Javier Cámara protagoniza ‘Verborrea’: “Mi forma de estar en el teatro es en cuerpo y alma, abierto ante el abismo”

Fue Diego San José, creador de Vota Juan, quien en 2019 presentó al protagonista de la serie, Javier Cámara (Albelda de Iregua, La Rioja, 1967), a Pablo Remón (Madrid, 1977). “Voy a hacer que sea imposible que te niegues a dirigir porque te voy a traer al mejor guionista que hay en España”, le dijo San José al actor para animarle a ponerse detrás del objetivo en un episodio de Vamos Juan y un año después en otro de Venga Juan. Cámara no lo podía saber entonces, pero aquello de no poder negarse se acabaría convirtiendo en una buena costumbre.

Desde entonces, si el que llama es Remón, el actor siempre contesta. Lo hizo en 2022 cuando el dramaturgo y director de escena le propuso volver a los escenarios con Los farsantes, tras más de diez años sin hacer teatro, y repitió en 2024 con la inolvidable Vania x Vania. Un tour de force en el que el autor de Barbados, etcétera nos regalaba dos versiones muy diferentes de la obra de Antón Chéjov.

“Aquello fue un viaje muy bonito”, recuerda Cámara. “Un viajazo”, coincide Remón ahora que ambos se vuelven a juntar para dar forma a su último proyecto escénico, Verborrea, del 1 de octubre al 1 de noviembre en Nave 10.

Ya desde el principio, en aquellos capítulos de Vota Juan, se asentaron las bases de cómo trabajarían después en teatro. “Yo hablo mucho el texto con los actores. Lo escribo yo, pero lo trabajamos en caliente, siempre estoy muy pendiente de cómo lo reciben ellos, qué les funciona y qué no. Todo influye en todo, no hay una jerarquía donde el texto gobierna, por así decirlo, sino que todo va de la mano para que sea orgánico”, explica Remón.

Aquella manera de trabajar sedujo a Cámara. “Es algo muy distinto a lo que haces cuando sales de una escuela de arte dramático y tienes una idea más metódica”, dice el actor que se formó en la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid y debutó a principios de los 90 con El caballero de Olmedo, de la mano del director escénico Miguel Narros.

“¿Hasta qué punto identificarse con algo en extremo no es una esclavitud? La capacidad de cambiar es más valiosa”. Pablo Remón

“A mí me gusta muchísimo que me muevan los andamios. Es decir, en enero cumplo 60 años y lo que quiero es que no sea siempre todo igual. Aparte de la exposición que requiere el teatro, la forma física, mental o emocional de enfrentarte a un público, me encanta que el proceso sea distinto al que supuestamente ha sido durante mucho tiempo, que es llegar, hacer tu texto, no cambiar nada y decir corten”, comparte.

“Estas tres obras que he hecho con Pablo han sido así. Eso me ha enriquecido. Ostras, qué gusto que haya un autor que vaya incorporando lo que propones y que la obra se vaya yendo por otro lugar”, alaba el popular actor, a pesar de que eso suponga cambiar un texto que ya había memorizado. “Me encanta así. Hace 20 años me cagaría de miedo. De hecho, en Los farsantes ya lo hice un poco y en Vania mucho. Pero da igual, esa es la forma en la que uno tiene que estar en el teatro, en cuerpo y alma, abierto y ante el abismo. Y Pablo te pone en ese lugar”.

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A estas alturas, uno se habrá dado cuenta de que lo de Remón son las versiones y las variantes (Barbados, etcétera y Barbados en 2022, Vania x Vania…). En Verborrea explora al máximo esta pequeña obsesión. “Tras El entusiasmo estuve dándole vueltas a cómo seguir. Quería volver a trabajar con Javi, Israel Elejalde, Marta Nieto y Emilio Tomé y, a partir de ellos, casi andaba buscando otra manera de escribir. Entonces, me apareció enseguida esta idea”, asegura. “La obra está muy compuesta de monólogos, intervenidos a veces, en los que aparecen escenas donde hay mucha gente contando y contando y contando, no vemos en directo lo que está sucediendo, sino mediado por el recuerdo, que siempre es una ficción. Ellos son eso, voces”.

