La madre de Pedri (23): “De pequeño daba pelotazos en el comedor del restaurante y rompía todas las lámparas”

Antes de consolidarse como una de las estrellas más aclamadas y queridas del actual FC Barcelona, el destino de Pedro González, conocido mundialmente como ‘Pedri’, ya estaba inexorablemente ligado a los colores de la entidad azulgrana.

El talentoso centrocampista canario, hoy de 23 años, no desarrolló su técnica en academias de prestigio internacional, sino en un entorno familiar profundamente marcado por la pasión futbolística en las Islas Canarias.

Aunque nació en la localidad costera de Bajamar, su verdadera identidad y arraigo se forjaron en Tegueste, el pequeño municipio tinerfeño al que se mudó con apenas tres años de edad. En este enclave, el barcelonismo se vivía con una devoción absoluta: su propio abuelo fue el impulsor y fundador histórico de la peña barcelonista de Tenerife-Tegueste.

Esta intensa afición por el equipo catalán decoraba también cada rincón de la Tasca Fernando, el popular restaurante regentado por sus padres, convertido en un auténtico santuario repleto de banderas, insignias y recuerdos culés.

Creciendo entre el ajetreo de los fogones y los acalorados debates deportivos de la clientela, el joven talento demostró una habilidad precoz. Con solo cuatro años, y siendo físicamente mucho más menudo que sus compañeros, logró convencer al entrenador local para que le permitiera incorporarse a los entrenamientos del equipo de su hermano mayor, avalado únicamente por su evidente magia con el esférico.

Aquella inagotable obsesión por la pelota, que hoy sigue cautivando a los seguidores por la frescura y naturalidad de su juego, provocó numerosos quebraderos de cabeza en el ámbito doméstico. El documental ‘Orígenes’, producido y emitido por ‘Barça TV’, exploró a fondo esta faceta más traviesa del exjugador de la UD Las Palmas durante su niñez, retratando a un niño incapaz de separar los pies del balón.

En dicho reportaje, el propio Pedri recordó cómo su hiperactividad deportiva ponía a prueba constantemente la paciencia de su abuela: “Siempre que salíamos a jugar mi abuela se cabreaba porque siempre dábamos a los farolillos. Un día se nos fue la pelota y nos cargamos un par de ellos. Un día nos intentó rajar la pelota mi abuela. Normal, nos cargábamos todos los farolillos”.

El interior del emblemático negocio familiar tampoco lograba escapar de los continuos disparos del centrocampista. Su madre, repasando aquella etapa con humor en el mismo espacio televisivo, describió con exactitud los daños colaterales que sufría el local: “Se ponía a dar pelotazos en el comedor (del restaurante) y a todas las lámparas le daba. Todas tienen un cristal roto. No paraba. Es difícil no verle con un balón porque siempre tenía uno en los pies”.

Source – El Español – Deportes