A tortas por el dinero de los ricos: un negocio de 10.000 millones en comisiones que ningún banco se quiere perder
Un Porsche 911 Carrera verde oliva se incorpora lentamente a la calle Jenner de Madrid, en el barrio de Chamberí. Sale de una pirámide. Una pirámide discreta, casi escondida. Su interior alberga infinidad de tesoros: cuadros de Antoni Tàpies y Fernand Léger, muebles de época, grabados… Pocos ojos contemplan esas obras de arte. El edificio representa el auge de uno de los negocios financieros más rentables y disputados: el asesoramiento a grandes fortunas, que ahora vive una nueva edad de oro en España.
Del cliente ‘affluent’ a la banca para ultrarricos

La definición sobre qué es ser rico depende mucho de a quién se le pregunte. De acuerdo con los datos del Banco de España, tener un patrimonio neto de más de 380.000 euros sitúa a una persona con más patrimonio que el 90% de los adultos españoles. Así, alguien con 30.000 euros en el banco y una casa en propiedad en Madrid, San Sebastián o Barcelona podría considerarse de clase alta. Los bancos empiezan a considerar a un cliente como preferente a partir de un patrimonio financiero de más de 50.000 euros. Desde esta cota y hasta los 300.000 euros, las entidades hablan de segmento affluent —alguien que va camino de hacerse rico—. Después vendrían los clientes de banca patrimonial (de 300.000 a 600.000 euros de patrimonio financiero, como cuentas, depósitos o fondos). Y más arriba en el escalafón aparece la pura banca privada: entre 600.000 euros y un millón de euros.
A partir de aquí es cuando aparecen los clientes más atractivos. Aquellos a los que los banqueros siempre cogen el teléfono. A los que invitan a los palcos VIP del Bernabéu. Pero incluso en este tramo hay castas. Entre un millón y 30 millones, las consultoras hablan de individuos de alta riqueza (high net worth, HNW), y a partir de ese nivel aparecen los llamados ultra high net worth, UHNW. Los ulrarricos. Para estas familias, los servicios son mucho más exclusivos y personalizados. Su banca privada puede ayudarles a diseñar una fundación de arte en la que depositar parte de su patrimonio, o a mediar entre hermanos. En estos casos, lo habitual es que los banqueros no traten el día a día de las inversiones con la familia, sino con algunos de los empleados de su oficina familiar. Normalmente, se considera que la cifra para tener un family office propio está en unos 300 millones de euros. Entre los 30 y los 300 millones, es frecuente que diferentes grupos empresariales con cierta afinidad compartan recursos. De hecho, este es el origen de algunas gestoras de activos españolas, como Acacia Inversiones, de Bilbao. En los últimos años, son varias las fortunas que han creado sus propias gestoras de fondos para gestionar sus inversiones en Bolsa y bonos.
Source – elpais.com

