El nuevo hotel de Roma para los amantes del diseño: un antiguo banco convertido en 82 habitaciones por arquitectos de prestigio

En los años cincuenta y sesenta, Via Veneto fue una pasarela de estrellas de cine, fotógrafos y noches interminables. Tanto es así, que el maestro Federico Fellini inmortalizó aquel ambiente en La dolce vita, estrenada en 1960. A pocos pasos de esa icónica avenida, un antiguo banco acaba de estrenar una vida bastante distinta: ahora tiene habitaciones, restaurante, coctelería y una piscina sobre los tejados de Roma.
Se llama Experimental Roma y abrió el 10 de octubre en el número 46 de Via Ludovisi, cerca de Villa Borghese y la Piazza di Spagna. Es el primer hotel en la capital italiana del grupo francés Experimental, nacido en París en 2007 alrededor de una barra de cócteles y presente hoy en destinos como Londres, Venecia, Ibiza o Menorca.
La transformación lleva la firma de Rodolphe Parente, interiorista francés que trabajó con Andrée Putman antes de abrir su propio estudio. Su punto de partida fue la Roma cinematográfica, pero sin caer en el decorado de película de los sesenta. “Quise que Experimental Roma no fuera una reproducción ni una imitación de la Roma del pasado, sino un homenaje en movimiento“, explica.
El hotel se encuentra en Via Ludovisi, junto al Instituto Suizo de Roma y a pocos pasos de Via Veneto
Al igual que sucede en otros hoteles del grupo, lo que han conseguido allí dentro es el sueño de todo amante del diseño. No hay rincón que uno no quiera inmortalizar, empezando por esa escalera escultórica que preside el lobby y siguiendo por cada espacio.
Entre mármol y lúrex
Para ello, Parente ha buscado inspiración en tres grandes nombres del diseño italiano del siglo XX. El primero es Gio Ponti, arquitecto y diseñador que firmó el rascacielos Pirelli de Milán y creó la célebre silla Superleggera. También surgen referencias a Carlo Scarpa, el arquitecto veneciano que reformó el Castelvecchio de Verona, y a Luigi Caccia Dominioni, uno de los protagonistas del diseño milanés de posguerra.
Los interiores de Rodolphe Parente recuperan referencias a la Antigüedad y al diseño de los años setenta
Esta herencia se mezcla con recursos de las décadas de 1950 a 1970. Hay mármol y terracota, pero también acero inoxidable, acabados cromados y moquetas con hilos de lúrex.
Las 82 habitaciones y suites siguen dos líneas estéticas. La primera es teatral, con grandes cabeceros que recuerdan los drapeados de la Antigüedad, colores intensos y una luz tamizada por las contraventanas, con la Villa Médicis, sede de la Academia de Francia en Roma, entre las referencias.
La segunda es más serena, en la que dominan superficies minerales, techos lacados en dos tonos y cabeceros de acero inoxidable estriado que parecen pequeñas esculturas.
Maurizio Faraoni ha colaborado en la selección artística del nuevo hotel romano
Arquitectura, diseño y también arte. Para integrar las obras en los interiores, Parente ha contado con Maurizio Faraoni, director del archivo de la histórica Galleria Ugo Ferranti, fundada en Roma en 1974 y que llegó a convertirse en uno de los grandes espacios de referencia del arte conceptual y minimalista de la ciudad.
Un romano que regresa de París
De la mesa se ocupa un romano. El restaurante del hotel, Ludovisi e Cadore, hace honor al cruce de calles en el que está, y su carta la firma Giovanni Passerini, romano de nacimiento y parisino de adopción, que regresa profesionalmente a su ciudad después de más de dos décadas en Francia.
Allí pasó por cocinas como L’Arpège, Le Chateaubriand y La Gazzetta, para más tarde abrir Rino y Passerini, entre otros proyectos.
Ludovisi e Cadore recupera la estética de los restaurantes italianos de mediados del siglo XX
El comedor, bajo una gran claraboya central, sigue la línea del resto del hotel: mármol, metal pulido y tonos terracota. Su cocina recupera sabores familiares sin renunciar a las técnicas y productos que han marcado su trayectoria francesa.
“Me gustaría crear un restaurante vivo, accesible para todos y que refleje mi identidad”, afirma, “un lugar donde los romanos reencuentren sus sabores familiares y donde los viajeros descubran Roma a través de mi cocina.”
La pasta tiene especial protagonismo. Las propuestas son de lo más apetecibles y reconocibles. Desde unos tonnarelli cacio e pepe, que también se pueden pedir con trufa negra a unos tagliatelle con ragú de osobuco, aceitunas, alcaparras, rebozuelos y azafrán, pasando por raviolis de hierbas y ricotta con salvia y mantequilla de Normandía.
Giovanni Passerini apuesta por la pasta elaborada a mano en su regreso a Roma
Roma se sienta a la mesa, con platos como la carrillera de ternera alla picchiapò, una receta de la ciudad eterna, que aquí se sirve con polenta cremosa de sémola y ensalada de col y uvas o el cordero lechal del productor Nunzio Marcelli, para compartir.
Otro de los puntos más interesantes es que el chef quiere recuperar tradiciones como la del quinto quarto, como se conoce en Roma a las vísceras y cortes menos apreciados del animal. Una cocina de origen popular, muy vinculada al antiguo matadero del barrio de Testaccio, de la que nacieron especialidades como la trippa alla romana (callos) o la coda alla vaccinara (rabo de vacuno guisado).
Roma desde las alturas
La coctelería sigue siendo la seña de identidad de Experimental, fundado por tres amigos de la infancia, Olivier Bon, Pierre-Charles Cros y Romée de Goriainoff, a quienes después se sumó Xavier Padovani. En Roma, el Experimental Cocktail Club se presenta como un espacio discreto, casi secreto. De hecho, ellos mismos acuñan la apertura como “el nuevo secreto de Roma.”
El Experimental Cocktail Club Roma recrea la atmósfera íntima de los bares italianos de los años sesenta
La carta alterna clásicos con mezclas propias. Por ejemplo, el Number 13 mezcla mezcal, jerez amontillado y shochu con mantequilla y miso, mientras que el Nannarella lleva vodka, mastiha, manzana, rúcula y menta.
También hay versiones del Martini, el Negroni y la Margarita, a las que dan un twist sorprendente y salino con salmuera de aceitunas. Los mocktails llevan nombres de barrios romanos —Garbatella, Parioli, Pigneto— y se preparan a base de cereza, té Darjeeling, jazmín, manzana o sandía.
La Terrasse ofrece espacios de descanso entre vegetación y vistas a los tejados de Roma
Hay más, otro aliciente en las alturas. La azotea, conocida como La Terrasse, ofrece otra perspectiva más calmada de la ciudad, entre pinos, cúpulas y tejados. Tiene barra, zonas de descanso y una piscina reservada a quienes se alojan en el hotel, abierta de abril a octubre. Abajo, a un paseo a pie, siguen la Piazza di Spagna y la Fontana de Trevi.
Source – El Español – Destinos