De ahí surgió esa estructura sobre una cinta de casete que, casi a modo de falso documental, y a partir del testimonio de sus protagonistas, nos cuenta el auge y caída de un grupo de música punk, llamado también Verborrea, liderado por Segismundo (Israel Elejalde).

En la cara A, su hermano mayor Kike (Cámara), el mánager de la banda, toma la palabra. En la cara B, los otros dos miembros del grupo, interpretados por Emilio Tomé y Marta Nieto, cuentan su versión. “Es hasta cierto punto una crónica. Son dos partes que se complementan, a veces se contradicen, pero dialogan entre sí. La cinta de casete es una continuidad, pero también una cierta ruptura”.

A Cámara le sienta bien este papel. Como el gran actor que es, él es también, como su personaje, un gran contador de historias, hasta el punto de que, a veces, al hablar de la obra, es difícil separar la realidad de la ficción. “Yo cuando tengo un texto bueno lo cuento. Por mí mismo no te creas que soy un buen narrador –refuta–. A veces me sale bien y a veces, muchas veces, me sale como el culo. Mi red de protección es alguien que te esté mirando desde la grada, que te esté dirigiendo, tener un texto fantástico y unos compañeros maravillosos. Eso ya lo sé hace muchos años, tú no te salvas ni vendes nada solito”. En cuanto a Kike, añade, “es alguien que cuenta su historia recordándola, está intentando contarle a alguien que venimos de un lugar muy épico, que su hermano era un artista impresionante, que no fue fácil, pero fue mágico”.

Pablo Remón en el escenario de la Nave 10 de Matadero.

Pablo Remón en el escenario de la Nave 10 de Matadero. Cristina Villarino

En Verborrea, por tanto, prevalece la narración sobre la escena de acción. “Quería reducir el peso de la imagen y reivindicar el de la palabra, sobre todo en este momento”, dice Remón. “Me di cuenta de que la obra tenía que ser muy española, algo que solo pudiera suceder aquí, una cosa incluso muy costumbrista, pero dándole un hálito poético que me hacía conectar con nuestra literatura más antigua, con una novela picaresca como el Lazarillo o el Quijote”.

A partir de estos parlamentos, con un escenario diáfano en el que vemos el menor número de elementos posibles –un casete, una guitarra, los intérpretes en todo momento en escena–, Remón reconstruye esta historia que trata también sobre la pérdida de la juventud. “Vivíamos, dice el personaje de Kike, en el Valle de los Caídos, en un poblado, en un camping que estaba ahí, vivíamos a la sombra de esa cruz, vivíamos con un padre franquista. La sombra de todo eso puede venir después, pero entonces, para ellos, era un paraíso porque eran jóvenes y estaban libres en una especie de paraje maravilloso –cuenta el dramaturgo–. Y creo que en la ficción lo que hay que buscar son esos lugares donde existe ese tipo de contradicción”.

“A mí me gusta que me muevan los andamios. En enero cumplo 60 años y no quiero que todo sea siempre igual”. Javier Cámara

Ambientada en la década de los 80, coincidiendo con el despunte del punk en nuestro país, Remón se sirve de este movimiento contracultural para dar forma a la rabia y al nihilismo del protagonista, que ha crecido bajo la figura violenta de un padre tradicional y autoritario. “Pensaba en grupos como Reincidentes, La Polla Records, Eskorbuto”.

También aparece Extremoduro. “Es un grupo que empezó igual, más o menos, pero luego se fue hacia otro lugar completamente distinto y, de hecho, tuvo otro tipo de público absolutamente diferente. Me resultaba muy interesante ese movimiento porque ¿hasta qué punto identificarte en exceso con algo no es una esclavitud? Estamos en un momento donde la identidad está absolutamente sobrevalorada. Hay demasiada identificación con todo. Y lo interesante aparece muchas veces cuando uno transita esas identidades. Nuestra capacidad de cambiar y de dudar de nosotros mismos es, probablemente, lo más valioso que tenemos”.

