Blanca Marsillach: «El teatro es un arma terapéutica contra el acoso escolar»
En Belcebú, de Varela producciones y la Compañía de Teatro de Blanca Marsillach, la función no termina cuando cae el telón. Después de la representación, centrada en denunciar el acoso escolar, los jóvenes participan en un taller con una psicóloga en el … que pueden compartir sus experiencias y plantear sus dudas. «En el escenario, en cierto modo, se produce la magia. Los chicos suben y empiezan a hablar de sus problemas. Hemos tenido casos de profesores que nos dicen: «Yo no sabía que este chico o esta chica había pasado por esto»», relata Blanca Marsillach. La experiencia le ha demostrado que el teatro puede contribuir a detectar situaciones de bullying que habían pasado inadvertidas. «La combinación de la representación y el posterior trabajo psicológico permite identificar posibles problemas y orientar a los jóvenes hacia los profesionales adecuados», asegura.
La obra ha ido evolucionando con el paso del tiempo. Al principio, reconoce, «nos centrábamos mucho en el acoso escolar físico y verbal, pero poco a poco hemos incorporado el acoso digital, el que se produce a través de las redes sociales, los grupos de WhatsApp y otros medios de comunicación mediante pantallas». Para ella, esta exposición digital de los menores ha agravado sin duda la situación. «La difusión de imágenes comprometidas, la publicación de contenidos fuera de contexto o la humillación pública pueden tener consecuencias devastadoras para los adolescentes. Te das cuenta de cómo estamos manipulados por las redes sociales y del daño que pueden hacer», advierte. A esa presión, añade, «se suma la comparación constante con las imágenes idealizadas que circulan por internet. Si ya te sientes como el patito feo y encima sufres bullying en el colegio, compararte además con el postureo de las redes sociales es como una gotita que va minando tu autoestima hasta dejarte por los suelos».
Por eso, explica esta actriz y promotora, «el trabajo de la compañía no se limita a representar el problema. A través del taller posterior, se busca identificar el origen de las situaciones de acoso y proporcionar herramientas para abordarlas. El valor del teatro reside precisamente en esa capacidad de hacer visibles realidades que a menudo permanecen ocultas y de generar un espacio en el que los jóvenes puedan expresarse sin miedo. El teatro -recalca-, es como una tabla de salvación. Justo cuando piensas que te vas a hundir, ves un resquicio por el que salir». El proyecto teatral contra el acoso escolar nació en 2019, en un momento en el que esta lacra ocupaba ya un lugar destacado en el debate social sobre la infancia y la adolescencia. Desde entonces, la compañía ha ido actualizando los contenidos de la obra para adaptarlos a los cambios sociales y a las nuevas formas de violencia entre iguales.
Uno de los aspectos más importantes es la participación de los estudiantes. «No es lo mismo mandar a un niño a hacer una cosa, o que aguante una charla magistral, que hacerle partícipe de algo», señala «La obra y el taller posterior crean un espacio de reflexión y seguridad en el que los jóvenes pueden plantear preguntas, compartir inquietudes y recibir herramientas para afrontar situaciones difíciles». Para ello cuentan con el asesoramiento de la psicóloga Nela Aragón, del gabinete PSIC NAMÓN (especializado principalmente en el abordaje del trauma relacional y el Trastorno Límite de la Personalidad), que ayuda a los estudiantes a comprender cómo empieza el acoso, cómo identificarlo y qué pueden hacer para frenarlo.
«En el acoso intervienen tres roles: quien recibe la agresión, quien la ejecuta y quien la presencia»
Nela Aragón
Psicóloga del gabinete Psic Namón
En el bullying, explica Aragón, «intervienen tres roles fundamentales: quien recibe la agresión, quien la ejecuta y quien la presencia. Es en esta última figura donde la psicología clínica pone hoy su mayor foco de atención. Esto es porque la inmensa mayoría de jóvenes en las aulas pertenecen al grupo de los observadores. Y, al verse reflejados desde el público, los estudiantes entienden que su presencia no es neutra, la pasividad también juega un papel. El objetivo de todo esto es hacerles conscientes de que esta figura tiene un peso enorme y una capacidad de acción crucial para apoyar a la víctima y frenar al agresor».
«Vamos a dónde nos llaman»
La compañía trabaja en colaboración con administraciones públicas, centros educativos y entidades privadas para acercar la obra a los jóvenes. «Vamos a dónde nos llaman», puntualiza Marsillach. Esto les llevó en septiembre a celebrar una de las sesiones en el colegio Mirasierra de Madrid, mientras que en octubre se representó en el salón de actos de CECA, con la asistencia de estudiantes de distintos centros educativos. Las próximas se realizarán entre Aragón y Canarias, donde la compañía prevé realizar nuevas representaciones en colaboración con sus respectivos gobiernos autonómicos, así, hasta celebrar unas cuarenta funciones por año. aproximadamente.
La respuesta de los centros educativos también ha puesto de manifiesto la utilidad de la iniciativa, «llamándonos en numerosas ocasiones para agradecernos nuestro trabajo, tras detectar situaciones de acoso que desconocían y trasladarlas a los profesionales correspondientes», apunta. Para Marsillach, «estas experiencias muestran que el teatro puede ser una herramienta de prevención y sensibilización, capaz de implicar directamente a los jóvenes y contribuir a que las situaciones de acoso escolar se identifiquen y se aborden a tiempo».
Hacer este tipo de representaciones sociales es un fin en sí mismo. «El teatro puede convertirse en una auténtica tabla de salvación, una herramienta capaz de despertar conciencias y ayudar a las personas a conectar consigo mismas y con los demás», asegura la actriz, quien para concluir la entrevista recuerda una frase de su padre, cuya casa conserva una placa con estas palabras: «No soy tan ingenuo como para pensar que el teatro puede cambiar a la sociedad, pero estoy seguro de que puede ayudar a despertarla».
Source – ABC News



