Aaron Sorkin estrena ‘El precio de la red’: “Si después de ver mi película te borras de Facebook, sería sensato”

Es difícil pasar un solo día sin tener nada que ver con Meta, la compañía fundada por Mark Zuckerberg. Incluso quienes evitan Facebook e Instagram suelen acabar mandando un mensaje por WhatsApp. En 2010, La red social contó una historia que había comenzado apenas siete años antes: la de un estudiante “pringado” de Harvard que, despechado por una ruptura, crea una web para puntuar el atractivo de sus compañeras.

De aquel machista FaceMash surgiría Facebook, y los “nerds” tecnológicos se convertirían en los nuevos guays. El ascenso desembocaba en una batalla judicial con los gemelos Winklevoss y Eduardo Saverin, que acusaban a Zuckerberg de traicionarlos.

Aaron Sorkin escribió aquella película para David Fincher y ahora firma y dirige su continuación, El precio de la red. Zuckerberg ya no es el protagonista absoluto, pero conserva sus aristas. Interpretado por Jeremy Strong, ensaya con varios expertos su comparecencia ante el Congreso estadounidense por los “Facebook Files”, los reportajes de The Wall Street Journal que destaparon malas prácticas de la compañía gracias a una fuente interna.

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La película muestra cómo Facebook, cuyo público envejecía y pasaba menos tiempo en la plataforma, cambió su algoritmo para recuperar la atención de los usuarios. Zuckerberg presentó la estrategia como una apuesta por las relaciones personales y las interacciones reales. Pero Frances Haugen, empleada de la compañía, reveló que favorecía los grupos radicalizados y los contenidos sensacionalistas, verdaderos o falsos, contribuyendo a la polarización social.

Interpretada por Mikey Madison, ganadora del Oscar por Anora, Haugen comienza a filtrar documentos al periodista Jeff Horowitz –Jeremy Allen White, protagonista de The Bear–. La investigación acaba llevando a la compañía ante el Congreso.

Con hechuras clásicas que remiten a Todos los hombres del presidente y Spotlight, El precio de la red sigue dos procesos paralelos: Haugen reúne el coraje para enfrentarse a un coloso y Horowitz, procedente del periodismo político y poco familiarizado con la tecnología, va atando los hilos.

Ganador del Oscar al mejor guion por La red social, Sorkin es un maestro del diálogo y del retrato del poder estadounidense, como demostró en El ala oeste de la Casa Blanca. También llevan su firma los guiones de Algunos hombres buenos (1992) y Moneyball (2011). El precio de la red es su cuarta película como director y él mismo dice que era “su segunda opción”.

Pregunta. En el filme, el periodismo ocupa un lugar central como instrumento para revelar lo que una gran empresa preferiría mantener oculto. ¿Quería rendir homenaje al periodismo tradicional y a su capacidad para cambiar las cosas?

Respuesta. Me gusta que el periodismo escrito sea uno de los héroes de la película. Es una historia de David contra Goliat, pero en este caso hay dos Davids y dos Goliats. Frances recoge una piedra y se la lanza a Facebook. Y el periodismo escrito recoge otra piedra y se la lanza a las grandes empresas tecnológicas.

P. Después de escribir La red social, vuelve a acercarse a Mark Zuckerberg en esta película. Visto desde fuera, a veces transmite una impresión casi robótica, como si resultara difícil saber qué siente o qué piensa. ¿Cómo lo ve usted?

R. Creo que lo que pienso está reflejado en la película. En cualquier caso, esta no pretende ser un estudio completo del personaje de Mark Zuckerberg. Aquí lo situamos en unas circunstancias muy específicas: tiene que defender una decisión y, al final, se encuentra en medio del caos. Mark es alguien que, como les sucede a muchas otras personas, no termina de sentirse cómodo en su propia piel. Tampoco se siente del todo cómodo dentro de la estructura social del mundo.

P. Al terminar de ver la película, me planteé dejar Facebook. ¿Le parece una decisión sensata?

R. Sí, me lo parece. Y si no quieres abandonar Facebook por completo, como mínimo, no te informes a través de Facebook.

P. La película aborda las revelaciones de los llamados Facebook Files. ¿Cree que aquello ha servido para cambiar las cosas o que, en lo esencial, seguimos en el mismo punto?

R. Las cosas no han cambiado lo suficiente. Una de las fichas de dominó empezó a caer hace apenas un par de semanas, cuando Facebook, que ahora se llama Meta, llegó a un importante acuerdo con varios estados que habían demandado a la compañía por ocultar información sobre el daño que la plataforma estaba causando a los adolescentes. Pero, como lo expresó un experto, es un problema terrible que solo ha mejorado un tres por ciento.

P. Durante mucho tiempo se le conoció como dramaturgo y guionista, y su llegada a la dirección de largometrajes se produjo más tarde. ¿Siempre había querido dirigir o fue una posibilidad que apareció a medida que avanzaba su carrera?

R. No, no estaba pensando en dirigir. Yo era dramaturgo y guionista. Esta es ya la cuarta película que dirijo: he dirigido las últimas cuatro películas que he escrito. Pero las tres primeras fueron una sorpresa.

»Esta es la primera vez que escribí una película sabiendo que iba a ser su director. En las tres anteriores no lo supe hasta después de terminar el guion, cuando el estudio me dijo que iba a dirigirlas.

»De hecho, incluso en esta película yo era mi segunda opción para dirigirla. Por supuesto, primero acudí a David Fincher. Pero David tiene un acuerdo de exclusividad con Netflix que no le permite hacer una película fuera de allí. Así que se convirtió en un entusiasta defensor del proyecto.

P. La película se apoya mucho en las interpretaciones y en el desarrollo de la historia. La puesta en escena parece estar al servicio de los personajes y de lo que cuentan. ¿Qué buscaba como director y cómo decidió darle forma visual a un material con tanto peso de la palabra?

R. Lo que no quería era convertirme en una imitación desvaída de David Fincher. No quería intentar ser una banda de versiones. Tenía que dirigirla siendo yo mismo.

»Creo que nuestro director de fotografía, Jeff Cronenweth, hizo un trabajo precioso. También nuestro diseñador de producción, John Hutman, hizo un trabajo sensacional. Pero hay mucho lenguaje en esta historia y mucha información que asimilar. Así que quería situar a los actores en el centro y, en la medida de lo posible, mantener la cámara en movimiento y crear interés visual.

Source – Elespanol