Ejércitos, sanidad o servicios secretos: 11 países europeos ya tienen contratos millonarios con Palantir con dinero público
“El crecimiento allí es una mierda”. Así describió Alex Karp, consejero delegado y cofundador de Palantir, el desempeño de la empresa en Europa. Lo dijo el 3 de agosto ante los accionistas, mientras defendía un trimestre “extraordinario”. Palantir vende softwares que cruzan enormes cantidades de datos de fuentes muy distintas, y Karp sostuvo que ese continente estaría peor sin su empresa: “Apoyamos muchísimas instituciones en Europa, incluso instituciones clandestinas. Sin nuestros productos tendrían terrorismo desatado y su problema migratorio sería diez veces mayor.”
Europa es una gota en el océano del negocio de Palantir, que prevé facturar este año más de 8.000 millones de dólares. Mantiene el negocio solo porque sus fundadores creen profundamente en su misión, ha asegurado Karp. Gracias a los contratos con organismos públicos, esta empresa ha llevado su software al corazón de muchos países y su presencia inquieta cada vez más por sus vínculos con la Casa Blanca, por las posiciones políticas y la prioridad declarada de los intereses de Estados Unidos de Karp y del cofundador, Peter Thiel, y por las acusaciones de implicación en graves violaciones de derechos humanos en los territorios palestinos, en Irán y en las operaciones del servicio de inmigración estadounidense (ICE).
Un equipo liderado por Follow the Money, con periodistas de 18 países, entre ellos EL PAÍS, ha recopilado decenas de documentos públicos que acreditan los contratos de la tecnológica con los ejecutivos nacionales y regionales del Viejo Continente y permiten trazar la primera radiografía del poder de Palantir en Europa.
Al menos once países europeos tienen contratos con Palantir que van desde la defensa hasta los servicios secretos pasando por gestión sanitaria o de aduanas. Pero la huella real es mayor: en marzo de 2025, la OTAN adquirió de la tecnológica el programa Maven Smart System, que usa ahora como sistema central de mando. Los países que participan en operaciones aliadas acceden al software aunque no tengan contrato propio.

En ocho países europeos, Palantir tiene contratos con el Ministerio de Defensa o las fuerzas armadas: España, Reino Unido, Italia, Países Bajos, Suecia, Finlandia, Dinamarca y Ucrania. La relación española con Palantir podría terminarse pronto: a preguntas de este periódico, fuentes del Gobierno aseguran que el contrato expira a finales de este año y que no se renovará. En su lugar, una empresa española trabajará para plantear una alternativa, una decisión parecida a la anunciada por Reino Unido a comienzos de mes.
Palantir llega incluso hasta los servicios de inteligencia de países como Dinamarca, Francia, Reino Unido y Ucrania. El siguiente cuadro muestra las administraciones con contratos en vigor.

Además, hasta 2023, Europol y la Agencia Europea de Seguridad Aérea (EASA) gastaron 8,8 millones de euros en contratos con la empresa. Fuera de Europa, Palantir colabora desde 2024 con las fuerzas armadas de Israel en la guerra de Gaza, tras un acuerdo con ellas.
Con los importes que se conocen, los países e instituciones europeos suman contratos con Palantir por unos 264 millones de euros. Si se añade Reino Unido, donde Palantir ha firmado contratos por 1.170 millones de euros (992 millones de libras), el total supera los 1.400 millones.

Muchos expertos ven un riesgo en que Palantir se haya instalado en partes clave de la infraestructura digital y de defensa de Europa. “Es peligroso que precisamente este software esté presente en los entresijos de nuestra sociedad y procese los datos de millones de europeos”, resume Francesca Bria, catedrática extraordinaria en University College London y directora de Eurostack, una iniciativa para impulsar la soberanía digital europea. En septiembre, más de 120 ONG, sindicatos e instituciones de 30 países europeos pidieron en una carta abierta a los gobiernos que rompan sus vínculos con la empresa. Alegaron, entre otras cosas, los problemas de dependencia y las acusaciones de violaciones de los derechos humanos (que Palantir siempre ha negado). Algunos gobiernos ya han empezado a replantearse esa relación.
Estados Unidos, por encima de todo
Palantir, fundada en 2003, ha estado vinculada desde sus comienzos a los servicios secretos estadounidenses y al Pentágono. Con el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, esos lazos son más estrechos que nunca. La empresa ha logrado contratos públicos en Estados Unidos por miles de millones de dólares. Su software se usa, entre otras cosas, para aplicar las políticas antiinmigración de Trump a través del ICE y en la guerra de Irán, donde habría sido clave para que algunos ataques estadounidenses de comienzos de año fueran más rápidos y eficaces. Varias investigaciones han relacionado además este software con el bombardeo de una escuela iraní en el que murieron más de 120 niños.
La empresa y Karp no ocultan que quieren que Estados Unidos sea la potencia dominante del mundo. A principios de este año, este consejero delegado llegó a decir que, si hay problemas de capacidad, Palantir siempre antepondrá los intereses del ejército estadounidense a todo lo demás.
