Ego, mitin y victimismo obrero: Rufián presenta su libro en Madrid
La multitud que aguardaba a las puertas de la sede de UGT en Madrid tenía poco de club de lectura y mucho de fan. Apelotonados en la entrada, los asistentes tuvieron que hacerse de rogar antes de que las puertas finalmente se abrieran. «Se te … da mejor hacer libros que organizar eventos», le soltó la comunicadora Sarah Santaolalla al líder de ERC, Gabriel Rufián, nada más comenzar, la encargada de guiar una velada que, desde sus primeros compases, dejó claro que se iba a hablar de todo menos del libro, que ya de por sí es una declaración de intenciones: ‘Cómo ganar a los fachas (Leer antes de votar)’.
El auditorio de la sede sindical, diseñado para albergar a 650 personas, lució un aspecto desangelado, con el público que ocupaba solamente las primeras filas. La primera, eso sí, estaba reservada para un elenco de asistentes vip, como su dupla en las elecciones del 29 de noviembre, la candidata de Podemos, Irene Montero. Recibido con los aplausos de su público, Gabriel Rufián tomó asiento para protagonizar un acto que, más que una presentación literaria, se erigió como un adelanto del mitin de precampaña que realizan este sábado en el espacio Delicias, aunque este será organizado por el partido morado para seguir expandiendo su lema, ‘Paz, Casa, Trabajo’. Quien acudiera con la intención de desgranar de qué iba su obra, se marchó a casa con la misma intriga.
La conversación inicial con Santaolalla arrancó con un intercambio de bromas previsiblemente preparadas, que apenas lograron arrancar un par de risas tímidas en las butacas. La presentadora bromeó con sumarse a la coalición que forman el republicano y la exministra de Igualdad para hacer campaña los tres juntos. Rufián, rápido en el quite, ironizó reconociendo que, paradójicamente, ha coincidido en más actos con Santaolalla que con la propia Irene Montero.
Pronto, la charla dio paso al relato personal, con el que Rufián se enfundó el traje de héroe de la clase trabajadora. Relató con detalle sus apuros económicos del pasado, que si no ponía el lavavajillas y que si no sabía lo que era encender la calefacción. «No debería ser noticia que alguien como yo llegue a donde he llegado», proclamó, lamentando la existencia de una política y un periodismo que tachó de «clasistas».
Para incidir en su currículum de persona normal, esgrimió su expediente laboral y el de su compañera situada a unos pocos metros de distancia: «En mi vida he estado en el paro más de seis meses, pero lo he estado. Y mi compañera, Irene, era cajera». Tan solo decir eso fue suficiente para despertar el aplauso de los fieles que se encontraban en el auditorio. Sin embargo, la modestia no tardó en dejar paso a una reivindicación de su propio ego. El líder independentista no escatimó en autoelogios: «Tengo talento y esfuerzo. Tengo a gente que ha apostado por mí cuando no me lo merecía. Pero he trabajado de una manera salvaje, y estudio de una manera salvaje».
Rufián confesó también que le gustaría «ser normal», pero asume que no lo es. Argumentó que, en su día a día, el conflicto es una herramienta de trabajo diaria al liderar un partido «independentista, catalán, ecológico, republicano» y una larga lista de adjetivos. De hecho, gran parte de su discurso estuvo dirigida a su comunidad, Cataluña, pese a encontrarse en el centro de Madrid, una circunscripción donde la marca con la que concurre ni siquiera se presenta. Pero su figura levanta masas en el electorado de -casi toda- la izquierda, y lo sabe.
«Hago política para las redes»
Como era de esperar, la derecha estuvo en el centro de las dianas. El líder de Esquerra reconoció, con cierta resignación, que la derecha ha entendido mejor el lenguaje de la actual batalla cultural, cuestionándose si esa estrategia es rentable a largo plazo. Él mismo escenificó sus propias contradicciones: «Dije que quería estar más en TikTok que en las bibliotecas, y ahora presento un libro. Yo hago política para las redes», sentenció. También admitió que en la España polarizada de hoy resulta «incompatible» caerle bien a la gente y que determinados periodistas hablen bien de él al mismo tiempo.
Aprovechando la visita de Santiago Abascal el próximo lunes al programa La Revuelta de David Broncano, Rufián y Santaolalla teorizaron sobre si el líder conservador respondería a las clásicas preguntas del formato del mismo modo que lo hizo el republicano. Luego de la broma, no dudó en cruzar la línea del ataque personal, tildando al presidente de Vox de «fascista cobarde y mentiroso».
El PSOE tampoco escapó de los señalamientos. Rufián dibujó a Pedro Sánchez como un «socialdemócrata muy moderado» que en el pasado estuvo a punto de sellar un pacto de Estado con Ciudadanos que calificó como «digno de Milei». La posición de su espacio político en las elecciones será «someter al PSOE», con el que ironizó que hayan levantado la bandera con la crisis de la vivienda, recordando -por enésima vez- que él mismo ya avisó de que este problema arrasaría la legislatura.
Hubo también espacio para los guiños a su compañera de campaña. Confesó que en su época como ministra en el Congreso, «aunque suene machirulo», a veces sentía el impulso de levantarse para defenderla cuando la veía sola, aunque rápidamente reculó y dijo que «no hace falta, porque ella se defiende sola». Mención también hubo a sus compañeros en ERC, con los que aseguró que mantiene una relación «inmejorable» a pesar de «fuegos internos» en el pasado que él mismo catalogó como su peor momento político.
Para cuando el libro asomó en la conversación, el acto ya acababa. Rufián despachó su obra en unos pocos minutos. Explicó que lo más costoso habían sido los tiempos -asegurando haber trabajado en ello todo el mes de agosto en jornadas muy largas- y el desgaste de abordar la parte personal. Resumió la experiencia en tres palabras: «Una tortura divertida». Fiel a su estilo, admitió que la publicación le viene «bien para hacer campaña». No hubo más referencias al contenido. Prefirió cerrar su intervención, antes de firmar dedicatorias tanto a los incondicionales que ya traían el libro de casa como a aquellos que decidieron comprarlo en el pequeño puesto habilitado a la entrada, reivindicando, nuevamente, su naturalidad. «Intento ser normal, que es revolucionario. El carisma no se vende en las farmacias», concluyó.
Source – ABC News



