Los editores europeos, ante la amenaza de la IA: “El detector de fraudes nos ha puesto en evidencia”

Lo había advertido minutos antes Gonçalo M. Tavares (Luanda, Angola, 1970), reconocido con el Premio Formentor 2026: “La inteligencia artificial puede convertirnos en tetrapléjicos intelectuales”.

En la rueda de prensa que servía de preámbulo a las Conversaciones Literarias, que se enmarcan en el programa de actividades del premio y se celebran en el Hotel Four Seasons de Mallorca hasta el miércoles, el escritor portugués recordó que antes de la preocupación actual en torno a la IA “ya se estaban amartillando los cerebros”. Por tanto, este momento de incertidumbre “es el último paso de un trayecto destructor”.

Dos casos recientes han puesto en alerta al mundo de la edición: la exclusión del escritor haitiano-canadiense Thelyson Orelien de la lista de 16 candidatos al prestigioso Premio Goncourt y la victoria presuntamente fraudulenta de David Silva Rojas en el Premio Internacional de Novela Breve Almadía Ventosa-Arrufat. Ambos habrían utilizado la IA para escribir sus novelas, que superaron la criba de jurados literarios especializados.

“Es mucho más grave de lo que imaginé”, dijo este lunes Joaquín Palau, director de Arpa Editorial, uno de los 28 ponentes –editores, sobre todo, pero también agentes literarios– que intervinieron en la primera sesión del II Coloquio de Editores Europeos –el primero se celebró en la pasada edición del Premio Formentor, en Aranjuez–, conducido por Sergio Vila-Sanjuán y presentado por Berna González Harbour, ambos escritores y periodistas.

“Hasta ahora, el único delito era el plagio; ahora nos enfrentamos a los tramposos. Está en nuestras manos saber filtrar, juzgar y decidir”, añadió Palau. Piero Salabe, editor de ficción de Hanser, editorial alemana, se pregunta si el sector acabará incorporando censores, mientras que Nicole Witt, directora de la agencia literaria Mertin Witt, también alemana, apuesta por “la educación de un público que sepa diferenciar entre un texto original y uno generado por una máquina”.

Berna González Harbour y Sergio Vila-San Juan, presentadora y moderador del II Coloquio de editores europeos en las Conversaciones Literarias de Formentor.

Berna González Harbour y Sergio Vila-San Juan, presentadora y moderador del II Coloquio de editores europeos en las Conversaciones Literarias de Formentor. Cati Cladera

Pero ¿cómo llegar a este ideal si no alcanzan a distinguirlo los especialistas en la materia?, se preguntaba Elena Martínez. La editora de Alianza y Cátedra sospecha de las burlas que hemos escuchado en las últimas semanas entre los distintos estratos del mundo literario acerca de “los comentarios elogiosos” de los editores que reconocieron las novelas de Orelien y Silva Rojas. “Puede resultar cómico, pero podríamos estar infravalorando lo que puede ocurrir en un futuro”, dijo Martínez.

Gustavo Guerrero, editor de Gallimard, se comprometió a someter todos los manuscritos publicables en su sello a Pangram, la herramienta utilizada por El País que ha servido para demostrar que Rojas, supuestamente, se sirvió de la inteligencia artificial para confeccionar su novela. A propósito, Miguel Aguilar, director literario de Debate, Taurus y Random House, echó mano del sarcasmo para interpelar, a este respecto, a los medios de comunicación, a los que invita a “hacer pruebas internas para detectar el uso de IA en los artículos que publican”.

En todo caso, “es la tecnología la que nos ha permitido reconocer la trampa”, apuntó con tino Guerrero, que reivindicó sin ambages “la máquina como herramienta de detección”, en tanto que “ofrece porcentajes basados en análisis de metadatos”. Sea como fuere, “el detector de fraudes nos ha puesto en evidencia”, resolvió Juan Cerezo, editor de Tusquets, que, alineado con su homólogo en Gallimard, instó a sus colegas a “comprometerse con este instrumento, además de defender la autenticidad del oficio editorial”.