Los programas más conocidos de Palantir son Foundry y Gotham. El primero ayuda a gestionar los procesos de trabajo de las empresas; el segundo está pensado para la investigación criminal, la defensa y los servicios de inteligencia.
Otro producto clave es el MAVEN Smart System (MAVEN), plataforma de software principal del ejército estadounidense que la OTAN adquirió en marzo de 2025. La Alizana lo usa para que los sistemas de armas de los países miembros se comuniquen entre sí de forma más rápida y eficaz durante las operaciones. Cuenta con la máxima acreditación de seguridad de la OTAN y funciona en toda su red.
¿Para qué usan Palantir los países europeos?
En España, el Estado Mayor de la Defensa adjudicó a Palantir en octubre de 2023, sin concurso público, un contrato de 16,5 millones de euros para gestionar las bases de datos del Sistema de Inteligencia de las Fuerzas Armadas. Un año antes había contratado una “prueba de concepto” por 256.000 euros, es decir, un ensayo previo para comprobar si el programa servía. Para qué lo usa exactamente el Ejército sigue sin saberse. En una respuesta parlamentaria a Gerardo Pisarello, diputado de Sumar, Defensa habló de “fusión y análisis de datos” y aseguró que Palantir no tenía acceso a datos de ciudadanos españoles ni a información, datos o servidores del Ministerio.
Pero este único contrato español con Palantir no se renovará tras expirar a finales de este año, explican fuentes del Gobierno a EL PAÍS en el marco de esta investigación europea. Y añaden que, si sigue el actual Ejecutivo, una empresa española trabajará para desarrollar una alternativa que cumpla la misma función y dependa exclusivamente de la industria nacional.
Palantir tiene sede en Madrid, una de sus oficinas en 14 países europeos. Nació como filial de apoyo comercial de la matriz estadounidense y desde 2023 actúa como revendedora de sus productos en España: factura licencias, suscripciones y servicios a clientes españoles y paga a la matriz por esas licencias. En 2025 facturó 23,6 millones de euros, cinco veces más que tres años antes. Trabaja con grandes empresas del sector privado como Mapfre o Ferrovial, como publicó La Vanguardia.
También ha intentado entrar en la sanidad española. Durante la pandemia tanteó al Ministerio de Sanidad, pero sus acercamientos informales no dieron resultado. Tampoco han llegado a convertirse en contratos (por ahora) las conversaciones con algún departamento sanitario regional, según relatan a este periódico personas a las que la empresa presentó sus productos desde su sede en Madrid. En al menos un caso, el precio era demasiado alto.
En otros países ha salido a la luz más información sobre la actividad de Palantir en el sector público. En Países Bajos, Defensa usa Gotham y Foundry en las operaciones secretas de sus fuerzas especiales, y Follow The Money reveló que empleados de la empresa podían acceder a esos datos clasificados: como consecuencia, el Ministerio vetó la entrada de personal extranjero de Palantir en sus instalaciones. El secretario de Estado Derk Boswijk prometió al Parlamento sustituirla por una alternativa europea en un máximo de dos años, aunque no hizo público que su departamento llevaba meses probando MAVEN con vistas a comprarlo.
En Dinamarca, la policía nacional extendió su uso a Groenlandia, según descubrió el diario Børsen, justo cuando Trump amenazaba con anexionarse la isla; después, el servicio de inteligencia danés (DDIS) calificó a EE. UU. de amenaza y se ordenó al ejército abandonar las conversaciones para comprar MAVEN y apostar por una alternativa europea. En Reino Unido, su mayor mercado fuera de EE. UU., la empresa firmó entre 2012 y 2025 contratos por cerca de mil millones de libras (unos 1.174 millones de euros) con Defensa, el Sistema Sanitario Nacional, la agencia nuclear y el regulador financiero, según The Nerve, cuyos expertos en seguridad consideraron “dolorosamente ingenua” la idea de que datos tan sensibles estuvieran a salvo.
Consultada para este reportaje, Palantir remarca que “no es propietaria de los datos de sus clientes, ni los vende ni los reutiliza con otros fines: son los clientes quienes controlan qué datos se procesan y cómo”. Y añaden que “nuestra tecnología está diseñada para dar a las instituciones más control sobre su información más sensible, nada menos”
Pero varios países están poniendo en entredicho el negocio de la tecnológica a esta lado del Atlántico. A principios de octubre, el nuevo primer ministro, Andy Burnham, anunció que quiere sustituir a Palantir en el Sistema Sanitario y en el Ministerio de Defensa por una alternativa nacional. Además, una comisión parlamentaria señaló que, tras la adopción pública de las controvertidas posturas políticas de Karp, la empresa ya no puede considerarse apolítica.
