‘Verborrea’, la rancia nostalgia del punk

Tanto talento reunido en Nave 10, con Javier Cámara al timón, para esta diarrea literaria de Pablo Remón que, efectivamente, hace justicia a su título. Mucha palabrería para cantar el glamour de personajes marginales e insustanciales y hacer chistecillos que contentan al público.
En Verborrea hay una peregrinación tras los rastros de un padre, el que “matamos” de jóvenes y con el que nos reconocemos o identificamos en la madurez no sin sorpresa. Aquí es un padre que vivió en Cuelgamuros, ayer el Valle de los Caídos y antes de ayer Cuelgamoros, donde tuvo plantada una socorrida caravana parece que en un camping y en la que vivió con sus hijos, unos muchachos que recuerdan aquellos años de juventud como una etapa bucólico–pastoril.
El padre era un facha y se alistó en la División Azul en 1941, pero no esperen más de esta historia, porque importan sus hijos rebeldes, uno más que otro: el menor, Segis (Israel Elejalde), lidera la banda punki Verborrea, contemporánea de Extremoduro –con lo que nos plantamos en la década de los 80–, mientras el hijo mayor es su manager, Kike (Javier Cámara). Tienen amigos con los que se dan a los estupefacientes y a hacer el vago, el punkarra descerebrado de Tomé y la novia murciana de Segis (Marta Nieto).
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La obra va de recordar. Mejor dicho, de que unos recuerden a otros. Remón ha explicado que la pensó como si fuera una cassette grabada con los recuerdos de juventud de cada uno de los personajes. Así que nos larga un monólogo tras otro sobre el rancio encanto de las drogas, cuando se pusieron de moda en aquellos años, y toda esa mitología que envuelve a las bandas de rock, aquí de punk.
El tema está trilladito y se aborda con nostalgia; el paso del tiempo es asunto que le ha tocado hondo al autor desde que montó la exuberante Vania x Vania (también con Cámara), sobre el que volvió con menos fortuna en El entusiasmo y en el que continúa.
Pensé en otra de sus obras, Los mariachis, porque también hay una peregrinación, la de un político corrupto que vuelve a su pueblo, en busca de sus orígenes. Aquella es original, ambientada en la España vaciada, se entendía mejor, era más magra; el político protagonista era Israel Elejalde y también figuraba Emilio Tomé como pobre hombre de campo al que abandonan su mujer e hija para irse a vivir a la ciudad.
Pero este manager de Javier Cámara es un raro cruce entre Torrente aseadito, como si eso fuera posible, con los andares de Chiquito de la Calzada. Su personaje de hermano listo, acomodaticio y fullero gana hacia el final de la obra –gran momento cuando habla con Dios–. Pero sabemos de lo que es capaz, lo hemos visto brillar en otras piezas de Remón como Los farsantes o la citada Vania x Vania.
El problema es que la fórmula remoniana de teatro narrado ya no la salva ni Javier Cámara. Echo de menos personajes dialogando, tomando decisiones que modifican situaciones y dan pie a conflictos y choques entre ellos, transformándose con sus movimientos, sus gestos, sus silencios y sus palabras… y haciendo así avanzar la historia que van construyendo delante de las narices del espectador. Se dirá que eso supone el retorno al viejo drama… Sí, pero mucho más viejo es actuar como un rapsoda o a un mensajero.
Verborrea
Nave 10. Matadero, hasta el 1 de de noviembre
Texto y dirección: Pablo Remón
Espacio sonoro: Sandra Vicente
Intérpretes: Javier Cámara, Israel Elejalde, Marta Nieto, y Emilio Tomé
Escenografía: Mónica Boromello
Iluminación: David Picazo
Vestuario: Ana López Cóbos y Sara Sánchez de la Morena
Una producción de Nave 10 Matadero y Buxman Producciones, con el apoyo de Crea SGR
Source – Elespanol

