La vuelta al cole de los niños neurodivergentes empieza mucho antes de septiembre
Para muchos niños, volver al colegio significa reencontrarse con amigos, profesores y actividades conocidas. Pero para algunos menores neurodivergentes, septiembre supone además enfrentarse de nuevo a un entorno lleno de cambios, demandas y situaciones que no siempre resultan fáciles de interpretar. Recuperar rutinas, … saber qué les espera y contar con puntos de referencia puede ayudarles a afrontar la transición con mayor seguridad.
«El colegio puede ser un enorme facilitador del desarrollo, pero también puede convertirse en una barrera», explica Ana González, psicóloga sanitaria y directora de Busca&Encuentra. La especialista recuerda que para algunos niños volver a clase implica encontrarse de nuevo con «palabras, señales sociales, ruidos, transiciones, desplazamientos, esperas, normas no siempre explícitas y exigencias académicas y sociales». De ahí que la vuelta pueda despertar entusiasmo por reencontrarse con determinadas personas o actividades, pero también miedo e incertidumbre.
Una de las herramientas que más puede ayudar a las familias es la anticipación, aunque González advierte de que más anticipación no significa necesariamente mejor preparación. «Hay que ajustar tres cosas: cuándo anticipamos, cuánto anticipamos y cómo lo hacemos», señala. No todos los niños necesitan saber con semanas de antelación cómo será cada detalle de septiembre. Mientras que para algunos conocer el nuevo aula, profesor o recorrido les proporciona tranquilidad, otros pueden empezar a preocuparse o hacer preguntas de manera reiterativa si reciben información demasiado pronto.
Por eso, la clave está en anticipar aquello que realmente reduce la incertidumbre. «Anticipar no significa explicarlo todo, sino hacer el futuro más comprensible y predecible», apunta la psicóloga. En casa pueden utilizarse recursos muy sencillos: un calendario con una cuenta atrás, fotografías del colegio, del aula o de los profesores, pequeñas historias sociales, listas de lo que habrá que preparar o incluso vídeos que permitan familiarizarse con determinadas situaciones. También puede ser útil separar aquello que permanece igual de aquello que cambia. «A veces hablamos tanto de las novedades que olvidamos recordar todos los elementos de continuidad que también encontrará en septiembre», explica.
Anticipar sí, pero sin adelantar la preocupación
La preparación también puede empezar por recuperar poco a poco los horarios. En lugar de pasar de las vacaciones a levantarse de golpe a la hora escolar, la recomendación es adelantar progresivamente el momento de acostarse y levantarse, aproximar las comidas al horario del curso y recuperar algunas rutinas de las mañanas. Lo mismo puede hacerse con actividades que durante el verano hayan ocupado más tiempo, como determinadas pantallas.
No hay que olvidar, además, que cierta inquietud ante un cambio es normal. El problema aparece cuando la ansiedad es excesiva y empieza a interferir en el día a día. En los niños puede no expresarse verbalmente y aparecer a través del comportamiento: más nerviosismo, dificultades para dormir, irritabilidad, aumento de conductas repetitivas, preguntas constantes sobre el colegio o incluso dolores de cabeza. «La conducta muchas veces es una forma de comunicación», recuerda González. La preparación adquiere todavía más importancia cuando el niño cambia de colegio, aula, etapa o profesor. Siempre que sea posible, puede ser útil visitar previamente el centro, recorrer el trayecto, localizar la entrada, el aula, el baño, el comedor o el patio y conocer a alguna persona de referencia.
«Necesitamos que el niño tenga puntos de referencia seguros dentro de un contexto nuevo»
Ana González
Después, las fotografías de esos espacios pueden utilizarse en casa para reforzar lo que ya se ha visto. También conviene ensayar situaciones muy concretas: dónde dejar la mochila, qué ocurre al llegar, a quién pedir ayuda, qué hacer durante el recreo o dónde esperar a la familia al terminar la jornada. «Necesitamos que el niño o la niña tenga algunos puntos de referencia seguros dentro de un contexto completamente nuevo», explica González. También las situaciones sociales pueden prepararse. Los padres pueden representar con sus hijos cómo saludar a un compañero, incorporarse a un juego, pedir ayuda, responder a preguntas sobre las vacaciones o expresar que necesitan estar solos. El objetivo, matiza la especialista, no es enseñarles un guion rígido para cada interacción, sino «aumentar su repertorio de posibilidades».
Y en este proceso el colegio también tiene un papel fundamental. Para González, no basta con preparar al menor: también es necesario preparar al entorno. Cuando llega un nuevo tutor, puede resultar más útil trasladarle información concreta sobre el niño que limitarse a comunicar un diagnóstico. «Cómo se comunica mejor, cuáles son sus fortalezas e intereses, qué situaciones pueden resultarle difíciles, qué señales indican que empieza a saturarse o qué estrategias le ayudan a regularse» son algunos de los datos que pueden facilitar la adaptación. La coordinación entre familia, colegio y profesionales que acompañan al menor permite además mantener una cierta continuidad. «Cuando la familia, el colegio y los profesionales comparten unas pocas estrategias fundamentales proporcionan coherencia y predictibilidad», señala.
En esta preparación también pueden utilizarse herramientas de inteligencia artificial para elaborar horarios, dividir una rutina en pasos sencillos, preparar ideas para una historia social o pensar situaciones que convendría ensayar antes de septiembre. «La inteligencia artificial puede ayudar a las familias a ahorrar tiempo, organizar rutinas o encontrar nuevas formas de explicar determinadas situaciones», apunta González. Pero introduce un límite importante: estas herramientas no conocen al niño y ofrecen respuestas generales que no sustituyen la valoración ni el acompañamiento de los profesionales que trabajan con él.
¿Y qué ocurre si septiembre llega y la familia no ha podido preparar nada? En esos casos, la especialista propone no intentar compensarlo con una avalancha de información de última hora. «Quizás podamos anticipar esa incertidumbre, avisando de todas las cosas que no sabemos». Y, cuando sea posible, hacer que la incorporación sea también más gradual. Porque preparar la vuelta al cole no consiste en conseguir que todo salga exactamente como estaba previsto. Se trata, sobre todo, de conseguir que el niño sepa qué puede esperar, qué permanece y a quién puede acudir cuando algo resulte difícil.
Source – ABC News


