La última ‘provocación’ de El Gran Wyoming: jubilarse después de 40 años haciendo lo que le daba la gana

En septiembre de 2025, El Gran Wyoming se sentó frente a Gonzo en Salvados y confesó algo que dejó desconcertado incluso a su entrevistador: había decidido jubilarse cinco años antes. No es que se lo hubiera planteado, que hubiera fantaseado con dejar la televisión o que estuviera cansado de hacer lo mismo cada noche. Es que ya había tomado la decisión. “Justo antes de la pandemia lo había dejado. Es que lo dejé”, reveló. Incluso había mantenido una comida con los responsables de Atresmedia para comunicarles que se marchaba. Le ofrecieron “el oro y el moro” para que continuase, pero él se mantuvo firme. Hasta que llegó el coronavirus y todo cambió.

Un año después de aquella confesión, Wyoming se jubila de verdad. A sus 71 años, después de más de cuatro décadas de televisión, música, cine, escenarios, sátira y provocación, José Miguel Monzón Navarro, Chechu para los amigos, Wyoming para el resto de la humanidad, ha decidido que ha llegado el momento de retirarse. A partir de enero comenzará una transición en El Intermedio durante la que convivirá con quien será su sustituto. Y aquí aparece una de esas casualidades que parecen escritas para un guion: será precisamente Gonzo, el periodista al que confesó que llevaba años queriendo dejarlo, quien se haga cargo del programa.

Televisión

La jubilación de Wyoming no es sólo la retirada de un presentador. Es el adiós de uno de los personajes que más han influido en la manera de entender el entretenimiento televisivo en España. Un tipo que estudió Medicina, que ejerció de médico, que prefirió la música y el espectáculo, que se convirtió en una estrella sin cumplir prácticamente ninguna de las normas que se suponía que debía cumplir una estrella y que acabó transformando la sátira política en una cita diaria para cientos de miles de espectadores.

Porque antes de que existiera El Intermedio, antes de que los políticos aprendieran a convivir con los memes, los vídeos virales y las redes sociales, Wyoming ya se reía de ellos en televisión. Y lo hacía de frente.

“Soy el antipresentador”, se definió ante Gonzo en aquella entrevista de Salvados. No era una pose. Wyoming siempre ha presumido de no ajustarse a las reglas de la televisión convencional. De equivocarse, de trabucarse, de no seguir exactamente lo que se espera de un presentador. De no tomarse demasiado en serio a sí mismo, aunque sí las cosas de las que habla.

Su carrera es, en buena medida, la historia de cómo un personaje que parecía diseñado para estar en los márgenes terminó ocupando el centro de la televisión española.

En los años 80 comenzó a hacerse un hueco entre la música, los escenarios y la televisión. Llegaron La noche se mueve, en Telemadrid, y El peor programa de la semana, en TVE. Pero fue Caiga quien caiga, estrenado en Telecinco en 1996, el que cambió su vida y también una parte de la televisión española.

Aquellos hombres de negro, con gafas oscuras, micrófonos indiscretos y preguntas que los políticos no siempre sabían cómo responder, rompieron con una forma mucho más solemne de tratar la actualidad. Wyoming, acompañado por Javier Martín, Juanjo de la Iglesia y un equipo de reporteros entre los que destacó Pablo Carbonell, convirtió la irreverencia en un fenómeno de masas.

Caiga quien caiga demostró que se podía hacer humor con el poder sin pedir permiso y que los políticos podían convertirse en protagonistas involuntarios de un espectáculo que no controlaban. No todos lo entendieron. Ni todos lo soportaron. El programa acumuló polémicas, enfrentamientos y acusaciones de parcialidad. El propio Wyoming ha sostenido durante años que las presiones políticas estuvieron detrás de su desaparición en 2002, una interpretación que ha reiterado al recordar aquella etapa.

Pero la huella del formato fue mucho más allá de sus años en antena. La televisión española había descubierto que la actualidad política también podía ser entretenimiento y que el humor podía funcionar como una herramienta de fiscalización del poder.

El Gran Wyoming

El Gran Wyoming, en la época de Caiga quien caiga.EL MUNDO

Y Wyoming se convirtió en uno de los grandes representantes de esa manera de hacer televisión.

Cuando laSexta nació en 2006, Wyoming se puso al frente de un programa que acabaría siendo inseparable de su identidad. El Intermedio comenzó como un espacio semanal y terminó convertido en un formato diario que ha sobrevivido a gobiernos, crisis económicas, cambios políticos, transformaciones tecnológicas y a la propia evolución de la televisión.

“Ya conocen las noticias, ahora les contaremos la verdad”. La frase con la que lleva dos décadas abriendo el programa es mucho más que una coletilla. Es una declaración de intenciones, pero también una provocación. Porque Wyoming nunca ha pretendido esconder que tiene opiniones, ideología y una manera determinada de mirar la realidad.

“No tengo absolutamente nada de periodista”, reconoció en Salvados. Y añadió que no vivía la información desde la distancia, sino desde sus sentimientos y convicciones.

Ahí está probablemente una de las claves de su éxito y también de las críticas que ha recibido. Wyoming nunca ha sido un presentador neutral ni ha aspirado a serlo. Su humor, abiertamente político, ha generado adhesiones y rechazos. Ha irritado a dirigentes, ha incomodado a espectadores y ha provocado debates que han ido mucho más allá de los límites de su programa.

Sin embargo, sería injusto reducir El Intermedio a las opiniones de su presentador. Durante estos 20 años, el espacio ha construido una maquinaria televisiva en la que el humor convive con el reporterismo, la investigación, las entrevistas y las denuncias sociales. Una fórmula sostenida por un equipo en el que han destacado Sandra Sabatés, Thais Villas, Dani Mateo, Andrea Ropero, Cristina Gallego y el propio Gonzo.