Javier Cámara en Matadero Madrid.

Javier Cámara en Matadero Madrid. Cristina Villarino

De generaciones distintas –Remón es del 77 y Cámara del 67–, ambos comparten que no vivieron mucho de primera mano el auge de aquel movimiento en nuestro país. “A mí el punk no me gustaba –confiesa el actor–. Vi a Barricada en un concierto, pero era una música con la que yo no conectaba tanto. Entonces había un gran movimiento en La Rioja con la influencia del País Vasco, pero yo era más de pop. Luego me puse a pinchar en la discoteca del pueblo –“¿Ah, sí?”, se sorprende divertido Remón–. Sí. Yo era más de lo que venía de Inglaterra en ese momento, grupos como Simple Minds o Tears for Fears. Y luego me fascinaba Golpes Bajos. Los sigo escuchando hoy, cuando voy solo en el coche, porque me ponen en un lugar donde soy muy yo. A mí los olores y la música me llevan a un lugar… ¿No os pasa que a veces os vienen unos sabores como a chicle, que es un chicle que probaste hace muchos años, pero no sabes a qué te recuerda?”, pregunta.

“Igual es porque los actores andamos siempre más conectados con esas cosas. Lo que sí puedo contarte es que la primera vez que escuché el Still Loving You de Scorpions en los ensayos, me emocioné. Me llevó a mis 17 años”.

“Javi es muy valiente. No tiene nada que demostrar, pero ha elegido estos tres proyectos. Me siento un privilegiado”. Pablo Remón

“La música tiene una capacidad absolutamente directa para llevarte a una emoción –coincide Remón–. Aunque en esta obra no hay un exceso de música punki de esa época. Hay otro tipo de músicas, porque también la idea era luchar contra el concepto de pureza. Pero nunca fueron grupos que haya escuchado demasiado ni que me marcaran… Yo escuchaba música de esa época anglosajona, un tipo de punk que tenía más ironía y más distancia. Lo que me ocurre con el punk español es que para mí era demasiado directo, demasiado falto de ironía y de humor. Era la rabia, ¿no? Salvo grupos como Siniestro Total o Albert Pla, que ya tenían otro mundo”.

Verborrea es además el viaje entre dos hermanos, Kike y Segis, Cámara y Elejalde, que se vuelven a encontrar después de Vania x Vania. “Yo es que no he tenido nunca un hermano. He tenido hermanas y eran mayores –dice el actor–. Entonces, el juego de tener uno y de que me pasen tantas cosas en el teatro me gusta. Me encanta esta relación porque lo pongo en un lugar donde quiero que la gente lo admire. Y luego la presencia que tiene Israel en el teatro. Me parece un actor sobrenatural con una presencia, una voz y un talento increíble. Me apetece mucho reivindicarle aquí”.

No es el caso de Remón, que sí que tiene un hermano, Daniel Remón, con el que además comparte profesión, pues ambos son dramaturgos y guionistas. “Es que uno escribe lo que puede. Entonces muchas veces sí hay algo en ese territorio fraternal que nunca es autobiográfico, pero sí es algo que conozco y que me ha marcado mucho”, reconoce.

No en vano, comenta Cámara, “hay ciertas cosas que no he hablado con él, pero las digo pensando exclusivamente en Pablo. Son cuatro o cinco cosas que están en la función que me emocionan y yo sé que son absolutamente personales y de verdad. Quiero decir, a mí me sirve imaginarme que esto a Pablo le apetece decirlo. Así que lo digo desde el corazón más profundo porque sé que es su esencia, es él”.

De izquierda a derecha, Marta Nieto, Israel Elejalde y Pablo Remón. Detrás, Javier Cámara y Emilio Tomé.