Y es que, más allá del impacto de la IA, “nos hemos vuelto un poco maquinales en el proceso”, señaló Clara Capitão. La editora de Penguin Random House en Portugal aboga por introducir una reflexión previa respecto a los contenidos, pero también con los modos de operar.

Estos son los desafíos inminentes a los que se enfrenta el sector editorial, subordinado, además, al poder de las grandes compañías tecnológicas, encargadas de amplificar la relevancia de la inteligencia artificial en todos los ámbitos. No fueron pocos los editores que manifestaron su preocupación por el avance de este tipo de empresas. “La IA está controlada por unos cuantos”, recordó Silvia Sesé, editora de Anagrama.

A propósito, las consecuencias económicas se prevén calamitosas para las editoriales. ¿Qué será de la labor de traductores, ilustradores, o de editores incluso, si una máquina puede prácticamente sustituirles? Elena Ramírez, al frente del sello Seix Barral, alertaba de “la pérdida masiva de puestos de trabajo” y reclamaba “legislación y regulación para los creadores”.

La de Ángel Luis Fernández, director de Jot Down, fue una de las intervenciones más combativas en este sentido. Indignado por la “delegación del conocimiento a las tecno-oligarquías”, aseguró que existe “una estrategia de sustituir libros por vídeos”. Por cierto, “el algoritmo de YouTube es más peligroso que el de TikTok”, dijo. Google, propietaria de la plataforma de vídeos, alberga intenciones más perversas, según Fernández, además de que lidera la presencia en las aulas. “Caer en esa trampa es entregar a California la educación de nuestros hijos”, concluyó.

Su discurso entroncaba con uno de los puntos de partida nucleares de este debate: los nefastos resultados que arroja el último informe PISA. La comprensión lectora de los estudiantes de 15 años se ha despeñado debido al impacto que tienen las pantallas en su vida cotidiana.

Editores y agentes literarios en el II Coloquio de editores europeos en las Conversaciones Literarias de Formentor.

Editores y agentes literarios en el II Coloquio de editores europeos en las Conversaciones Literarias de Formentor. Cati Cladera

Guerrero, de Gallimard, lamenta la ruptura del “diálogo cultural entre generaciones”. Por su parte, Gianluca Foglia lamenta que “el libro ya no es más necesario que el resto de ofertas”. El director general del Grupo Editorial Feltrinelli (Italia) interpela, a propósito, a las escuelas y universidades, mientras que Fernando Vallespín, director de Revista de Occidente, apela a la necesidad de descubrir a los jóvenes “el placer que produce la lectura”.

Sin embargo, “hay una tendencia a subestimar a los jóvenes”, tercia María Fasce. La directora literaria de Alfaguara, Lumen y Reservoir Books no cree que el problema sea que no lean; lo que le preocupa es que “la lectura en pantalla daña su capacidad de comprensión”.

Una reflexión de Martínez, la editora de Alianza y Cátedra, servía para amalgamar las dos grandes cuestiones abordadas en el coloquio: la intromisión de la IA en el sector editorial y el peligro de perder la conexión con las nuevas generaciones. “Me preocupa que el ecosistema actual no seduzca a los jóvenes”, deslizó. O sea, si levantar un libro cuesta tanto trabajo y la inteligencia artificial puede hacerlo con un par de órdenes, ¿realmente les merece la pena?

Ante el decaimiento generalizado, el filósofo Jorge Freire pretendió levantar el ánimo en el tramo final: “Parece el crepúsculo de la autoestima colectiva”, dijo divertido. Y abogó por “perder el miedo”. Pero no era el cierre del coloquio.

Basilio Baltasar, director de la Fundación Formentor y presidente del jurado del premio, se disculpó por ser “tan apocalíptico”, pero no podía evitar pensar que “la inteligencia artificial es la encarnación del demonio”. La reacción del respetable fue hilarante, claro, pero en la sonrisa de muchos se adivinaba un poso de amargura, la sensación de un mal augurio.

Source – Elespanol