El centro del mundo no está tan mal

El lugar común dice que estos días Oviedo es el centro del mundo. Y pasan tantas cosas en el centro del mundo. Aquí puedes ver a Julian Barnes catando chorizo asturiano en el Fontán, después de hablar sobre ‘La Regenta’, y a una astronauta –Christina … Koch– haciendo surf en Cadavedo, elogiando sus olas: «Son perfectas». En el tradicional almuerzo de los premiados, en el Hotel Reconquista, las grandes mentes de nuestro mundo hacen cola para que les sirvan un plato de fabada, vueltos carne otra vez, vueltos hambre. Este año alguien se equivocó y quemó el arroz con leche con sal en vez de con azúcar, aunque no todos lo sufrieron: «A mí me supo a arroz con nata, la verdad». ¿Y si ha nacido un nuevo postre? A María Pagés la confundieron con Patti Smith, por motivos de peluquería. La recibieron con los brazos abiertos, diciendo: ‘you are the best’, ‘you are the best’. Y en los corros se habló más de esto que de las elecciones, el futuro de Occidente y la inteligencia artificial general: no todo está perdido.
Messi no estuvo en la comida ni habló en la gala, pero no le hizo falta: quedó muy claro que las muchedumbres del fútbol superan a las demás muchedumbres. En uno de sus actos, le tocó la mano a un hombre, o se la rozó, y este casi se desmaya. «Es como si fuera el Papa», soltó una mujer. Y otro se tatuó su autógrafo en el brazo. Pero es que a Messi ya lo han comparado con Dios, quizá por su mutismo. «Dicen que duerme cuatro horas de siesta». Qué buena religión.
Kenichi Yoda, presidente del Studio Ghibli, llegó con sus Totoros al Teatro Campoamor, y antes los paseó por toda la ciudad, aunque en la cena del jueves descubrió que aquí hay más furor por ‘Heidi’ y por ‘Marco’: en el restaurante cantaron sus canciones a coro y él se quedó con la misma cara que un español cuando descubre que en Serbia se saben las banda sonora completa de ‘Los Serrano’.
El día despejó para el paseo, y en la orilla del Reconquista la gente quería ver, sentir, notar, vivir, el rollo de siempre. «Vamos, Messi, salí de una vez». «No nos vamos a mover de aquí». «Yo no veo nada». Corearon su nombre, pero no el de Shankar Balasubramanian: la vida no es tan maravillosa.
En la plaza de la Escandalera, enfrente del Campoamor, había acampada por la vivienda, que en asturiano suena mucho mejor: «La vivienda ye un derechu». Como siempre, sonaron muy alto las gaitas, y el premio de las Letras no fue para los cartelistas, sino para Julian Barnes, el primero en hablar. En su discurso invocó una verdad antigua: la de que en las artes no existe el progreso, sino la tradición, o sea, la conversación.
Barnes, el británico más francés, empezó citando a Renoir: «Cuando miras a Velázquez te das cuenta de que todo ya está dicho». Y siguió con Voltaire y Flaubert, aunque se detuvo más en ‘El Quijote’, pues antes que nada es un señor muy educado. Fue breve, y todo lo que dijo fue para llegar a esta imagen: «Ya no pienso que las artes sean progresivas y que cada evolución mejore la precedente. Prefiero pensar que todos estamos sentados a una enorme mesa redonda, quizás en una venta manchega, hablando entre nosotros de nuestro trabajo en el curso de los siglos: imagino que Renoir le pregunta a Velázquez cómo demonios pintó sus cuadros, que Voltaire rectifica el desdén que profesaba antaño a Shakespeare…» Ana I. Fernández, presidenta de la fundación, citó a Meryl Streep para reafirmar lo mismo: «En el Campoamor se escucha el eco de las voces de muchos de nuestros héroes del siglo XX y de este joven siglo nuestro».
Timothy Garton Ash, que se pasó la semana en silencio por una faringitis, tomó toda la voz que le quedaba en el cuerpo para decirle a la Princesa (se dirigió a ella, como un maestro) que el progreso ya no existe, así, en general: «Todo lo conseguido desde 1945 se encuentra hoy amenazado en su propia existencia». Después de pintar un panorama para irse a Marte con Christina Koch, dijo que teníamos que tomar ejemplo del tiquitaca para salvar Europa: «Seríamos imbatibles».
Garton Ash le recordó a Doña Leonor que la primera princesa con su título fue Catalina de Lancaster, por lo que el Brexit no tenía sentido: es un jugón de la argumentación. La Princesa habló de María Zambrano y de la esperanza, y le dijo que él era el británico más europeo…
Desde 2019, Christina Koch ha dado cinco mil vueltas a la Tierra en la misión Artemis II, y esto, por lo visto, te cambia la percepción del planeta. Se llama ‘overview effect’: dejas de creer en fronteras, en divisiones políticas, religiosas o étnicas, y solo ves un todo. No fue raro que se pusiera a hablar así: «Quiero que el mundo entero acepte conmigo este premio. Por haber acogido esta misión en sus corazones y haber permitido que los uniese. Por creer que todos los seres humanos compartimos la misma esencia: la necesidad de sentir amor». Patti Smith, que llegó feliz y grabando el día con su móvil, también se puso ecuménica: «Confío en que los demás galardonados me permitan hablar en su nombre, pues siento que estamos unidos». Luego cantó, siguiendo la tradición de Serrat. Y cantando ‘Wing’ no se parecía en nada a María Pagés.
En fin: si Oviedo es el centro del mundo, entonces el mundo no está tan mal.
Source – ABC News