De izquierda a derecha, Marta Nieto, Israel Elejalde y Pablo Remón. Detrás, Javier Cámara y Emilio Tomé. Cristina Villarino

“Yo todo lo que escribo, aunque sea esto, es sobre un mundo muy alejado de mí –añade Remón–. Tanto todo esto del Valle de los Caídos, del camping, como lo del punk, absolutamente. Pero el corazón de lo que hago, por lo menos en la forma que yo entiendo la escritura, tiene que ser personal. Para que ellos vayan a esos lugares, tiene que haber un primer gesto mío”.

“Los que escribís o los que hacéis canciones nos permitís ser un eslabón emocional en la cadena de conexión frente al público poniendo lo que se ha escrito en nuestra boca –opina por su parte el intérprete–. Se nota cuando algo viene del corazón. Lo sabes. No solamente la literatura que hay en el texto de Pablo, sino que hay cosas muy concretas que tú dices: ah, no, esto duele. Ha habido varios momentos en los ensayos en los que algunas escenas he necesitado hacerlas varias veces para no llorar”.

Fuera del escenario, a los dos les esperan otros proyectos. Cámara acaba de estrenar en el Festival de San Sebastián 5 minutos más, una película de Javier Ruiz Caldera con guion de Berto Romero, junto a Belén Cuesta. Remón, por su parte, vuelve a trabajar con los hermanos Sánchez-Cabezudo (Nos vemos en otra vida) en Matar a un oso, serie que se presentará en la Seminci de Valladolid.

“Mi forma de estar en el teatro es en cuerpo y alma, abierto y ante el abismo. Y Pablo te pone en ese lugar”. Javier Cámara

“Yo no sabría decir qué es lo que me gusta más de mi profesión –señala el actor de Hable con ella–. Es que me lo he pasado muy bien en muchos sitios y lo he pasado mal también haciendo teatro. He salido del escenario a veces llorando. Claro, eso me pasó cuando tenía 23 años, que todo te lo llevabas a un lugar mucho más puro, según tú. Desde la madurez me acuerdo de aquella frase que decía David Mamet en Una profesión de putas, hacer teatro es tan difícil como pasar de un extremo a otro entre las Torres Gemelas con un cable. A veces no es ese abismo, pero es algo que te impone demasiado. Yo me despierto varias veces durante la noche recordando el texto o pensando que salgo al escenario”.

“Bueno, yo ahí quiero decir que Javi es muy valiente también –interrumpe el dramaturgo–. No tiene absolutamente nada que demostrar, con su trayectoria, ha ganado todos los premios, y ha elegido estos tres proyectos para volver al teatro. Es, y lo he pensado varias veces, un gesto muy marcado de decir quiero ponerme ahí delante del toro. Me siento muy privilegiado de que haya hecho este viaje conmigo”.

“Me hace gracia porque tú dices esto y te juro que siempre pienso que hablas de otro”, le responde el actor. “Hay una parte de cuando uno empieza a estudiar teatro y empieza a pensar que una vez se subirá a un escenario y que tendrá que manejar sus nervios, sus ritmos, su cuerpo, que la tengo vivísima. Es como si acabara de empezar. O sea, hay gente que lleva en el teatro cuarenta años, y yo llevo cuarenta años, pero haciendo muchas otras cosas y poco teatro. Tengo las ganas de siempre y cierta experiencia, pero aquí eso no sirve para nada”.

Y ante la inminente fecha del estreno, añade: “Necesito ya al público, que es la levadura, porque esta es una función narrada y se la vamos a contar a ellos. Y te cuento una tontería: yo en Vania no llevaba lentillas porque estábamos demasiado cerca”, confiesa el actor. “Eran cuatro horas de espectáculo y no lo narrábamos al espectador, pero Pablo nos decía que teníamos que mirarles y a mí me daba tanto miedo que salía sin nada, viendo solo sombras. Hasta que, a los dos meses, salí con ellas, y Marta Nieto me dijo: hemos conectado muy bien hoy”, concluye entre risas.

“¿Y ahora?”. Es la última pregunta. “Ahora –dice– iré con lentillas. En Verborrea hay que mirar a la gente”.

Source – Elespanol