron esenciales para aprender a ser coreógrafa y directora.

P. A lo largo de este progreso, ¿se aprende a controlar la inseguridad o el miedo?

R. Soy horrorosa en ese sentido. No quería bailar en el tablao porque era muy insegura y quería ser perfecta, pero la perfección no existe. Tenía muchísimo respeto a los maestros y no quería faltarles al respeto ni meter la pata. Acababa amargada.

»Ahora, con mi propia compañía, me pasa algo parecido. El otro día incluso pedí perdón por mi inseguridad, porque a veces me fallaban las piernas y el cuerpo no me respondía. Espero que, cuando Carmela esté más rodado, esa inseguridad vaya desapareciendo. En el tablao nunca se me fue del todo, y ojalá esta vez sea diferente.

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P. ¿Qué ha descubierto de sí misma al levantar algo tan completo?

R. He aprendido a ser humilde y me llevo un valor humano enorme de toda la gente con la que he trabajado. Creo que hemos conseguido lo que hemos conseguido porque siempre he querido estar a su altura, hacer los mismos ensayos y participar en todo.

»Cuando llegamos a un sitio, muchas veces soy la primera que se va a las cuatro de la tarde, aunque el equipo me diga que tengo que llegar la última, que debo concentrarme y reservarme. Pero ese esfuerzo ha servido para que el espectáculo mejore cada día. Al final, creo que el trabajo incansable es lo que me está llevando hasta donde he llegado.

Source – Elespanol