Hollywood Roosevelt, el hotel donde se entregaron los primeros Oscar y sigue viviendo el fantasma de Marilyn Monroe

Casi todos los hoteles con solera acaban teniendo un fantasma. En el Stanley de Colorado, el que inspiró El resplandor, aseguran que un piano toca solo. En el Langham de Londres, la habitación 333 concentra buena parte de las apariciones. Y en el Parador de Cardona, la 712 tiene su propia leyenda de presencias inexplicables.
Pero pocos pueden presumir de una inquilina como Marilyn Monroe. O, mejor dicho, de su fantasma. El de la actriz que lleva décadas protagonizando la leyenda más famosa del Hollywood Roosevelt, el hotel de Los Ángeles donde vivió dos años en los comienzos de su carrera.
Según cuentan, Marilyn todavía se aparece en un espejo de cuerpo entero que estuvo en su habitación. Hay huéspedes que aseguran haber visto su reflejo y esa cabellera rubia tan característica, cuando nadie más se encontraba frente a él. Que sea verdad es otro asunto. Que la historia encaja a la perfección en Hollywood, eso nadie lo discute.
La actriz vivió durante 2 años en el hotel, justo al inicio de su carrera
Y no es el único huésped con dificultades para hacer el check-out. De la habitación 928 dicen que aún salen sonidos de corneta, el instrumento que Montgomery Clift practicó mientras preparaba De aquí a la eternidad. Carole Lombard, por su parte, tendría por costumbre dejarse ver cerca de la suite que compartía con Clark Gable. Y hasta el antiguo salón de baile tiene sus propios caballeros fantasmales.
Los primeros premios Oscar
Para entender tantas apariciones hay que retroceder casi un siglo. El 15 de mayo de 1927 abrió en Hollywood Boulevard un hotel de doce plantas bautizado en honor al presidente Theodore Roosevelt. Entre sus inversores figuraban Douglas Fairbanks, Mary Pickford, Louis B. Mayer y Sid Grauman, y el cine estaba a punto de cambiar el mudo por el sonoro.
Solo dos años después, el 16 de mayo de 1929, su Blossom Ballroom acogió la primera ceremonia de la historia de los premios Oscar. La entrada costaba cinco dólares, asistieron unas 270 personas y el reparto de estatuillas duró quince minutos escasos. Douglas Fairbanks ejerció de anfitrión y Alas, de William A. Wellman, se llevó el premio a la mejor película. Nada que ver con las galas interminables de hoy.
El Blossom Ballroom acogió en 1929 la primera ceremonia de los Óscar, con unos 270 invitados
Las leyendas de alcoba también vienen de entonces. Aquí se veían a escondidas Clark Gable y Carole Lombard, cuando él todavía estaba casado. Y, según otra anécdota muy repetida, Bill «Bojangles» Robinson enseñó a una jovencísima Shirley Temple a bailar claqué en la escalera de azulejos que todavía comunica el vestíbulo con la entreplanta.
Los tiempos peores llegaron después. Tras décadas de fiestas y estrenos, el Roosevelt perdió su brillo y llegó a cerrar temporalmente en los años ochenta. La recuperación trajo sorpresas muy agradables, como que al retirar el falso techo del vestíbulo quedó al descubierto el artesonado original, oculto durante décadas, y en los sótanos apareció, desmontada en unas sesenta piezas, la lámpara de araña de hierro forjado que había presidido aquel espacio. Restaurarla llevó seis meses.
Dicen que Bill Robinson enseñó a bailar claqué a Shirley Temple en el hotel
Hoy vuelve a colgar sobre el vestíbulo, entre columnas, palmeras y una fuente histórica. En 1991, el Roosevelt fue declarado monumento histórico-cultural de Los Ángeles, lo que protege buena parte de ese patrimonio.
Dos maneras de dormir
La relación con Marilyn Monroe comenzó cuando todavía era una actriz en ascenso. Se instaló en el hotel durante aproximadamente dos años, en una de las habitaciones junto a la piscina, y allí posó para una de sus primeras fotografías publicitarias, cuando la que había nacido como Norma Jeane Mortenson estaba a punto de convertirse en icono.
Las habitaciones de la torre original combinan detalles clásicos con una estética renovada
Precisamente 2026 marca el centenario de su nacimiento, el 1 de junio de 1926. El hotel conserva una suite con su nombre y vistas a la piscina, y sigue atrayendo a quienes quieren seguir sus pasos. Lo de encontrarse con su reflejo, eso sí, no figura entre los servicios de la habitación.
Dormir aquí puede hacerse de dos maneras. En la torre original están las habitaciones de aire clásico, renovadas en 2015, algunas con vistas a Hollywood Boulevard y el Paseo de la Fama y a las colinas donde se alza el cartel de Hollywood. Alrededor de la piscina, las cabanas, de estética más californiana, con balcones y terrazas abiertas al sol.
David Hockney pintó en 1988 las formas ondulantes que decoran el fondo de la piscina Tropicana
Es alrededor de esa piscina repleta de palmeras, la conocida como Tropicana Pool, donde se encuentra otro de los tesoros de este emblema. Se inauguró en 1950 y fue escenario de sesiones de fotos y encuentros de estrellas, pero su rasgo más singular llegó en 1988, cuando David Hockney pintó en el fondo unas formas azules ondulantes. Son pocos los hoteles donde uno puede darse un baño sobre una obra de arte.
Cabaret camino al centenario
Podría hacerlo, pero el Roosevelt no vive de la nostalgia. En agosto de 2026 estrenó Gable, un restaurante bautizado en honor al actor y dirigido en lo gastronómico por Chris Flint, que trabajó en Eleven Madison Park y Maude. La cocina gira alrededor del fuego y de los sabores de la Los Ángeles multicultural, con propuestas como una pizza de bulgogi y kimchi.
Gable, inaugurado en agosto de 2026, apuesta por una cocina californiana con protagonismo del fuego
A pocos pasos, The Spare Room esconde dos pistas de bolos antiguas, juegos de mesa y una barra de cócteles. El Library Bar es el lugar para reunirse y disfrutar de unos cócteles de autor en la ciudad y Cinegrill mantiene viva la tradición del cabaret y las actuaciones musicales.
Una chimenea y una cuidada selección de cócteles forman parte de la oferta nocturna del hotel
Este Halloween, además, el Roosevelt celebra una gran fiesta que se extenderá por la piscina, el salón de los primeros Óscar y otros espacios del edificio. Con semejante reparto de aparecidos, la noche promete.
En mayo de 2027, el hotel cumplirá cien años. Ha sobrevivido a los cambios de la industria cinematográfica, a épocas de decadencia y a sucesivas reformas. Y mientras sus habitaciones sigan llenándose de huéspedes, habrá quien busque entre los espejos a la más célebre de todos ellos. Por si Monroe, efectivamente, nunca se hubiera marchado.
Source – El Español – Destinos


