Las columnas de Umbral mantienen viva la llama de la fiesta: un libro condensa su faceta como articulista

Los calificativos amazónico y todoterreno podrían describir a Francisco Umbral (Madrid, 1932-2007). Cultivó todos los géneros literarios: periodismo, novela, ensayo, crítica, poesía y hasta hizo una ocasional incursión en el teatro. Y publicó un centenar largo de libros.

Escribir lo vivido. Artículos periodísticos (1955-2007).

Escribir lo vivido. Artículos periodísticos (1955-2007). Biblioteca Castro

Escribir lo vivido. Artículos periodísticos (1955-2007)

Francisco Umbral

Edición de Miguel González Somovilla. Biblioteca Castro, 2026
CXXXVIII y 829 páginas. 58 €

Los mismos adjetivos valen para su escritura periodística: se multiplicó por la “columna”, el reportaje, la crítica, la crónica, la semblanza o la entrevista. No se ha podido cuantificar bien su presencia en los medios de comunicación, prensa y radio, pero se estima que podría subir hasta las 50 mil piezas que circularon en un centenar largo de cabeceras.

Un muestrario de esta última dedicación ofrece el esmerado y laborioso trabajo de Miguel González Somovilla (MGS) bajo un acertado título que subraya la sustancia autobiográfica del escritor e indica el contenido del tomo, Escribir lo vivido. Artículos periodísticos (1955-2007). El propio Umbral les dio en varias ocasiones una segunda vida a sus artículos en libro, aparte de reciclarlos sin rubor en diversas obras, pero no existe una compilación unitaria tan amplia y con tal voluntad de representar las variantes de su prosa volandera como ésta.

El esfuerzo de MGS ha sido grande y ejemplar por la oceánica marea de textos que ha manejado para elegir entre ellos, y por los bastantes que ha exhumado de lugares casi desconocidos, lo cual permite considerarlos como inéditos. Y no acaba aquí el mérito del antólogo, quien, además, aporta novedades biográficas, hemerográficas y críticas sustanciales.

No se limita a recolectar datos sabidos, sino que hace una labor detectivesca en repositorios documentales y hasta ha entrevistado a unas cuantas personas. No es el suyo un trabajo de filólogo, advierte él mismo, sino el de un periodista y de ello se deriva un asedio múltiple y animado del autor a quien tanto admira.

De este planteamiento deriva un recorrido jugoso por la vida y milagros –biográficos, periodísticos y también literarios– de Umbral. Que se complementa con un nutrido álbum de ilustraciones fotográficas y documentales cuando menos oportunas, también curiosas y hasta inéditas. Todo está pensado con vistas a atraer al lector, a brindar una grata compañía a la lectura de los textos.

El gran y fructífero trabajo de MGS produce, paradójicamente, algunos efectos no deseables. En la antología de artículos incluye textos que no lo son, aunque tengan andadura de artículo, tal los discursos con motivo de la entrega de sendos premios y un par de pregones. No justifica su presencia el que posean especial significación para el escritor.

Uno de los apartados, y largo, del libro, “La escritura perpetua”, está formado por opiniones y semblanzas tirando a ditirámbicas que sobran por completo. Las muchas páginas introductorias dedicadas al padre del escritor, aun de verdad interesantes, y con alguna primicia, también son prescindibles, o debieran tener menos extensión. Están bien para una biografía, pero no para el prólogo de una antología de artículos.

La entusiasta dedicación umbraliana de MGS tiene, en cambio, un magnífico efecto en un aspecto que el lector apresurado no suele valorar mucho, en las notas a pie de página. Buenas, y quizás asimismo un poco excesivas, las del prólogo y valiosas las abundantes que acompañan a los artículos, por desgracia colocadas seguidas y con letra diminuta en un latoso bloque final. Una pena que esta negligencia de la Biblioteca Castro obligue a una sacrificada gincana que impide el placer de la lectura.

Siendo colosal el articulismo umbraliano, ha debido de suponer un reto y un trabajo torturante la selección, incluso tratándose de un muestrario tan amplio. Además, nada más fácil que ponerle peros cuando está condicionado por la subjetividad.

El antólogo ha hecho un trabajo magnífico, no libre de alguna puntualización. No ha recogido la crítica literaria, modalidad que Umbral frecuentó en Poesía española. Insiste en la hostilidad de la dictadura hacia Umbral y en su izquierdismo.

Estampa lúcida, irónica, interesada, caprichosa y escéptica de una época, este conjunto de piezas mantiene en pie su mérito literario

Convendría haber recalcado el mucho tiempo que se alimentó con medios del Movimiento: el señalado, La Estafeta Literaria o Mundo Hispánico. Tampoco recupera un singular tipo de artículo, la columna invertebrada “Madrid literario” de El Norte de Castilla. Y yo habría escogido (perdóneseme la injerencia) una magistral conversación entre gourmets con Cunqueiro, en La Estafeta, maridada con humor y cultura. Se encuentra abundante representación de las cabeceras insoslayables: Diario16, El País, El Mundo, El Norte de Castilla.

Pero MGS no se ha limitado a esta labor cómoda. Su selección bucea en sitios casi recónditos como los leoneses Arco y Proa, donde se desbravó el impaciente joven; atiende a su actividad radiofónica: las líricas “Buenas noches” y “Buenos días” de La Voz de León y las poco más que lucrativas viñetas en Radio Nacional u Onda Cero; mira la populista Interviú, la profesional de los médicos Jano y extrae de Mundo Obrero el creativo obituario de Blas de Otero.

No era fácil manejar un repertorio procedente de una treintena de medios y de muy dilatada cronología. Ha acertado de pleno MGS en su ordenación que evita la monotonía del orden temporal o temático. Conjuga ambos y de ello resulta un panorama abarcador y entretenido de las múltiples teclas del periodismo umbraliano que corrobora, si hiciera falta, esa pulsión seminal del escritor de convertir todo lo que su Olivetti tecleaba en materia biográfica y, también, en vivir para mecanografiarlo.

Uno conoció muchas de estas piezas en su fecha y ahora, al revisitarlas, corrobora su virtualidad presente. Han perdido en parte, claro, su valor de crónica de inmediatez, pero, aun así, siguen valiendo como estampa lúcida, irónica, interesada, caprichosa y escéptica de una época. Y, sobre todo, queda en pie su mérito de artefacto literario.

Repetía el olvidado Isaac Montero, él, tan poco umbraliano por ideas y estilo, que suponía una fiesta leer las columnas de Umbral. En ninguna, decía, aunque trate de un asunto banal, y solo cumpla la rutina cotidiana del oficio, falta un fulgor de estilo.

Source – Elespanol