El resultado ha sido uno de los formatos más longevos de la televisión y uno de los grandes símbolos de laSexta. Un programa que ha envejecido junto a sus espectadores, que ha atravesado distintas etapas de audiencia y que ha conseguido algo especialmente difícil en televisión: seguir siendo reconocible después de dos décadas.

En aquella entrevista de septiembre de 2025, Wyoming llegó a describir El Intermedio como “la puta aldea de Astérix en la programación”. Era su manera de explicar la singularidad que atribuía al espacio en una televisión con la que no siempre se sentía identificado.

El Gran Wyoming

El Gran Wyoming, con Sandra Sabatés.EL MUNDO

Hay algo especialmente revelador en las razones que Wyoming ha ido dando para explicar su relación con el trabajo. Pocas figuras televisivas han bromeado tanto con la pereza, las vacaciones, el dinero y las ganas de no hacer nada. Y pocas han mantenido una presencia tan constante en pantalla durante tanto tiempo.

Cuando aceptó presentar El Intermedio, puso condiciones. No quería enfrentarse a la disciplina de un programa diario. Exigió vacaciones, una jornada de lunes a jueves y unas condiciones que le permitieran seguir teniendo vida fuera de la televisión. Lo que no imaginaba era que aquel trabajo acabaría ocupando 20 años de su existencia.

Antes de la pandemia, decidió que ya era suficiente. Pero el confinamiento alteró sus planes. Empezó a hacer deporte, modificó sus hábitos y descubrió una forma de vida distinta.

Thais Villas lo contó con especial cariño en Salvados. El hombre que se burlaba de quienes hacían ejercicio y repetía que “del deporte también se sale” comenzó a cuidarse. Dejó de salir tanto, redujo sus conciertos y empezó a encontrarse mejor.

“Acabó la pandemia, retomamos el programa y este señor era una persona nueva”, recordó la reportera. Ella misma le había pedido que, al menos, aguantara hasta los 20 años de El Intermedio. “¿Qué mierda de número es el 19?”, le había dicho. Y Wyoming cumplió.

El pasado abril, El Intermedio celebró sus dos décadas de vida con una gran fiesta en el Florida Retiro de Madrid. Hubo invitados, políticos, música, recuerdos y una audiencia que respondió a la celebración. Cuando Iñaki Gabilondo le preguntó qué habían supuesto aquellos años, el presentador respondió con una de esas frases que resumen perfectamente su personaje: “20 años de vacaciones pagadas”.

Era una broma, por supuesto. Pero también una manera de quitar importancia a una trayectoria que muy pocos profesionales pueden igualar.

Wyoming quería jubilarse mientras todavía tuviera salud y recursos para disfrutar de la vida. No quería esperar a no poder hacerlo. Quería viajar, tocar la guitarra, leer y dedicar su tiempo a aquello que le apeteciera.

No parece, por tanto, una decisión improvisada ni el resultado de un conflicto. Más bien la culminación de un deseo que llevaba años expresando: dejar de trabajar cuando todavía pudiera disfrutar de no hacerlo.

Porque Wyoming nunca ha sido exclusivamente un presentador. Ha sido músico, actor, escritor, humorista y un personaje público que ha trasladado su manera de entender el mundo a prácticamente todo lo que ha hecho.

Ha participado en películas como El día de la bestia, de Álex de la Iglesia, y Torrente, el brazo tonto de la ley, de Santiago Segura. Ha escrito libros, ha recorrido escenarios con su música y ha hecho de la provocación una forma de expresión que no siempre ha buscado agradar.

Su figura también permite entender una época del entretenimiento español en la que los humoristas comenzaron a ocupar espacios tradicionalmente reservados a los periodistas. Una televisión que dejó de limitarse a contar lo que sucedía y empezó a cuestionarlo, ridiculizarlo y convertirlo en espectáculo.

Con Wyoming, el humor político dejó de ser únicamente un género ocasional para convertirse en una cita cotidiana. Eso no significa que inventara la sátira televisiva ni que fuera el único en practicarla. Pero sí que ha sido uno de sus grandes impulsores y uno de los pocos capaces de sostenerla durante décadas.

Su jubilación abre ahora una pregunta que va más allá de quién se sentará en su silla. ¿Puede El Intermedio seguir siendo El Intermedio sin Wyoming?

Gonzo conoce perfectamente el programa. Fue uno de sus reporteros más reconocibles y, desde 2019, ha consolidado su trayectoria como presentador de Salvados. Su perfil, sin embargo, es muy distinto. Es periodista, entrevistador, reportero. No es un cómico ni pretende serlo. Su llegada supone una apuesta por la continuidad, pero también plantea inevitablemente una transformación de la personalidad del espacio.

La retirada de Wyoming no significa necesariamente que desaparezca de la vida pública o que nunca vuelva a pisar un escenario. Significa algo mucho más concreto y, para la televisión, mucho más trascendente: que dejará de estar cada noche frente a la cámara.

Durante 20 años, millones de españoles han podido estar de acuerdo con él, indignarse con sus comentarios, reírse de sus bromas o cambiar de canal para no escucharlo. Esa capacidad de provocar reacciones también forma parte de su legado.

En abril, durante la celebración del aniversario de El Intermedio, Wyoming bromeó con seguir contando la verdad durante otros 20 años. Siete meses después, ha decidido que serán otros quienes lo hagan.

Quizá sea la única vez en su carrera en la que El Gran Wyoming ha preferido tomarse completamente en serio una de sus bromas favoritas: la de dejar de trabajar.

Source – Televisión // elmundo