Crítica de ‘Arriba Tutto’ (****): Una melodramática, romántica y muy divertida fábula sobre seres muy humanos

Oti Rodríguez Marchante

22/10/2026

Actualizado a las 19:43h.

Todos conocemos el talento y la inteligencia de José Mota para convertir en un polvorín de risas una simple palabra, frase o situación (‘hoy no, mañaaana’, ‘y si sí’, ‘un tío con una vara’, ‘un personaje cansino’…), pero es inédita y deslumbrante su capacidad para, sin perder esa esencia, o sea, la mucha gracia, construir también melodrama, fábula, poesía, amor y humor empapado de ternura y humanidad. José Mota se estrena como director con ‘Arriba Tutto’, una historia propia, íntima, también coproducida, coescrita y protagonizada por él y que tiene, además de mucho corazón dentro, un gran acabado visual y una notable imaginación y creatividad narrativa.

Lo que cuenta José Mota tiene ‘trazas’, recuerdos, aromas del cine de Roberto Benigni, del Giuseppe Tornatore de ‘Cinema Paradiso’, también se aprecia una película cervantina, chaplinesca y, en fin, una pieza cargada de un mensaje tan revolucionario y a contrapelo como que una nariz de payaso es la mejor barricada contra un carro de combate: su antibelicismo no es de pancarta ni de partido, es natural, sensato, generoso. Y trata de un modo magnífico la mejor y mágica relación paternofilial, y en dos tiempos separados, entre un hombre y su hijo, tanto cuando está presente y él es un niño, como luego, pasados los años, y es un hombre que tiene que encontrarse con aquel niño que fue.

La primera secuencia es bélica, y un grupo estrafalario de hombres disfrazados de Quijote, los Hermanos Marx, Charlot, el Gordo y el Flaco… es perseguido a balazos por una partida de nazis, surrealismo puro que se resuelve con un magnífico flashback y un ‘arriba tutto’ que nos sitúa décadas antes y con un niño, Michi, que trabaja con su padre en un circo ambulante. El tramo argumental entre el niño Pablo Cabello y el padre Karra Elejalde es un monumento a la ilusión, a la felicidad, la libertad, el aprendizaje, el romanticismo y la fascinación del cine. El personaje de Karra Elejalde, magnífico, maravilloso, lleno de dulzor y magisterio, está interpretado con tanta carga emocional y sentimiento que la película queda empapada de él hasta su último plano.

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El presente, digamos, de la película transcurre en tiempo de guerra civil, y hay que advertir para los ya saciados de ella en el cine que la mirada de José Mota es fresca, nueva (quizá suavemente berlanguiana), sin uñas y tan dramática como brutalmente divertida, con hallazgos como ‘el italiano inventao’ que produce en la pantalla momentos antológicos y algún torrente de risas y emociones. José Mota se encarga de interpretar al Michi adulto, un hombre desenchufado de sí mismo y de la buena influencia paterna. Es un trabajo actoral sobresaliente, en el que aparece y desaparece el humorista, juega con la doble y triple personalidad de ese tipo amargado, egoísta, el niño ingenuo que es y sus disfraces de soldado, quijote, italiano ‘cantinflas’ y hombre de cine y teatro. Magnífico trabajo de Mota detrás y delante de la cámara, acompañado por las interpretaciones muy a tono de Diego Anido, Aimar Vega, Olivia Molina y un largo y excelente elenco, en el que brillan con encanto los niños Pablo Cabello y Mila Borrás.

Un capítulo aparte merece el uso naíf y en cierto modo prodigioso que hace la película o José Mota del cuento de los Hermanos Grimm ‘Los tres pelos de oro del diablo’ y de la quimera histórica que implica a Hitler, incluso a Franco, con la evolución dramática y romántica del relato, que, con formidable sentido lírico, mágico (también trágico) y humorístico resuelve el director sin miedo a la exuberancia sentimental, en un tono que le da vida y color al cuento.

Source – ABC News