El renacer del templo belga del diseño: 24.000 objetos que recogen siete siglos de genialidades

Gante suma un nuevo atractivo cultural en pleno centro histórico. El Design Museum Gent, el mayor museo belga dedicado al diseño, reabrió sus puertas el pasado 3 de octubre después de una profunda renovación que ha transformado tanto sus espacios como su manera de acercarse a los visitantes.

Fundado en 1903, el museo conserva 24.000 objetos y dibujos de archivo que recorren más de 700 años de historia del diseño, desde piezas históricas hasta creaciones contemporáneas. La nueva etapa amplía sus posibilidades expositivas y refuerza la idea de diseño no solo como una cuestión estética, sino también una herramienta para comprender cómo vivimos y nos relacionamos con nuestro entorno.

La intervención arquitectónica combina la restauración de edificios históricos, que abarcan desde el siglo XVI hasta el XX, con la construcción de una nueva ala diseñada por los estudios Carmody Groarke, del Reino Unido, y ATAMA, de Bélgica. Esta pieza conecta el Hotel de Coninck, sede histórica del museo, con el ala construida en 1992, y amplía el espacio disponible para exposiciones, talleres, conferencias y eventos.

La nueva facha del Museo de Diseño de Gante vista desde su jardín.

La nueva facha del Museo de Diseño de Gante vista desde su jardín. Filip Dujardin

Uno de los objetivos de la renovación ha sido abrir el museo a la ciudad. La nueva ala funciona también como una suerte de sala municipal, un espacio de acceso gratuito concebido para propiciar encuentros, acoger actividades o, sencillamente, hacer una pausa durante la visita a Gante. El patio del Hotel de Coninck recupera, además, su función de jardín y punto de orientación dentro del conjunto arquitectónico.

La sostenibilidad también forma parte de esta transformación. La nueva fachada incorpora 80.000 ladrillos circulares diseñados para el proyecto, fabricados en Gante a partir de residuos locales. Entre los materiales empleados destaca el Gent Waste Brick, compuesto en un 63% por residuos procedentes de la ciudad, que, además, los visitantes se pueden llevar como souvenir de recuerdo, tras pasear por el museo.

El museo no pasa desapercibido desde Graslei, el mítico canal de la ciudad.

El museo no pasa desapercibido desde Graslei, el mítico canal de la ciudad. Filip Dujardin

La elección de estos elementos refleja una de las líneas de trabajo del museo que se centran en explorar cómo los materiales, los procesos de producción y las decisiones de diseño pueden contribuir a un modelo más sostenible.

Una colección histórica

La reapertura recupera también los orígenes del museo con una exposición de alrededor de 500 objetos históricos, organizada en torno a cinco conceptos: copia, confort, migración, plegado y conexiones. En lugar de presentar las piezas únicamente como ejemplos de estilos o épocas, la muestra propone examinarlas desde cuestiones que siguen vigentes en la sociedad actual. La selección reúne iconos del diseño belga e internacional junto a obras y autores menos conocidos, e invita a cuestionar las ideas que hay detrás de cada objeto.

Entre las figuras representadas en la colección se encuentran nombres fundamentales de la historia del diseño, como Alvar Aalto, Charles y Ray Eames, Victor Horta y Henry van de Velde. Sus trabajos permiten recorrer distintas maneras de entender la relación entre forma y función, pero también plantean preguntas sobre la vida cotidiana, el confort, la convivencia y el impacto de los objetos que nos rodean.

La sala donde está presente la colección Scenography.

La sala donde está presente la colección Scenography. Filip Dujardin

El diálogo entre épocas se prolonga a través de las propuestas de diseñadores contemporáneos como Kana Arioka, OpenStructures y Victor Verhelst, que han desarrollado nuevas creaciones inspiradas en las piezas históricas. Así, el archivo deja de ser únicamente un testimonio del pasado para convertirse en una fuente activa de experimentación.

La escenografía, concebida por los arquitectos Nord y Laura Muyldermans, acompaña este planteamiento mediante una combinación de materiales artesanales e industriales, con paredes de arcilla y estructuras circulares de acero. La propuesta muestra cómo las técnicas tradicionales pueden convivir con tecnologías avanzadas y generar nuevas posibilidades para el diseño.

La IA llega al diseño

El museo incorpora también Public Matter(s). Diseño y democracia, una exposición temporal que se extiende por las salas y los alrededores del edificio mediante la ruta interactiva Democracy Fitness Trail. El recorrido invita a reflexionar sobre la participación ciudadana y la importancia de la democracia en la vida cotidiana.

La obra Freeze Frame 82.2, una puerta de entrada al nuevo Museo de Diseño de Gante.

La obra Freeze Frame 82.2, una puerta de entrada al nuevo Museo de Diseño de Gante. Johan Dehlin

El proyecto se inspira en la tradición democrática de Gante y en la colaboración del panel DE40, integrado por 40 ciudadanos que participaron en el desarrollo del concepto del museo con el propósito de hacerlo más accesible y relevante para la sociedad local.

La tecnología tiene igualmente su espacio. La instalación digital Searcher utiliza inteligencia artificial para explorar la colección y establecer conexiones entre diferentes piezas, proponiendo nuevas formas de descubrir los fondos del museo. A ello se suma CO-LAB, un espacio de encuentro entre diseñadores, estudiantes y ciudadanos para trabajar conjuntamente sobre cuestiones sociales contemporáneas.

Source – El Español – Destinos