«Decir no es la mejor forma de cuidarte»: Eva Matsa pide enseñar a los niños a poner límites
Decir ‘no’ también es una forma de cuidarse. Y aprender a hacerlo desde la infancia puede convertirse en una herramienta fundamental para que los niños conozcan sus propios límites, expresen lo que sienten y aprendan a relacionarse con los demás desde el respeto. Esta … es una de las ideas que defiende Eva Matsa, maestra por profesión y vocación, madre de dos niñas y divulgadora en redes sociales, donde comparte consejos y reflexiones sobre maternidad e infancia. Su experiencia acompañando a familias y su propia vivencia como madre la han llevado a poner el foco en una cuestión que, a su juicio, todavía genera muchas dudas: cómo educar a los niños para que respeten a los demás sin enseñarles, al mismo tiempo, a renunciar a sus propios límites. «Vivimos en un mundo en el que parece que los niños dejan de ser personas por el simple hecho de ser personas pequeñas», señala. Por eso decidió escribir ‘Yo también sé decir NO’, un cuento infantil con el que pretende ayudar a los más pequeños a entender que negarse ante aquello que no quieren también forma parte de su cuidado personal. «Decir no es la mejor forma de cuidarse a uno mismo», asegura.
Para Matsa, una de las claves está en revisar la importancia que tradicionalmente se ha concedido a tener hijos obedientes. Aunque reconoce que cada vez son más las familias que quieren cambiar este paradigma, considera que todavía existe una tendencia a valorar demasiado la obediencia como sinónimo de buena educación. «A todos nos gusta la educación, pero prefiero mil veces a un niño incorrectamente crítico que a uno correctamente obediente», afirma. La diferencia, explica, está en que la capacidad crítica acompañará al niño cuando tenga que tomar sus propias decisiones. La obediencia, en cambio, puede llevarle simplemente a seguir «la corriente de lo que toque en cada momento». Educar en el respeto, por tanto, no debería significar conseguir que los hijos acaten todo lo que dicen los adultos, sino ofrecerles herramientas para expresar sus necesidades y aprender a establecer límites.
Pero ¿por qué sigue costando tanto a algunos padres aceptar que un niño diga ‘no’? La divulgadora cree que, en muchos casos, detrás de esa dificultad existe miedo a perder autoridad o el control dentro de casa. «Lo que más me encuentro cuando acompaño a familias son padres con temor a que sus hijos les tomen el pelo o los ninguneen», explica. Su mensaje, sin embargo, va precisamente en la dirección contraria. Que un niño tenga personalidad, tenga las cosas claras y sepa poner límites no debería interpretarse como una amenaza para la autoridad de los padres. «Qué suerte que sus hijos tengan personalidad, las cosas claras y sepan poner límites con amor. Una persona así está preparada para comerse el mundo», sostiene.
Como maestra, Matsa considera que la mejor manera de enseñar a un niño no pasa necesariamente por explicarle constantemente qué debe hacer, sino por convertirse en un modelo. «No soy partidaria de enseñar nada a los niños. Creo que el mundo es un espacio repleto de conocimientos y la mejor forma de mostrar cómo hacer algo es ser el modelo», explica. Así, si un adulto trata al niño con respeto, le pone límites de manera respetuosa y valida sus emociones, el pequeño podrá interiorizar esa forma de relacionarse. Eso no significa que los conflictos desaparezcan. La propia Matsa recuerda que llegará el momento en el que un adolescente pueda gritar, insultar o responder que sus padres «no tienen ni idea de la vida». En esos momentos, considera importante entender que muchas veces se trata de una expresión de frustración y no necesariamente de algo personal.
La otra gran cuestión es diferenciar entre respetar los límites de un niño y ceder ante una rabieta. Para explicarlo, la maestra recurre a un ejemplo que utiliza habitualmente en sus ponencias: «Respetar un límite es poner una línea roja y asegurarnos de que no se cruza». La clave, por tanto, no está en eliminar las normas, sino en mantenerlas de manera coherente. Porque educar desde el respeto no significa dejar que los niños hagan cualquier cosa. «El respeto no es libertinaje», advierte Matsa, que considera que un niño sin límites puede acabar desarrollando problemas relacionados con la autoestima y la inseguridad.
Una infancia que no tenga prisa por crecer
Su mirada sobre la educación también ha cambiado desde que se convirtió en madre. No porque haya modificado su manera de entender cómo educar, sino porque ahora observa de otra forma las dificultades a las que se enfrentan las familias. «Antes pensaba que era un reto tener hijos. Ahora sé que la conciliación es inexistente, que económicamente todos hacemos malabares y que hay familias que realmente necesitan recursos y tribu», reconoce. Precisamente su contacto diario con miles de padres a través de las redes sociales le permite conocer de primera mano las preocupaciones que surgen en cada etapa de la infancia. Cuando los niños son bebés, las dudas giran alrededor del sueño, el llanto o cuestiones relacionadas con sus cuidados. Más adelante llegan las rabietas, los amigos o el aprendizaje de la lectoescritura.
«Los niños deben seguir siendo niños y hay que alejarles de la presión por cuidar su imagen o de determinadas tendencias de los adultos»
Entre todas esas preocupaciones, hay una que especialmente inquieta a Matsa: «La rapidez con la que quieren crecer». Su reivindicación es sencilla: que los niños puedan seguir siendo niños. «Que corran, que se equivoquen, que molesten, que hagan de las suyas», pide, alejándolos de una exposición demasiado temprana a cuestiones que, a su juicio, no les corresponden, como la presión por cuidar su imagen o determinadas tendencias de los adultos. La expresión de las emociones ocupa también un lugar importante en su manera de entender la infancia. Matsa confía en que las nuevas generaciones estén creciendo con mayor libertad para expresar lo que sienten, aunque considera que todavía queda camino por recorrer. «Llorar, reír, asustarse son emociones con las que convivimos y jamás tendrían que ser un problema que florecieran en nosotros», afirma.
La idea de poner límites no termina, además, en la infancia. Es precisamente uno de los puntos de conexión entre ‘Yo también sé decir NO’ y su otro proyecto editorial, ‘Cuando todo cambia’, centrado en el posparto y en la importancia de acompañar a las mujeres durante una etapa marcada por grandes cambios. En este caso, la autora pone el foco en el papel de la pareja, la familia, los amigos y en la necesidad de que las madres puedan sentirse apoyadas. «En él hablo mucho de poner límites, validar y ser asertivo», explica. Dos libros y dos etapas diferentes que parten, en realidad, de una misma idea: aprender a escuchar las propias necesidades y poder expresarlas. En el caso de los niños, enseñarles que decir «no» no es una falta de educación, sino una herramienta para cuidarse. Porque, como resume Matsa, «decir no es la mejor forma de cuidarte».
Source – ABC News