Y ha habido revisiones también entre los socios de la Unión Europea. En Francia, el primer ministro Sébastien Lecornu anunció en junio que sus servicios secretos internos no renovarían el contrato en vigor para evitar dependencia estratégica de una empresa tan estrechamente ligada al gobierno de otro país. En Alemania, cuyas policías regionales son grandes clientes de Palantir, el jefe del mando de las Fuerzas Armadas encargado del ciberespacio y la información dijo en abril que el ejército alemán no haría “en absoluto” negocios con la empresa, para evitar que sus empleados tuvieran acceso a datos sensibles de defensa. La Policía Nacional de Noruega también decidió no renovar su contrato con Palantir, que expira en 2027
Pero no todo es “una mierda” para el futuro de Palantir en Europa. El Ministerio de Defensa de Polonia firmó en 2025 una declaración de intenciones con la empresa para desarrollar inteligencia artificial, y el de Lituania tiene un memorándum de entendimiento con ella para crear una plataforma central de gestión de datos. En septiembre, durante la Asamblea General de la ONU en Nueva York, los presidentes de ambos países se reunieron con Karp para analizar cómo convertir sus países en un polo de desarrollo de tecnología militar para proteger el flanco oriental de la OTAN.
“Forma parte de la misión de Trump”
Elke Schwarz, catedrática de Teoría Política en la Queen Mary University of London, investiga el desarrollo de la inteligencia artificial militar y las armas autónomas. Para ella, la dependencia de los países europeos respecto a Palantir es problemática, sobre todo por los estrechos vínculos de la empresa con la Casa Blanca y con la agenda “America First” (América primero) de Trump. Es especialmente delicado, explica, depender en materia de seguridad nacional de una empresa que dice abiertamente que otro Estado, en este caso Estados Unidos, tiene prioridad indiscutible. Y el problema crece cuantas más instituciones de un país trabajan con ella: “La otra cara de la moneda de la interconexión de datos es volverse cada vez más dependiente y, por lo tanto, más vulnerable”.
Schwarz recuerda que Palantir contrató a numerosos funcionarios en excedencia o ex cargos públicos en Estados Unidos y el Reino Unido y que después consiguió contratos con sus antiguos empleadores: “La pregunta es, entonces, ¿consigue Palantir ejercer influencia en la toma de decisiones? Y, en caso afirmativo, ¿hasta dónde llega esa influencia?”, añade.
Francesca Bria, de Eurostack, cree que detrás hay una estrategia deliberada: “Palantir intenta modificar el ADN de las instituciones públicas para conseguir nuevos contratos, pero también para introducir en ellas las posturas políticas de sus dirigentes. Yo lo llamo capitalismo político”. Bria entiende que la seguridad nacional limita lo que se puede contar, pero sostiene que la sociedad debe saber con quién trabaja su gobierno y cómo se cierran los contratos, para poder controlarlo. Y ve un problema de fondo en que infraestructuras críticas dependan de empresas comerciales: “Las empresas sirven a los intereses de los accionistas, no a los de los ciudadanos. En el caso de Palantir, a esto se suma que está tan entrelazada con el Gobierno estadounidense y su misión de supremacía estadounidense que ya no se trata de una simple empresa comercial. Palantir forma parte de la misión de Trump”.
La respuesta de Palantir
Follow The Money y sus medios colaboradores presentaron los hallazgos de esta investigación a Palantir, además de catorce preguntas detalladas. Palantir no ha entrado a contestar a esas preguntas, sino que ha remitido el mensaje de un portavoz: “Es necesario un debate serio sobre cómo salvaguarda Europa su soberanía tecnológica. La soberanía tecnológica debe medirse, en última instancia, por quién controla los datos, las decisiones y la misión, y no solo por la nacionalidad del proveedor de software”. Según Palantir, el control sobre los datos y sobre lo que se hace con ellos corresponde al propio cliente.
Y añade: “Desde 2011, Palantir trabaja con los gobiernos e instituciones de Europa elegidos democráticamente para aumentar la capacidad hospitalaria, acelerar el diagnóstico del cáncer, reasentar a refugiados de forma segura, combatir el crimen organizado, proteger a las víctimas de violencia doméstica y responder con mayor rapidez a inundaciones y otras emergencias”. Señala además que más del 20 % de los empleados de Palantir trabaja desde centros en Europa y que la compañía ayuda a empresas europeas a competir y crecer en sectores como el aeroespacial, el manufacturero y las ciencias de la vida. Palantir afirma además apoyar a los gobiernos europeos en la protección de su seguridad nacional, incluso en Ucrania.
En una respuesta anterior a este mismo consorcio de medios, Palantir negó las acusaciones de implicación en violaciones de derechos humanos.
Este trabajo ha sido coordinado por Follow the Money (Países Bajos) con la colaboración de periodistas de los siguientes medios: Der Standard (Austria), De Tijd (Bélgica), Børsen (Dinamarca), Delfi Meedia (Estonia), Helsingin Sanomat (Finlandia), Telerama (Francia), Netzpolitik.org (Alemania), Inside Story (Grecia), Haaretz (Israel), Il Domani (Italia), Siena (Lituania), Morgenbladet (Noruega), Frontstory.pl (Polonia), EL PAÍS (España), Dagens ETC (Suecia), Republik (Suiza), WAV Recherchekollektiv (Suiza), The Nerve (Reino Unido).+
Si tiene más información sobre Palantir, su forma de trabajar o sus contratos, puede escribir a dgrasso@elpais.es
Source – elpais.com

